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PICO MÁGINA (Techo de Jaén) por Mercedes Ruiz

Lunes, 22 de Mayo de 2017

Distancia: 12 km.
Desnivel acumulado:715 m
MIDE.: 2233
Duración: 5h 40 min.
Trazado: semicircular
Coordinadores: Quino Díaz y Manolo Sánchez.
Fotos: Manolo Sánchez, Pepe Morgado y Juan Manuel Suviriz.

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El domingo 14 de mayo un grupo de 14 senderistas de Señal y Camino y un invitado del Club Camino y Jara de Algeciras nos dirigimos al Parque Natural Sierra Mágina para hacer una ruta clásica en nuestro club, el techo de Jaén perteneciente a las ocho cumbres andaluzas. Once de nosotros lo hacemos por primera vez. Sierra Mágina se ubica en la parte central de la provincia jiennense y por su lejanía, es aconsejable la pernoctación el fin de semana. Algunos ya están en el lugar desde la noche anterior; otros salimos el mismo día, a las 6.30 de la mañana desde Dos Hermanas.
A las 7.45, cumpliendo con el horario previsto, llegamos a la venta El Hacho en el km 117,3 de la A-92 para desayunar y cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que estaba cerrada. Esperamos a los demás y decidimos ir a otra venta más adelante. Al bajar del coche noto el frío de la mañana y unos nubarrones amenazan nuestras cabezas. Los pronósticos del tiempo son favorables en la zona de Sierra Mágina y no quiero pensar que no se cumplan.

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En el km. 17,5 de la carretera A-324 que va desde Huelma a Cambil y junto a las instalaciones de CEDEFO (Centro de Defensa Forestal), nos desviamos a la derecha por la pista forestal Cañadas de las Cruces que nos lleva al Cortijo de la Tosquilla. El camino se puede transitar con los turismos, sin embargo algunos tramos bordean los acantilados y toda la precaución es poca. Cerca del cortijo, en una explanada, aparcamos los coches y sacamos el material de los maleteros para iniciar nuestra ruta. Hace fresco, pero un manto azul salpicado de nubes blancas nos anuncia un día espléndido. No necesito el cortavientos, pero lo guardo en la mochila por si me hiciera falta en la cima de la montaña.

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Detrás del cortijo, empezamos a caminar por una pista que va ascendiendo y que luego, se convierte en un sendero. A continuación, un cartel nos advierte que no abandonemos el camino para evitar la erosión del suelo. Cada vez son más numerosos los grupos que hacemos esta ascensión y entendemos estas recomendaciones. A lo largo del sendero, las señalizaciones con paneles y estacas de madera nos permiten orientarnos adecuadamente. A mitad de la subida, nos encontramos una valla que volvemos a cerrar y pronto llegamos a una bifurcación señalizada con un panel. Hacia la izquierda, vamos al Pico Mágina, elegimos ir a la derecha en dirección al refugio Miramundos, a 2´5 kms. Quino, nuestro coordinador, elige acertadamente este trazado para facilitarnos la subida y posteriormente la bajada, cosa que muchos le agradecemos.

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Ascendemos por el Barranco de las Covatillas hasta el Collado del Puerto. Seguimos adelante por la Hoya de los Tejos hasta el Refugio de Miramundos, donde disfrutamos de unas magníficas vistas de la Sierra de Cazorla y de Sierra Nevada. Se ve que han restaurado el refugio que en años anteriores, según me informaron, parecía mucho más abandonado. Sin embargo, al asomarme a su interior, pude ver que han construido una litera de madera a poca distancia del techo. Tuve una sensación claustrofóbica que no me animó a subir para verla. Algunos compañeros dejaron un mensaje en el libro de dedicatorias para dejar constancia que 15 senderistas de Señal y Camino estuvieron en ese lugar el 14 de mayo.

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Una vez visitado el Refugio de Miramundos hacemos una pausa para “fotos y fruta”. Luego, seguimos adelante por la parte más alta, cresteando, buscando el sendero en dirección al Pico Mágina. No todos los tramos están señalizados y nuestro coordinador nos muestra sabiamente el camino a seguir. El grupo empieza a estirarse y hacemos algunas pausas esperando a los rezagados. Dos de nuestros compañeros, sobrados de fuerzas, se entretienen subiendo a un pequeño pico que vamos bordeando. Los más distanciados, al verlos, piensan que se trata del Pico Mágina y los imitan. Mientras los demás, más adelantados, esperamos recuperando fuerzas para “atacar” el verdadero Mágina “En los momentos en que llegamos a la meta y que pensamos que nuestros esfuerzos serán los últimos, aparecen nuevas metas”, eso debieron de pensar algunos compañeros que subieron al falso Mágina. También pensarían otras cosas que nunca sabremos.

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Una vez unificado el grupo, subimos todos juntos buscando el vértice geodésico. Al llegar arriba, un grupo de Granada está haciéndose unas fotos en el monolito. Ni el viento ni la multitud agolpada en tan poco espacio consiguen borrarme la sonrisa a 2167 m de altitud y percibo en las evoluciones de mis compañeros que ese sentimiento es mutuo. Miro a mi alrededor y es curioso que todavía me asombre ver tantas cumbres juntas: al sur, Sierra Nevada y Sierra Arana; al norte, las cumbres del monte Cárceles y, detrás, las poblaciones de Übeda, Baeza, Sabiote, etc.; al este la cumbre de La Morra de Mágina y, al fondo, los montes de Quesada en la Sierra de Cazorla; al oeste la cumbre de Peña de Jaén y del Almadén. Todos posan con sus mejores sonrisas abrazando una piedra donde alguien ha escrito con letra manuscrita: Pico Mágina (2164m). ¡Tres metros no son nada entre tanta belleza!

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Unos minutos más tarde, empezamos la bajada. Pasamos delante de un antiguo pozo de nieve y me detengo a observarlo. Antiguamente, en primavera, con las últimas nevadas, se cortaba la nieve con palas y se transportaba hasta los pozos donde se apisonaba para darle consistencia. Luego, se cubría con ramas y tierra compactada. En verano se llevaba esa nieve a lomos de mulas a los hogares de las poblaciones cercanas. Esta actividad duró desde el siglo XVII hasta mediados del XX que desapareció con la llegada de las cámaras frigoríficas.
Sobre las tres de la tarde, hambrientos, nos paramos a almorzar, resguardados del viento, detrás de unas rocas. Los bombones de Manolo, nuestro coordinador, endulzan los paladares. Observo a mi alrededor las formaciones de roca dura y compacta e imagino cómo la acción de los agentes meteorológicos, durante millones de años, han ido conformando el paisaje kárstico y me parece fascinante.

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Media hora más tarde, seguimos nuestro camino, descendiendo hacia unos antiguos refugios de pastores y corrales de ovejas que han sido reconstruidos por la Red de Voluntariado Ambiental del Parque Natural de Sierra Mágina. La bajada es mucho más fácil y al haber recobrado fuerzas con la comida y el descanso, se nos nota más animados. Seguimos adelante y pronto llegamos a la pista forestal enlazando con el camino que hicimos a la ida.
Finalmente, desde arriba diviso los coches cerca del Cortijo de la Tosquilla, satisfecha de haber disfrutado con esta ruta y con ganas de volver por estas tierras jiennenses que fueron las que vieron nacer a mi padre. Recordando a mi padre y a Antonio Muñoz Molina (no es que mi progenitor tenga algo que ver con el famoso escritor o ¿sí?), me ha venido a la cabeza cierta frase que dice que “la patria del hombre es su infancia”; algo que nuestro ilustre escritor puso en práctica en el Jinete Polaco donde nos habla de MÁGINA como un lugar imaginario. Perdonad la digresión pero yo me entiendo.

CERRO CASCAJARES-PEÑÓN DEL ROBLEDAL por Mercedes Ruiz

Viernes, 10 de Marzo de 2017

Ruta circular y lineal
M.I.D.E.: 2233
Desnivel acumulado: 640 m.
Distancia: 13,30 km.
Tiempo recorrido: 5 h.
Fotos: Pepe Morgado y Pepe López.

El martes 28 de febrero 2017, día de Andalucía, 28 senderistas nos dirigimos al P.N. Sierra de las Nieves para hacer una bonita ruta de media montaña que demuestra que todos somos capaces de coronar cimas aunque sea a un ritmo más lento. Hoy doble estreno: Curro Caro y Ricardo de Ruz hacen su primera ruta como coordinadores y también viene una pareja nueva de senderistas.

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El Cerro Cascajares (1416 m.) o Las Cascajeras (así llamado porque se trata de dos cerros gemelos, uno más alto que otro) está situado en la Sierra Blanca de Igualeja, con el Peñón del Robledal se encuadran en un interesante entorno forestal, geológico y paisajístico. Existe un contraste muy evidente entre las zonas de piedra caliza y matorral donde se ubica el Cerro Cascajares y las zonas más frondosas de bosques, de tierra roja, del Peñón del Robledal, así como las explotaciones mineras a cielo abierto con canteras de mármol y minas de magnetita y peridotita. Asimismo, podemos considerar esta ruta bastante completa porque no solo hacemos deporte y disfrutamos de la naturaleza, sino que también aprendemos de los compañeros más eruditos.

Procedentes de Ronda, por la carretera que va a San Pedro de Alcántara y pasando el desvío de Igualeja, nos encontramos de frente un cártel que anuncia la entrada al Parque Natural Sierra de la Nieves. Nos desviamos a la izquierda por un camino al principio asfaltado y luego de tierra que nos lleva a los Quejigales. En el primer aparcamiento, más amplio que los demás, dejamos los coches. Curro, nuestro coordinador, nos informa que en la siguiente explanada hay bastante barro, así que iniciamos nuestra ruta desde este punto.

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Al salir del coche, noto una rasca que me obliga a ponerme el cortavientos, una sensación que no me desagrada a pesar de lo desapacible del día. Después de colocarnos las botas y las mochilas, regular los bastones, ya estamos preparados para iniciar nuestra ruta. Los coordinadores marcan un ritmo tranquilo para que el grupo no se extienda demasiado.

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Seguimos. a nuestra derecha, por el Camino de Marbella, paralelo al arroyo de la Fuenfría, dejando a un lado el Camino de Tolox que sube al refugio de los Quejigales. Pasamos por el Descansadero-Abrevadero donde se puede ver numerosas construcciones derruidas que pertenecen a un antiguo cuartel de la Guardia Civil. A nuestra derecha, pasamos el Cerro de los Madroñales (1129 m.) y los Blanquizales y los Helechales, a nuestra izquierda. Seguimos adelante hasta coger un desvío a la derecha por un camino de servidumbre que nos lleva hasta las Minas del Robledal.

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A la altura de las Minas de peridotita y magnetita, cuatro senderistas nos salimos un momento del camino marcado para subir y luego bajar hacia la cantera a recoger alguna piedra de recuerdo. “Trae alguna para mí” oigo desde atrás. Como conocedores de estos minerales, Gregorio y Quino me enseñan a reconocerlos. Vemos piedras negras y azuladas que brillan al sol, otras salpicadas de betas amarillas. Me quedo con una pequeña peridotita densa y de color oscuro que encuentra Gregorio y algunas pequeñas para mis compañeros. Pronto nos reunimos con el grupo. Ricardo bromea con las propiedades culinarias de estas piedras ricas en hierro. ¡Algunos hasta se lo creen!

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Seguimos nuestro camino hacia el Puerto del Robledal. Desde arriba distinguimos una gran cantera todavía en activo y una balsa. Las laderas de la montaña están tapizadas de helechos secos de un tono rojizo en esta época. Desde el Puerto del Robledal (1299 m.) vemos unas magníficas vistas de Sierra Bermeja. Debajo de un mar de nubes, diminutos, se avista el Peñón de Gibraltar y el mar mediterráneo. Queremos quedarnos más tiempo contemplando el paisaje, pero el viento nos lo impide, así que proseguimos nuestro camino por un sendero que sale a nuestra derecha, rodeando el cerro calizo. Resguardados entre las rocas, nos tomamos un tentempié. El grupo se extiende y muchos sobrepasan al coordinador. En este tramo el camino no está marcado y Ricardo, que encabeza la fila, prefiere ir por la parte más baja del collado, es más fácil. Pronto, oteamos el punto geodésico del Cerro Cascajares (1416 m.). “Allí hay que ir”. Mientras vamos subiendo, a lo lejos, divisamos nuestros compañeros que progresan poco a poco, cada uno a su ritmo. La ascensión por terreno pedregoso tiene cierta dificultad y el coordinador de cola ayuda a los rezagados animándolos.

Una vez en el Cerro Cascajares disfrutamos de unas maravillosas vistas de la Sierra de Grazalema, del Valle del Genal, del Torrecilla, de las costas africanas y de Gibraltar. ¿Ha merecido la pena el esfuerzo? Todos nos miramos satisfechos de haberlo conseguido. Animados, nos hacemos, a duras penas, las correspondientes fotos individuales en el monolito y antes de la foto de grupo, cantamos el himno de Andalucía a petición de nuestro coordinador Curro. Nuestra tierra en ese momento nos brinda generosamente toda su belleza.

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Después de tomar aliento, nos decidimos a iniciar la vuelta. La bajada siempre es más fácil y rápida porque desde una posición más elevada se ve mucho mejor el camino trazado. Sin embargo, el viento nos empuja y tenemos que estar atentos para no caer. Bajamos de nuevo hacia el Puerto del Robledal. Una vez allí, progresamos en una subida constante, sin ser excesiva, hacia el Peñón del Robledal (1379 m.). Son más de las dos de la tarde y los estómagos ya hace rato que reclaman su ración de comida. En una ladera donde no sopla el viento, nos instalamos para comer mientras contemplamos el paisaje. ¡Qué bien se está! El sol, hasta ahora casi inexistente, nos regala un momento de placer. Los coordinadores no se levantan y yo ya me coloco la mochila. Una media hora más tarde, algunos compañeros inician la marcha, pero Ricardo reparte unos chupitos con un licor riquísimo y unas pastas. Algunos disfrutamos un momento más de relax.

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Unos minutos después, vamos bajando, a la vez que charlamos. Seguimos un sendero relativamente marcado que nos conduce al Puerto de los Realejos, donde divisamos desde lejos un camión que utilizan para el mantenimiento del bosque y montones de troncos apilados. Seguimos el arroyo del Realejo hacia el Descansadero-Abrevadero de la Fuenfría. A pocos metros de allí, se encuentra el Cortijo de la Fuenfría, lugar donde ocurrió un suceso dramático en 1932. El bandolero, Francisco Flores Arrocha y su sobrino Pedro Flores Jiménez mataron a Salvador Becerra y varios miembros de su familia porque había comprado una finca que Francisco Flores deseaba adquirir. Ese mismo año, el proscrito murió en una emboscada a manos de la Guardia Civil. Pedro Flores fue herido, pero consiguió escapar convirtiéndose en bandolero. Cuando estalló la Guerra Civil, se hizo jefe de las Milicias Populares de Igualeja. Salvó al cura del pueblo y varias personas de derechas, hasta protegió la reliquia de la mano de Santa Teresa, pero esto no impidió que fuera fusilado en 1937, después de que lo convencieran, esas mismas personas que salvó, para que se entregara. Esta serranía está llena de historias como esta que aunque dramáticas, nos hablan de algo más que de la belleza de los lugares.

Finalmente, volvemos por el camino de ida, el de Marbella hasta el aparcamiento con un buen sabor de boca. ¿Será del licorcito y de las pastas de Ricardo?

PINARES DE AZNALCÁZAR por María Luisa Sánchez

Viernes, 17 de Febrero de 2017

Ruta: circular
Distancia: 16 km.
M.I.D.E.: 1223
Desnivel: 170 m
Duración: 6 h
Coordinadores: Nela Quintana y Juan Ortega
Crónica: María Luisa Sánchez
Fotografías: José López Raposo - M. L. Sánchez

¡Hola, compañeros! Me alegra volver a las andadas y me complace tener la oportunidad de ponerle palabras a la que, sin duda, fue una maravillosa jornada de convivencia de manos de Nela y Juan, que el pasado 29 de Enero nos brindaron la oportunidad de visitar unos de los entornos más cercanos y grandioso en cuanto a vegetación, los Pinares de Aznalcázar, uno de los espacios forestales de mayor interés ecológico de la provincia de Sevilla.

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Tras organizar la salida, nos encaminamos hacia La Puebla del Rio. Allí, nos reunimos un gran número de compañeros para tomar un rico desayuno de pan de pueblo y aceite de oliva, unos, y cafelito con churros, otros, a fin de coger fuerzas para pasear y descubrir, durante casi 6 horas, el espléndido y extenso paraje de pinos piñoneros que tuvimos la oportunidad de disfrutar acompañados en todo momento de un fantástico día.

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Al comenzar la ruta, tuvimos un pequeño incidente. Alguien se empeñaba en no dejarnos pasar de la cancela de entrada, aludiendo a que aquella era una zona de pasto, donde mas de 400 vacas recorrerían ese camino y que, según no sé que más argumentos, no era aconsejable que estuviésemos de senderismo por allí. Cosa un tanto extraña, ya que en todo nuestro recorrido no vimos ni por asomo señal ni rastro alguno de que por allí hubiesen pastado vacas en muchos, muchos días.

Lo que si vimos, no en la ruta de a pie pero sí en el entorno, circulando a la salida y entrada de la zona, fueron cantidad de copas de árboles plagadas de nidos de cigüeñas, un espectáculo sin dudas de singular belleza. Los Pinares de Aznalcázar, por su gran extensión y cercanía al espacio natural de Doñana, lo convierten en uno de los puntos de mayor diversidad biológica del Aljarafe.

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Allí, se concentran centenares de aves, entre ellas, flamencos, anátidas, limícolas… Alberga también la mayor colonia de cigüeña blanca de Europa en estado natural, sobre copas de acebuches. Las aves utilizan este hábitat como dormidero, zona de alimentación, nidificación e invernada.

Doscientas cinco especies de vertebrados, entre mamíferos, aves, reptiles y anfibios, se encuentran presentes; en los pinares, lo que indica la gran importancia faunística y que, junto a la diversidad vegetal, componen la extraordinaria fauna y flora en este enclave ecológico llamado Pinares de Aznalcázar y Puebla del Río.

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Volviendo de nuevo a nuestra ruta y haciendo caso omiso sobre el tema de las vacas, nos adentramos en ese inmenso bosque arbolado, compuesto fundamentalmente por pinos piñoneros y matorral mediterráneo (jara, romero, brezo, lentisco, etc.) para disfrutar de cada uno de los tramos de nuestro recorrido delimitado por zona como: Dehesa de las Hermosilla, Dehesa de Covarrubias, Loma de los Socios, Cerro Panaderos, Las Tres Rayas, Cañada Honda y Arroyo Majalberraque.

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Al llegar al arroyo, que en este lugar tenía poca agua y si mucho lodo debido a las lluvias caídas en días anteriores, tuvimos pequeñas dificultades para atravesarlo de un lado al otro por el barrizal que se formaron en sus orillas. Yo misma, al cruzar lo tomé como si de un tobogán infantil ser tratara, deslizándome poco a poco, por suerte, sin consecuencias extremas, solo un pequeño resbalón que tan solo me causó unas risas.

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Tras conseguir cruzar el arroyo, nos dispusimos a seguir por los senderos que, aunque reconocibles y fáciles de transitar, nos obligaban a estar muy pendiente de los coordinadores, ya que, debido a la abundante maleza, era muy fácil despistarse por lo que todos íbamos muy atentos para no quedar rezagados.

Después de un par de horas caminando, se decidió hacer una pequeña parada para tomar una fruta, coger un poco de aliento y seguir mas descansados hacia el espacio donde estaba ubicado un itinerario botánico debidamente señalizado que comienza con un pasillo elevado con suelo de tablones de madera que permite contemplar la diversidad florar de la zona.

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Allí nos hicimos la fotografía de grupo con la pancarta de nuestro club como recuerdo de nuestra visita, como solemos hacer habitualmente en cada ruta.

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Todos nos hallábamos alegres y contentos por el maravilloso día que estábamos disfrutando, puesto que el sol lucía radiante y la temperatura era la ideal para estas fechas. Sin más dilación, seguimos nuestro caminar entre fantásticos colores y olores de las distintas especies florales que allí se concentran.

De las variedades de plantas que nos encontramos en el jardín botánico, se pueden apreciar jaras, lentiscos, coscojas, romero, etc.

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Con la vista y el olfato aún impregnados de agradables sensaciones, el apetito se fue abriendo paso, por lo que decidimos hacer un alto en el camino para tomar los bocadillos, que a buen seguro nos supieron un manjar exquisito tras el esfuerzo y cansancio acumulado de varias horas caminando. Llegamos a un gran rellano, nos cobijamos cada cual por su lado, unos al sol y otros a la sombra de los pinos, dando buena cuenta de nuestra remesa culinaria.

Como postre, un rico bombón que Nela repartió entre todos, preocupada no hubiese bastantes, ya que no imaginó la cantidad de compañeros que asistieron a la ruta.

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Una vez descansados y con el estómago saciado, nos pusimos de nuevo en pie para continuar nuestra marcha, ya que aún nos quedaba un largo trecho hasta llegar al final del sendero.

De nuevo, tuvimos que cruzar el Majalberraque, esta vez, con algo mas de agua, que debimos sortear dando un gran salto desde la orilla a un gran pedrusco a mitad del arroyo, para desde él, volver a saltar a la otra orilla. En ese momento, me dije a mí misma “¡Oye, ten cuidado! No te puedes permitir resbalar otra vez, porque entonces sí que sería un drama el volver chorreando a casa”.

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Por suerte, no tuvimos ningún percance y pudimos continuar hasta llegar a una zona recreativa que se utiliza como merendero. Dado el esplendoroso día, estaba repleto de familias con niños jugando y grupos de amigos disfrutando sus meriendas y rayos de sol, que aún se colaban entre la abrupta arboleda, creando un agradable estado de bienestar que, sin duda, todos apreciaban, dado los anteriores días gélidos que hemos venido padeciendo y a los que por estas tierras no estamos acostumbrados.

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Finalizada esta bonita y agradable ruta, nos dirigimos al punto donde habíamos aparcado los vehículos para retornar a nuestras casas, no sin antes acercarnos a algún lugar donde tomar un café. Javier nos recomendó ir a La Cañada de los Pájaros, reserva natural ubicada en La Puebla del Rio, donde se concentran un número importante de especies, algunas en peligro de extinción. Es zona de invernada para muchas de las aves que vienen a Doñana y un enclave de nidificación para otras. Llenos de buena energía, nos tomamos el tan deseado café a la par que pudimos ver algunas de las aves que por allí pernoctan.

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Transcurrido este magnifico día, estoy segura, esperamos con ganas la próxima ruta.

¡Nos vemos en la siguiente, compañeros|

EL TERRIL por Curro Caro

Sábado, 4 de Febrero de 2017

Fecha: 22 de enero 2017
Distancia: 6,63 km.
Hora de inicio: 10,20
Hora de llegada: 14,35
M.I.D.E.: 2122
Coordinadores: Antonio Bueno y Pepe López
Fotos: J.L. Ferrete y Pepe López

Como tantas mañanas de domingo, me preparo para hacer la ruta que el club tiene en su programa de actividades. Hoy nos espera el Terril. Se encuentra en la Sierra del Tablón y es el punto más elevado de la provincia de Sevilla. El Terril (1129 mts.) está separado del Peñón de Algámitas (1121 mts.) por el Puerto del Zamorano y delimita los términos municipales de Pruna y Algámitas.

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El despertador suena y es hora de levantarse. Como cada día que salgo de ruta estoy algo nervioso. Consulto la predicción del tiempo a través del móvil y me dice que nos espera un día soleado. He quedado con unos compañeros para irnos en el coche hasta la venta El Armijo que se ubica en la carretera que va de Morón de la Frontera a Pruna. Seguimos las indicaciones que nos han dado: “Cuando llegues a Morón y veas el gallo gira hacia la izquierda”. Hasta ahí todo bien, pero el dato que tenemos no coincide con la ubicación de dicha venta y nos pasamos de largo. Nos volvemos hasta localizarla. Una vez sentados al calor de la chimenea, charlamos animadamente mientras van apareciendo el resto de los compañeros. Los saludos y otros gestos de franca amistad vuelven a aparecer como cada jornada que nos disponemos a abordar una ruta. Este momento para mí es muy placentero, el ambiente es grato y me satisface tener tantos amigos.

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En la carretera SE-9225 que va desde Pruna a Algámitas, en el kilómetro 8, aparcamos los coches en una explanada. Después de cambiarnos de calzado, echamos una ojeada al entorno. Cambiamos impresiones sobre el tiempo: la mañana aunque fría presagia un día estupendo. Mochila a la espalda, los 39 componentes de la expedición nos ponemos en camino. A unos 250 m, a la derecha, empieza el sendero que nos llevará al Terril. Se inicia el ascenso por una vereda que exige esfuerzo ya que es de una pendiente importante. Llegamos a un pequeño collado donde se encuentra un pluviómetro, desde allí, divisamos los coches y también un autobús cuyos ocupantes nos acompañarán más tarde en nuestro ascenso.

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A continuación, seguimos subiendo hasta un segundo collado. La zona es bastante pedregosa y está desprovista de árboles debido a un fuego producido años atrás. El pastoreo es muy importante en la zona, así que no se consigue recuperar la vegetación, aunque yo he oído decir, alguna vez, que las cabras y ovejas limpian el campo y esta acción impide que se produzcan los incendios (¿Quién fue antes: la gallina o el huevo?) Mientras subimos, observamos que se está cumpliendo el pronóstico del día. Tenemos asegurado un día de total disfrute en pura naturaleza. Contemplamos magníficas vistas del Lagarín y Las Grajas. Al fondo el Simancón y el Reloj de la Sierra del Endrinal, San Cristóbal y por encima de todos, El Torreón en la Sierra del Pinar. Más cerca, se divisan el castillo de Pruna y Olvera. Desde este punto, se distingue la crestería que queda más arriba y que será nuestro camino de regreso. Por esta parte de la ladera, hay muchos lirios morados que algunos fotografían. Atrás queda en la lejanía El Aljibe, La sierra del Endrinal, Pruna, Olvera y Zahara de la Sierra, la sierra de Líjar y allá Algodonales. El sendero se ensancha bordeando el Cerro de la Ventana. Al fondo, ya vemos el Cerro del Terril o “Monigote”.

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Poco después, llegamos a la cima donde la nieve caída días atrás ha dejado su huella. Divisamos a los senderistas del autobús que siguen nuestros pasos. El aire es frío. Todos queremos hacernos la foto que nos recordará que una vez estuvimos en la cima y bastones en alto se hace el pasillo de honor a los compañeros que han alcanzado la cumbre por primera vez. Tomamos unas frutas, nos deshacemos de las mochilas y ahora sólo nos queda contemplar la maravilla que tenemos delante. Nunca creí que desde ahí se pudieran ver tantas cumbres: a la derecha, el Cerro de la Ventana y la crestería, a la izquierda el Peñón de Algámitas, separado de donde nos encontramos por el Puerto del Zamorano.

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Unos minutos más tarde, volvemos por la crestería. A ambos lados, divisamos La Huma, La Maroma, Sierra Nevada, Sierra del Espartero, Sierra de Lijar, Sierra de las Nieves, La Subbética Cordobesa y El Torcal de Antequera. Pasamos junto a una caseta metálica y bajamos al collado donde está el pluviómetro. Allí sacamos nuestras viandas y saciamos un poco el apetito que ya se hace notar. Es también la hora de reponer fuerza. Algunos nos resistimos a abandonar aquel lugar que, a mí me hace recordar aquellos versos de José María Gabriel y Galán: “¡Qué plácido el ambiente, qué tranquilo el paisaje, qué serena la atmosfera azulada se extendía por sobre el haz de la llanura inmensa!”.

Reiniciamos la marcha por el mismo camino. Bajando por un pequeño bosque con mucho cuidado porque el terreno es resbaladizo hasta llegar a la carretera. Nos cambiamos de calzado para así ir más cómodos en los coches que nos llevaran primero, a tomar un merecido refrigerio y después, a casa.

Cada vez que salgo a la montaña, me atrapa. Cuando, desde la cima, identifico las cumbres que he logrado subir, estas me traen aires de libertad. Me llevo en la mochila: la satisfacción de haber hecho cumbre, la alegría compartida con mis compañeros, la imagen que todo caminante encuentra en la montaña, ¡ah!… y las botas llenas de barro.

EL BURGO-LA FUENSANTA-PUERTO DE LA MUJER-EL BURGO por Mercedes Ruiz

Viernes, 20 de Enero de 2017

Ruta: circular
Distancia: 16 km
M.I.D.E.: 2223
Desnivel: 550 m
Duración: 5:30 h
Coordinadores: Pepe Morgado y Alfonso Piñero.
Fotos: J.L. Ferrete y Pepe López

El domingo 15 de enero 2017 viajamos hasta el Parque Natural Sierra de las Nieves, un paraje con gran riqueza floral y animal, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, que cuenta con una gran red de caminos que permiten el disfrute del senderismo. En la venta Los Molinos en Algodonales, nos reunimos un total de 24 personas para desayunar. La mañana se anuncia fría, sin embargo el cielo despejado de nubes presagia una magnífica jornada de paseo por la sierra.

Alrededor de la 10 de la mañana llegamos a El Burgo, una pequeña población de casas blancas salpicada de vestigios históricos. Aparcamos los coches, unos delante de una fábrica de muebles, otros en las inmediaciones de una gasolinera. Me siento en un banco de hierro en un pequeño parque público para calzarme las botas y me doy cuenta que tengo los pies congelados. Esa sensación térmica durará poco porque sé que nos aguarda una buena subida.

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A las 10:25 empezamos a andar. Desde el mismo cruce, tomamos la carretera A-366 en dirección a Yunquera. Cruzamos por un puente sobre el río de El Burgo o río Turón y unos metros más adelante, dejamos la carretera para adentrarnos por un camino que nos lleva hasta el área recreativa de La Fuensanta. Los paneles indican el principio de dos senderos: uno, que conduce al Puerto de la Mujer y otro, el nuestro, que llega a La Fuensanta, una de las principales entradas al Parque Natural Sierra de las Nieves.

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Empezamos a subir un fuerte repecho y seguimos por una pista forestal paralela al arroyo de la Fuensanta. Mientras ascendemos por el Puerto de los Lobos, nuestro amigo Ricardo se arranca con unos villancicos de la tierra. Sonreímos, contagiados por su entusiasmo. Poco a poco, vemos como cambia el paisaje; dejamos atrás las huertas aledañas al pueblo y los olivares para contemplar extensiones de pinos de repoblación. Nuestro compañero y coordinador, Pepe Morgado, nos instruye sobre el hecho de que, en los años 60, la sierra estaba muy degrada debido a la actuación del ganado, el gobierno de la época favoreció la reforestación de pinos dando trabajo, de este modo, a numerosos españoles. Nos hace partícipe de esta reflexión: “Solemos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando nos referimos al monte, nunca es así.”

Antes de llegar al área recreativa, nos paseamos entre sauces, fresnos y álamos. En las zonas de umbría, la luz apenas traspasa los árboles con formas fantasmagóricas. Las huellas del invierno se hacen notar y la tierra seca ya está pidiendo que llueva. Los bosques son un mundo donde parece que las cosas humanas desaparecen. Tal vez sea por eso que siento la necesidad de retornar a ellos de vez en cuando, para reconectarme.

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Ya hemos hecho cerca de 3 kilómetros cuando llegamos al cortijo de la Fuensanta donde se ha habilitado un área recreativa. El antiguo molino aceitero reconvertido en refugio todavía mantiene el patio donde han dispuesto unos rudimentarios servicios, el entramado de acequias y canales donde discurre el arroyo y la alberca que recoge las aguas del manantial. Allí hacemos una parada para reagruparnos y tomar una fruta y un trago de agua.

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Unos minutos más tarde, nos ponemos de nuevo en camino siguiendo el arroyo por una pista hasta llegar a un cruceiro de piedra. En este punto, el camino se divide en dos: si seguimos de frente llegamos hasta los Sauces, una zona de acampada donde se inician varios senderos por la sierra; nosotros, vamos subiendo progresivamente hacia el Puerto de la Mujer.

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A las dos de la tarde, llegamos al Puerto de la Mujer. Desde allí, divisamos el Cerro del Carramolo del Queso. Solo pensar en la comida, mi estómago inicia una sinfonía distorsionada. Seguimos por un cortafuego hasta llegar a un promontorio donde nos instalamos para almorzar. Algunos incrédulos quieren quedarse más abajo pero consigo convencerlos de que no lo hagan. El esfuerzo merece la pena; la panorámica, desde arriba, es todo un privilegio para los sentidos.

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Media hora más tarde, después de repartir unos bombones, desandamos el camino hacia abajo hasta el Puerto de la Mujer donde nos hacemos la foto de grupo. Luego, iniciamos un descenso cruzando la cañada del la Rozuela y dejando a un lado la Rosa del Escribano hasta llegar a la Hoya del Manco. Más adelante, el camino enlaza con el de ida hasta llegar a El Burgo.

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Finalmente, después de tomar café todos juntos, algunos queremos ver el mirador del Guarda Forestal que representa la estatua de un guarda mostrando a un niño la belleza que encierra toda la serranía, simbolizando el legado que dejaremos a las generaciones futuras. Situado a 900m sobre el nivel del mar, se puede ver unas magníficas vistas de la Sierra de Ronda, del Peñón de los Enamorados y del valle de Lifa. Antes de despedirnos, felicitamos a Pepe y Alfonso por su buena labor como coordinadores. ¡Hay que ser agradecidos con las personas que nos hacen disfrutar tanto y que trabajan para hacer un club cada vez mejor!

GALAROZA-VALDELARCO POR EL PUERTO DE LAS SENADILLAS por María Luisa Laviana

Miércoles, 18 de Enero de 2017

Tras el paréntesis navideño, que en esta ocasión ha sido un poco más largo que otras veces, por fin el domingo 8 de enero nuestro club reanudó la actividad oficial, realizando una ruta de senderismo que ya Mercedes Ruiz y Alfonso Piñero habían propuesto en el trimestre anterior pero hubo que aplazarla debido a la intensa lluvia. Esa circunstancia hizo que estrenáramos el año con una ruta en la que Mercedes también se estrenaba como coordinadora.

El día amaneció muy frío, pero con un cielo azul que auguraba una espléndida jornada de senderismo por la hermosa Sierra de Aracena, que nunca defrauda y tantísimas posibilidades ofrece. En este caso sería una ruta circular y lineal (por tener un tramo común al inicio y al final del recorrido), de 12 km, con MIDE 1223 y desnivel acumulado de 498 m. Tras el desayuno en la estación de autobuses de Aracena, llegamos a Galaroza, dejamos los coches en la avenida de Los Carpinteros e iniciamos la marcha. Eran las 10:45 h. y nosotros éramos 33 personas.

Pasamos por la calle Alta, premonitoria de lo que tocaba a continuación, subir y subir casi continuamente, primero por la cuesta de la Era hasta llegar a una bifurcación junto al monte del Roblecillo: a la derecha el camino de los Altos de la Dehesa y a la izquierda el nuestro, el camino de Valdelarco, que inicialmente va como esculpido en la piedra, con muros a ambos lados, y luego es sendero de tierra por el que bajamos al arroyo del Ingenio o del valle del Águila.

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Por todas partes nos deleita la vegetación de encinas, alcornoques, castaños, madroños, chopos, cuyas alargadas copas que otras veces hemos visto de un intenso color amarillo, son ahora una sucesión de lanzas… Encontramos varios cruces de caminos, fácilmente resueltos por la coordinadora de cabeza, siempre con su móvil/gps en mano, y en caso de duda bastaba con preguntar a Alfonso, coordinador de cola y gran conocedor de la zona, o a Curro, que era una especie de coordinador adjunto.

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Dejamos a la izquierda las Casas del Pozuelo (“casas rurales”, como todas las que hay en el campo, aunque damos este nombre solo a las que funcionan como hostal), y al llegar a un lugar lleno de troncos recién cortados abandonamos el camino de Valdelarco para tomar una pista hasta el puerto de Las Senadillas (o de La Senailla). A partir de ahí, el sendero penetra en una vaguada hasta desembocar en un cruce donde seguimos la pista de la izquierda que va por el Puerto de la Cruz hacia La Rozuela. Más adelante, en otro cruce, como íbamos bien de tiempo los coordinadores propusieron desviarnos por la vereda que conduce a la ermita del Divino Salvador, en el valle de Carvajal, y así lo hizo la mayor parte del grupo, quedándose algunos esperando arriba. Por el camino habíamos visto algunos descansaderos o “parás” (recuerdo las de La Senailla, La Algavilla y Puerto La Cruz), que seguramente corresponden al itinerario de la romería que se hace desde Valdelarco el primer sábado de mayo. La ermita estaba cerrada, pero era un lugar agradable para quedarnos un ratito haciendo fotos y tomando fruta (una “pará” en toda regla); y yo volví a sorprenderme ante el letrero que indica que es la ermita del “D. Salvador”, que estrictamente debe leerse “Don Salvador”, y no entiendo que no corrijan esa errata cuando hay espacio de sobra para poner la palabra “Divino”… En fin, cada uno tiene sus manías, y a mí los temas lingüísticos siempre me han interesado mucho.

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Desandamos el camino (esta vez cuesta arriba) y volvimos atrás un kilómetro para reunirnos con los demás y retomar nuestro rumbo bajando hacia Valdelarco, adonde llegamos cuando era casi la una y media y los coordinadores acordaron una parada de 45 minutos para almorzar. Antes nos hicimos la foto de grupo delante de la iglesia, también llamada del Divino Salvador, una construcción neoclásica de la segunda mitad del siglo XVIII, hecha sobre las ruinas del anterior templo, destruido en el terremoto de Lisboa de 1755 y del que permanece el reloj solar, situado en una esquina de la torre, en el que consta el año 1727.

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Valdelarco es uno de los pueblos más bonitos de la sierra, con sus calles estrechas y empinadas, sus características “solanas” (terrazas cubiertas que se usaban como secadero para los productos del campo), sus fuentes como la del Valle o del Colmenero, en uno de cuyos lados está este fandanguillo: Escondidito en la sierra/ De Huelva tierra bendita/ Hay un pueblecito blanco/ Que a mí el sentido me quita/ Es mi pueblo Valdelarco… por algo su casco urbano fue declarado en 1983 Conjunto Histórico-Artístico y en 2004 Bien de Interés Cultural.

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En esta ocasión disfrutamos también contemplando los originales adornos de ganchillo que decoraban casas, calles, plazas, barandillas, bancos, papeleras, farolas, árboles, hasta los caños de las fuentes tenían sus coloridas y sugerentes fundas, todo un despliegue de “urban knitting” (tejiendo la ciudad).

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Sobre el nombre del pueblo (Valle del Arco), la interpretación más repetida lo atribuye a la supuesta existencia de un arco erigido por orden o en honor del emperador Trajano, sin embargo no hay la más mínima evidencia arqueológica o histórica que corrobore esa versión, existiendo otra explicación más verosímil que alude a la propia topografía, por estar el pueblo en un enclave con forma de arco o semicírculo; el propio escudo del pueblo –que pudimos ver en un azulejo de la fuente del Valle– recoge esta interpretación, pues tiene un gran castaño y sobre él un arco con su flecha apuntando hacia arriba.

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Tras reponer fuerzas, a las 14:15 salimos de Valdelarco por el sur, recorriendo en apenas quince minutos los 800 metros de carretera en continua subida hasta el cruce con la carretera que llega al pueblo por el norte. Nos reagrupamos enseguida y nos internamos de nuevo en el monte, por un precioso sendero en dirección al puerto de las Veguillas, bajando por Los Bohonales. Tras recorrer uno de los tramos más bonitos del día, cruzamos el lecho de un arroyo y llegamos al cruce lleno de troncos cortados donde por la mañana nos habíamos desviado. A partir de ahí repetimos el camino de la ida, aunque ahora predominan los tramos cuesta abajo.

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Al aproximarnos a Galaroza algunos decidieron seguir por la cuesta de la Era y otros por un empinado atajo que había a la izquierda y dio un poco más de emoción a ese tramo final. Hacia las 15:40 entramos en el pueblo, casi cinco horas después de haber salido. Todo el grupo llegó más o menos al mismo tiempo, pues esta vez habíamos mantenido un buen paso senderista (no de paseo) y no fueron necesarias las paradas que a veces deslucen las rutas. Personalmente disfruté muchísimo de esta ruta, por el entorno que siempre me maravilla, por el buen ritmo al que fuimos (un ritmo tranquilo, por lo demás), por la compañía y agradable conversación en muchos momentos, y por la soledad que otras veces me gusta buscar, porque también me encanta caminar en silencio escuchando los sonidos de la naturaleza.

Con el cuerpo levemente cansado, la mente despejada y el ánimo alegre, nos quedamos a tomar café en el propio Galaroza. Ahí reiteramos la felicitación a Mercedes, quien aprovecha para hacer un llamamiento especial a las mujeres para que nos animemos a proponer rutas. Yo comparto ese planteamiento porque la coordinación de rutas es esencial para el club y es importante implicar también a las mujeres en esa tarea, pero sin olvidar que hay otras muchas formas de que todos, mujeres y hombres, contribuyamos a “hacer club”, por ejemplo: participar en las rutas, hacer y compartir fotos, escribir crónicas, colaborar en las publicaciones (revista, blog, facebook), asistir a las reuniones semanales, proponer actividades, aportar ideas y sugerencias, etc. Todo eso es necesario, es lo que da vida al club. Seguramente habrá quien no se sienta con ánimo de coordinar rutas (del mismo modo que hay quien no se maneja con la informática), pero siempre habrá algo que cada uno de nosotros pueda aportar al club.

[Las fotos son de Pepe López y Pepe Morgado]

JABUGO-LOS ROMEROS-AGUAFRÍA-JABUGO por Mercedes Ruiz

Domingo, 18 de Diciembre de 2016

Ruta circular
Distancia: 13,4 km.
Desnivel: 408 m.
Duración: 4h.
M.I.D.E.: 1323
Coordinadores: Gregorio Corral y María Luisa Laviana.
Crónica: Mercedes Ruiz.
Fotos: J.Luis Ferrrete.

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El domingo 11 de diciembre 2016, a las 8 de la mañana, un grupo de socios y socias nos citamos en la rotonda de Juan Pablo II en Dos Hermanas para dirigirnos a la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, un lugar precioso que no nos cansamos de visitar. Desde Sevilla salió otro grupo y confluimos todos en Arroyo de la Plata donde nos citaron los coordinadores, Gregorio y María Luisa, para desayunar. Nos congregamos allí 32 participantes.

Cuando salí del coche, noté el frío de la mañana. La luz me pareció más tenue que de costumbre. Sin embargo, la alegría del reencuentro con los compañeros, después de muchas semanas de no poder salir de ruta debido a la lluvia, fue la tónica dominante en todo momento; no faltaron ni las risas ni los abrazos ni las conversaciones, un calor humano que calentó el ambiente algo desapacible y que consiguió animarme.

Desde Arroyo de la Plata nos dirigimos con los coches en fila india hacia Jabugo. Aparcamos cerca de un polideportivo y sacamos todo el material de los maleteros. Nos calzamos las botas. “Vivir con las botas puestas” también es una filosofía de vida… (¡Qué bonito recuerdo!). Siempre tengo la misma sensación de euforia al empezar una ruta, me recorre un hormigueo que no me deja estar quieta, como cuando una se prepara para salir corriendo. ¡Preparados, listos, ya!

Salimos todos con ganas y anduvimos por un carril cerca del Parque de Bomberos en dirección a Los Romeros. Seguimos bajando progresivamente por un camino pedregoso primero y luego bastante cómodo en una zona llamada la Fuente Chica hasta la Ensilladilla Baja. Cruzamos algunas zonas embarradas con pendientes moderadas y con pequeñas lagunas que han dejado las últimas lluvias. El sol, tímido, no se atreve a salir y la luz deja unos reflejos sutiles en los charcos.

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A la altura del Barranco del Quejigo, dejamos a nuestra izquierda el camino de Cortegana. Vamos pisando alfombras de hojas rojizas, caídas de los castaños, que nos anuncian el final del otoño. Pasamos por el Puerto del Cabezo Colorado y luego rodeamos la Sierra Silladilla. Seguimos adelante hasta enlazar con la carretera HU-8109, cogemos a la izquierda y cruzamos el pueblo por esta misma vía. A la salida de Los Romeros, giramos a la izquierda y atravesamos en dos ocasiones la HU-8111 hasta el Cerro del Cotorro. Luego trazamos una línea recta hasta llegar a Aguafría. En el bar-restaurante La Abuela nos paramos para reagruparnos y hacernos la foto de grupo. Mientras esperamos a los rezagados, compruebo en mi móvil que llevamos más de 6 km y tomamos una fruta para recobrar fuerzas. Al iniciar de nuevo la marcha, constato que nos acompaña un nuevo senderista que todos llaman amistosamente Canuto, un chuchillo que sirve de “guía” a los grupos de caminantes que frecuentamos la zona. Corretea alegre delante de nosotros convirtiéndose en el centro de atención.

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Cruzamos la N-435 hacia la Casa de los Prezuelos e iniciamos, a continuación, una subida abrupta hacia la Sierra de Palos Altos. Después de la subida, esperamos a los compañeros; esta parte del camino al ser más exigente, no nos permite ir tan rápido. Luego subimos hacia las Huertas Nuevas. Aquí, el sendero se estrecha en una senda y se vuelve más salvaje. Disfrutamos como si fuéramos los primeros en descubrirlo. Al cruzar el arroyo algunos no dudan en probar la calidad de sus botas; yo prefiero saltar de piedra en piedra. Los que vamos a la cabeza del grupo tenemos que hacer numerosas pausas para esperar a los demás y en una de esas paradas, un compañero se sienta en un muro de piedra que sirve de linde a las fincas. ¡Qué susto! Se ha caído de espaldas al desmoronarse la cerca. Le ayudamos a levantarse. ¡Menos mal que no ha sido nada!

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Cruzamos la HU-8114. A un kilómetro de Jabugo, decidimos hacer una parada para el bocadillo. Tomamos asiento en el muro con cuidado para no caernos. Todos se afanan en darle pan y embutido a Canuto que anda bastante mal de olfato.

Media hora más tarde, reanudamos la marcha. Nos cruzamos con unos paseantes mal equipados que no saben muy bien donde van. Gregorio les aconseja que vuelvan sobre sus pasos en dirección a Jabugo. Si no conocen la zona podrían perderse. En el último tramo del camino, cruzamos de nuevo la N-435 para enlazar con la pista que tomamos a la ida hasta llegar a Jabugo.

Finalmente, nos despedimos del grupo algo cansados y contentos por haber disfrutado de una jornada memorable, unos compran chacina de la zona, otros van a tomar café en Galaroza y otros lo tomamos en Aracena. Canuto sigue su camino, cruzando la calle, tan inconsciente y feliz como todos nos hubiera gustado ser.

RUTA CORTES DE LA FRONTERA – CAÑÓN DE LAS BUITRERAS – EL COLMENAR (GAUCIN) por Trinidad Reina

Miércoles, 4 de Mayo de 2016

MIDE. 3233
Distancia. 14 Km.
Desnivel acumulado de subida 450 m. y de bajada 580m.
Coordinadores. Juan Ortega y Nela Quintana que por motivos de salud es sustituida por José Mª Padilla.
Crónica. Trinidad Reina.
Fecha. 1-5-16.

Un grupo de 21 compañeros partimos a las 7h desde Dos Hermanas hacia Cortes de la Frontera, municipio emplazado en la Serranía de Ronda, parque natural de Los Alcornocales, para realizar una ruta hasta El Colmenar bordeando El Cañón de las Buitreras.

Desayunamos en Algodonales y emprendimos la marcha por la carretera de Ronda en dirección a Montejaque. Los 30 km de curvas se nos hicieron cortos amenizados por un espléndido paisaje de verdes prados y agrestes y escarpados montes, asilo y morada de bandoleros. Pueblos blancos engarzados a las laderas. A lo lejos divisamos la niebla que cubre el valle. Pasamos Montejaque, Benahojan y Cortes de la Frontera hasta la estación de tren donde aparcamos los coches y en La Cañada del Real Tesoro iniciamos la ruta. Son las 10 de la mañana.
El día se presenta sin nubes y una temperatura estupenda. Ni un soplo de viento.
Trás una suave subida, pronto divisamos la Sierra de Libar a la derecha y la Sierra de los Pinos a la izquierda y atravesamos el primer puente sobre el río Guadiaro que aún lleva poco cauce. Rápidamente dejamos atrás el Cortijo de la Fresneda y a medida que vamos subiendo, vamos descubriendo el hermoso valle que el río Guadiaro nos ofrece a nuestra derecha. Así, caminando siempre paralelos al río y la vía del tren disfrutamos del bosque que nos rodea. Enormes ejemplares de robles, alcornoques, quejigos, encinas y acebuches salpican el camino. Una espesa capa de matorral mediterráneo cubre la tierra, lentisco, retama, espino blanco así como florecillas de todos los colores, amapolas, jara, camomilas, narcisos, lirios,etc.

Ya cerca del mirador del Cañón, podemos observar a lo lejos la presa de las Buitreras que nutre de agua la central eléctrica y trasvasa al río Majaceite.
Por fin llegamos al mirador donde comienza el desfiladero, de 2 Km de longitud y en algunos puntos de una profundidad de 200 m. El Cañón de las Buitreras, catalogado como Monumento Natural de Andalucía, se formó por la acción incesante y callada del río Guadiaro sobre las rocas calizas de su lecho. Esta fuerza erosiva ha dado lugar a paredes verticales e increibles cavidades que a veces producen desniveles suficientes para provocar cascadas de gran belleza. El nombre del cañón viene dado por la cantidad de nidos de buitre leonado que albergan sus paredes.

Continuando nuestra ruta llegamos al Cortijo del Conde, una edificación en ruinas que deja ver vestigios de una vida pasada y a su vez testigo de un grave drama familiar que conmocionó a la zona. Aquí nos dispusimos a reponer fuerzas presagiando una marcha mucho más intensa…Y así fue…una fuerte bajada nos llevó pronto al Puente de los Alemanes que une ambas paredes del desfiladero a una profundidad de 60 m. Justo antes de llegar es necesario hacer una brusca bajada, casi vertical, sobre estructuras de roca con apoyo en barandas de cuerdas de acero como protección. Con mucha precaución logramos bajar todos sin problemas. En el puente no faltó la foto de rigor, testigo de nuestro paso por este lugar cautivador, fascinante, único. Desde aquí se puede ver la garganta en el punto más estrecho, las buitreras y sus habitantes sobrevolando el espacio. El puente enlaza con un pequeño túnel en forma de ele que nos lleva al otro lado del desfiladero de manera que ahora el río quedará a nuestra izquierda. En este punto comienza la subida más dura hasta alcanzar el collado que de nuevo nos hace ver el río bajo el cañón. Sin aliento, con extrema precaución por los resbalones y fritos de calor, logramos subir todos. Aunque el sol aprieta y el esfuerzo nos ha dejado exhaustos, somos recompensados de inmediato por las hermosas vistas panorámicas de la Sierra del Hacho, a nuestra izquierda, que recorremos en una trepidante bajada hasta la orilla del río. Robustas paredes verticales veteadas de rojo y ocre; cielo azul intenso; aves que transitan en círculo sobre nuestras cabezas; intenso verde de las sabinas y los palmitos. Y el verde turquesa del río serpenteando allí abajo.

A orillas del Guadiaro, frente a un plácido espejo de aguas transparentes que llaman la Poza del Moro, saciamos el hambre y la sed. Un merecido deleite por el esfuerzo que supuso llegar aquí.
Terminada la comida dos compañeros se retaron a subir a un montículo rocoso lo más rápido posible. Subieron sin titubeos, ágiles como gacelas pero sin esperar que su presencia en la cima sacara de sus nidos a una pareja de buitres…Merodearon sobre nosotros y se perdieron de vista de nuevo entre los riscos.
Fue emprendiendo ya la marcha cuando dos compañeros pisaron en falso unos matojos pensando que era tierra firme y cayeron hacia atrás con el consiguiente remojón sin más consecuencias, excepto el agradable fresquito con que reanudaron el camino.

Con el sol de plano y la humedad del río, apretaba fuerte el calor y aceleramos el ritmo bordeando la orilla por una senda estrecha de abundante vegetación. Es de destacar la proliferación de palmito, la única especie autóctona de palmera en Europa.
En una suave subida llegamos pronto a las enormes tuberías de la Central hidroeléctrica de Gaucin (El Colmenar). Y a pocos metros la estación de ferrocarril. Como faltaban 45 minutos para la salida de nuestro tren, nos refrescamos en un barecito cercano que por cierto, me percaté de los excelentes y suculentos platos que allí se degustaban.

Llegó el tren, subimos y bajamos en apenas 10 minutos. En la Estación de Cortes nos hicimos una foto de grupo y nos dirigimos a nuestros coches.

No sé cómo apareció por allí un balón de fútbol. El caso es que de forma espontánea se improvisó un corro de “niños grandes” que nos deleitaron al resto con una curiosa exhibición de malabares con el balón. ¿Cómo es posible que después de tan intensa ruta haya energías aún para el fútbol? No sé si os pasará igual pero a mi hacer aquello que me apasiona no me cansa, me pone las pilas…sí, sí, llego a casa con más energía.
Una jornada preciosa, de vistas espectaculares y etapas muy variadas. Ambiente entrañable y cordial. Gracias a los coordinadores por ofrecernos la oportunidad de realizarla.

LAS CUATRO ALDEAS por Clare Usher

Lunes, 18 de Enero de 2016

DOMINGO 17 ENERO DE 2016.
RUTA: Las cuatro aldeas, distancia aproximada 13 km.
DIFICULTAD baja, M.I.D.E. 1.1.1.1.
Coordinador principal Jaime Rosado ayudado estupendamente por nuestros super experimentados senderistas Juan Merencio y Angel Marín
Cronista: Clare Usher
En la reunión viernes Jaime nos proporcionó toda información sobre la ruta para el domingo, incluso la distribución de folletos informativos de la ruta y como llegar al pueblo etc etc. Todo un detalle. De lo cual he usado mucho para esta crónica.
Los de Dos Hermanas y Sevilla nos reunimos para el desayuno de rigor en Arroyo de la Plata, unos en el Bar Emilio otros en Juanito. Muchos de los asistentes compramos el pan de pueblo tan rico que venden allí.
De allí fuimos siguiendo las excelentes instrucciones para llegar al pueblo de Juan Gallego una aldea que según Google cuenta con 12 habitantes. Así la llegada de 9 coches y 30 senderistas fue todo un acontecimiento para los lugareños o mejor dicho los Juangallegueros. Alli nos esperó Jaime. Hizo un frio notable debido al viento del norte que nos rozaba. El día bastante nublado pero sin señales de lluvia ni nieve. Así debidamente abrigados y un poco antes de las 10 empezamos la marcha en Juan Gallego. Allí a la entrada del núcleo, a la izquierda, un panel informativo nos situó en el mismo.
Era un sendero circular muy bien señalizado por la Diputación de Sevilla como “PR” (pequeño recorrido) en blanco y amarillo. Esto gracias a los esfuerzos de Jaime con la Diputación. Une las cuatro aldeas del municipio de El Madroño. Las aldeas de Juan Gallego, Juan Antón y Villagordo., se sitúan en la llamada Sierra Blanca, mientras El Álamo forma parte del barranco donde nace el arroyo Juan García (que sorteamos varias veces, sin mojar nuestros pies, gracias a las botas buenas que vestíamos….), que atraviesa el término de E a O y termina nutriendo el pantano de Jarama.
Este sistema de vida disperso, está considerado como el último vestigio del poblamiento silbo-pastoril desarrollado sobre la vereda de los camellos o de los moriscos, importante vía pecuaria muy utilizada para el traslado de ganado. Paramos al lado de la fuente la Juntanilla en las afueras de la aldea donde antaño los lugareños tuvieron que ir a por agua. Ignoramos este tipo de vida ya que hoy en día tenemos agua en el grifo de la casa, lavadora, etc etc. Pregunto ¿Estamos mas contentos? ¿valoramos las mejoras que disfrutamos?
El sendero discurre por un terreno suave y alomado, con la presencia de encinas y alcornoques, resultando un paisaje relajante y atractivo para el senderista, por estar el dia cubierto y quizás debido al ruido que hacemos con nuestras charlas diversas, no escuchamos el canto del ruiseñor tampoco, como al no haber ovejas muertas pudimos observar el vuelo en círculos, lentos y pausados de los buitres, ante la presencia de alguna oveja muerta. Si, observamos varios, caballos, gatitos, guarrinos y ovejas disfrutando de la tranquilidad de esta zona tan aislada y virgen. Nosotros fuimos a un paso muy tranquilo disfrutando de este entorno privilegiado. Y después de un rato ya entramos en calor y pudimos quitar tanto abrigo invernal, hasta salió el sol.

Llegados a El Alamo, visitamos el monumento natural “encina de los perros”. Hay que destacar que el árbol está cubierta de bufandas rojas y verdes. Además los arboles en la calle están protegidos con mantas de lana confeccionadas por cuadritos tejidos a mano, una cosa muy curiosa que nunca había visto en mi vida salvo en Chile durante mi visita a Valdivia en noviembre… ¡¿Hay una conexión entre este aldea sevillana y la ciudad chilena?!

Seguimos hacia Juan Antón y luego llegaremos Juan Gallego.

Según previsto terminaremos la ruta a las 1,45. Unos del grupo mencionaron que faltó un 2 en el mide, por unas pequeñas cuestas que tuvimos que subir. En coche fuimos a El Madroño donde entre dos bares fuimos unos para comer su bocadillo con una cerveza y otros a probar los manjares del pueblo (menudo menudo, vinito blanco, cerveza etc etc.)
Después de tomar café fuimos al albergue municipal donde Jaime había preparado una sala para ver el documental “LA VIDA EN LLAMAS” con la asistencia de Francisco un verdadero personaje de la aldea de Juan Gallego y uno de los protagonistas de la película.
¡Hizo un frío en la sala que no podéis imaginar, ni Gregorio ni Jaime consiguieron poner la calefacción en marcha!
Aquí enlaces para los que no pudieron ver la película. Muy interesante la vida de estos bomberos y especialmente en estos días de los bomberos ayudando en Grecia luchando contra la tragedia humana causada por la guerra civil en Siria y sujetos a todo tipo de injusticia, etc. De verdad son gente vocacional y merecen todo tipo de homenaje como por ejemplo esta película para acercar el pueblo a su trabajo y poder ver la gente detrás quienes vigilan no solo por nuestra seguridad pero por la seguridad del campo.
https://www.youtube.com/watch?v=SeYLM-lRel4
https://www.youtube.com/watch?v=Un3rdeaZ1nA
https://www.youtube.com/watch?v=HuG3TcCnads

Para todos nosotros ha sido un día estupendo, y personalmente me hizo muy feliz ver a Jaime, el fundador de nuestro club, de nuevo en ruta después de tantos años de ausencia por razones de salud. Y es de agradecer todo el esfuerzo que puso para ofrecernos esta ruta y la oportunidad de ver la película. También aparte de Jaime (socio número 1) es de mención que fuimos acompañados por los socios 8, 20 y 28, el primer senderista del año (Paco Terrero) y el vigente (El Niño de Montequinto) y otra, quien suscribe esta crónica, mas tres de los últimos socios a entrar en nuestro club, números 532, 533 y 536.
Hasta la próxima.

SUBIDA NOCTURNA AL CERRO DE SAN CRISTOBAL por Alfonso Piñero

Lunes, 21 de Diciembre de 2015

El sábado 29 de Agosto, un grupo de compañeros nos desplazamos a la Sierra de Aracena para realizar la subida al Cerro de San Cristobal. La primera incidencia que tuvimos fue el permanecer parados  en la carretera cerca de Aracena debido a que en ese momento se celebraba la romería de Valdezufre. Durante los veinte minutos que estuvimos parados pudimos comprobar que muchos de los peregrinos parecían más devotos del dios Baco que de la Virgen de la Palma, a juzgar por los cubatas que llevaban en sus manos .

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Ya en Almonater la Real comenzamos la subida a las 9.15, todavía con luz natural , pero cuando comenzamos a caminar por la senda empedrada que discurre junto al casi seco Arroyo de las Cañas tuvimos que ponernos los frontales y nos adentramos en los bosques de encinas, castaños y robles melojos que pueblan la zona. El aspecto del paisaje, visto a la luz reflejada de nuestos frontales, era un poco espectral y rogamos para que no se apareciera el fantasma del Cerro de San Cristobal del que hablan algunas leyendas. Ya arriba la luna llena hizo acto de presencia y pudimos caminar casi sin ayuda de frontales y linternas.


blog-nocturna-cerro-san-cristobal-05.jpg En el Mirador Norte (en realidad este) tuvimos una vista impresionante de las zonas adyacentes al cerro donde las aldeas de Los Romeros, Los Calabazares, Los Molares o Aguafría parecían luciérnagas. Allí tomamos nuestros bocadillos acariciados por una fresca brisa que hacía del lugar todavía más agradable.

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Con cierto disgusto iniciamos la vuelta y descendimos por la empinada ladera este, que presentaba las dificultades de siempre, pero en este caso fueron mayores debido a que era de noche y había que estar muy atento para no resbalar. El resto fue un paseo agradable a la luz de la luna llena y a medida que nos acercábamos a Almonaster la Real el pueblo relucía como una joya dorada en la oscuridad del paisaje nocturno.

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Unos refrescos en una terraza pusieron fin a la excursión nocturna. LLegamos a Sevilla sobre las tres de la madrugada, más o menos como cuando se va de copas.

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