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CAMINITO DEL REY por María Luisa Sánchez

Viernes, 28 de Septiembre de 2018

Ruta: lineal “Caminito del Rey”
Distancia: 8 km.
Desnivel: 105 m.
Duración: 4 h
Coordinadores: José María Padilla y Alfonso González
Crónica: María Luisa Sánchez
Fotografías: José María Padilla - María Luisa Sánchez

¡Hola, compañeros y compañeras! Tras unas largas y merecidas vacaciones que espero que todos hayáis disfrutado enormemente, comenzamos con las pilas cargadas, con ilusión y ganas de caminar por las rutas oficiales que nuestro club ha organizado para este cuatrimestre de 2018.

El pasado 20 de septiembre, “Al pie del cañón” nunca mejor dicho, visitamos, en la provincia de Málaga, el desfiladero de los Gaitanes, cañón excavado por el rio Guadalhorce de 400 m.de altura y en alguno de sus tramos con solo una anchura de 10 m.

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Teníamos prevista la salida de veintiséis compañeros, aunque finalmente solo fuimos veinticuatros, ya que Juan y Pilar, por alguna fechoría que a veces el destino nos tiene inexplicablemente reservadas, no pudieron asistir. (Os esperamos en la próxima)

Comenzamos el día tempranito, cada cual desde su punto de salida hacia Málaga, puesto que teníamos la visita programada y debíamos llegar a la hora prevista. No obstante, como siempre hacemos, nos citamos todo el grupo en Estepa, en el restaurante de turno, en este caso El Polvorón, para tomar un buen desayuno y dirigirnos juntos hacia nuestro destino.

Una vez llegados, caminamos por un sendero unos 300 metros pasando por la Barriada y la presa del Conde del Guadalhorce. El pantano del Chorro lo inaugura Alfonso XIII el 21 de mayo de 1921, colocando la última piedra y la firma del acta de recepción en la “Sillita del Rey”, un bonito sillón y mesa de piedra que fue tallado expresamente para tan señalado día y que aún se conserva en perfecto estado.

En 2016, en otra ruta organizada por el club en los miradores del desfiladero de los Gaitanes, nuestros compañeros Juan y Pilar si pudieron disfrutarlo y como muestra esta entrañable fotografía de nuestra estimada pareja.

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Continuamos hasta llegar al túnel de entrada al Caminito del Rey, una galería excavada en la montaña que teníamos que atravesar de uno en uno, prácticamente a oscuras y con cuidado de no dar con la cabeza en el techo, caminando 1’5 km hasta llegar a la taquilla de entrada.

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Llegamos, por fin, a la caseta de inicio y rodeados de otros muchos grupos que por horario establecido en sus reservas les daban paso de entrada antes que al nuestro, quedamos un  rato ansiosos a que nos tocara el turno para comenzar a disfrutar de tan esperada visita a    un entorno qué, aunque ya conocido por todos por la incesante publicidad que de éste lugar existe en cualquier medio de información y comunicación, no es para nada comparable con   las sensaciones que nos transporta cuando se visita y transita directamente.

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Por fin, le toca el turno a nuestro grupo, todos muy contentos y debidamente ataviados con  los cascos de seguridad que nos entrega la organización, nos ponemos en marcha, no sin antes echarnos unas risas por las pintas que algunos decían que otros teníamos con dicho casquete y, sobre todo, por las redecillas de protección que no sabíamos como encajárnosla, por lo que esta norma nos pareció un tanto incomoda aunque necesaria para evitar accidentes por algún posible desprendimiento de pedruscos, cosa que a mí, al menos, ya me alertó una mijilla y pense: “¿desprendimientos de pedruscos?”.

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Ya uniformados y en perfecto orden, comenzamos expectantes el circuito con las sensaciones que a cada cual nos iba a reportar esta, sin duda, extraordinaria experiencia, recorriendo este magistral enclave que es el Caminito del Rey, comenzando a descender por el Valle del Hoyo para adentrarnos en el desfiladero de los Gaitanes.

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El Caminito del Rey, como la mayoría de vosotros ya sabéis, comienza en el término municipal de Ardales, atraviesa el de Antequera y finaliza en el Chorro-Álora, siendo éste una de las atracciones mas interesante de nuestra región, visitada diariamente por miles de turista.

Esta increíble construcción, ubicada en los alrededores de las paredes de la garganta de los Gaitanes, es un camino adosado al desfiladero mediante una serie de pasarelas de más de 3 Km. de longitud, llegando algunas de ellas a alcanzar los 105 m. de altura con, a penas, un metro de anchura.

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El desfiladero de los Gaitanes es una impresionante obra de la naturaleza que el ser humano ha potenciado inicialmente con fines industriales. Ante la necesidad en el siglo XX de energías eléctricas, deciden utilizar el desnivel existente entre la entrada y salida del desfiladero para construir una presa y, así, aprovechar ambos saltos para generar electricidad.

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La excavación de este canal de agua desde los embalses del norte hasta El Chorro, se realizó para dar servicio a la Sociedad Hidroeléctrica del Chorro, propietaria del salto del Gaitero y del salto del Chorro, fundada el 26 de julio de 1903 por D. Rafael Benjumea y Burín.

En aquella época, las comunicaciones eran precarias, por lo que la Sociedad Hidroeléctrica decide construir un camino entre ambos saltos de agua para desplazarse y poder realizar el mantenimiento de dicho canal, ya que era imprescindible crear entre la capital y las obras en la central un acceso para facilitar el paso de operarios, transporte de material y vigilancia.

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Esto fue, principalmente, lo que motivó la construcción de las antiguas pasarelas inicialmente denominada “Los balconcillos” y que aún destacan sus restos por debajo de las actuales que,
a día de hoy, se utilizan exclusivamente para fines de divulgación turística y cultural.
Las obras se iniciaron en 1901, comenzando junto a las vías del tren y recorriendo el Desfiladero de los Gaitanes, logrando con ello comunicar el paso entre ambos lados, finalizando su construcción em 1905. Para inaugurar esta singular obra, en 1921, el Rey Alfonso XIII se desplazó hasta el lugar recorriendo el camino por sus pasarelas. A partir de entonces, se decidió llamarlo “el Caminito del Rey.

Estuvo cerrado más de quince años por la peligrosidad y el deterioro, posteriormente restaurado el 28 de marzo de 2015, abierto de nuevo al publico como una de las ofertas turísticas más demandadas a día de hoy.

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Durante más de 3 h. caminando por estas imponentes pasarelas, siempre alerta y con cierto “miedito” pero alegres y felices por las espectaculares vistas que desde semejante altura disfrutábamos, no perdimos detalle del lugar, dejando constancia en numerosas fotos.

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Por suerte, el tiempo se alió con nosotros y nos acompañó un esplendoroso día con el toque justo de sol y brisa, facilitando nuestro agradable camino, cosa qué, dada las altas temperaturas que estos días veníamos padeciendo, agradecimos sobremanera tanto nuestro grupo como el resto de personas venidas de otros puntos del planeta.

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Seguimos caminando alucinados con tanta belleza, llegando a un mirador tipo balcón compuesto por una plataforma transparente, desde donde podíamos apreciar la profundidad del acantilado. No penséis que todos se atrevieron a asomarse, ya que el lugar es realmente impresionante, rozando el susto.

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Doy fe de que la sensación fue increíble, sintiendo que tenía el mundo  a mis pies.

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Para muestra un botón (esos son mis pies)

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Otra curiosidad del entorno es un túnel convertido en refugio de varias especies amenazadas de murciélagos, lo que les permite su reproducción y salvaguarda de peligros y amenazas externas.

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Igual de sorprendente es la imagen de un fósil incrustado en una de las paredes del acantilado en perfecto estado de conservación que puede pasar desapercibido y que tuve la suerte de ver y admirar. Esto nos indica que esas zonas eran fondos marinos en la era del Jurásico.

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A pesar de que es justo reconocer que la organización lo tiene todo muy bien montado a fin de evitar aglomeraciones para que todo transcurra con la mayor seguridad, a veces se les escapa de las manos por la cantidad de situaciones curiosas que en estos pintorescos parajes pueden ocurrir, y como anécdota de nuestra bonita excursión, de las miles que por allí se darán diariamente, un simpático chico, vigilante, nos tuvo un buen rato retenidos, ya que, al parecer, se estaba celebrando, unos metros más adelante, una pedida de mano. (Bueno, pues enhorabuena a la pareja y que les dure muchos años, ya que comienzan su andadura con miras muy altas).

Mientras tanto y para aprovechar el tiempo de espera, nos colocamos en pelotón y conmemoramos este precioso día haciéndonos la habitual foto oficial de grupo, para nuestra revista o cualquier otro uso que cada cual quiera darle.

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Antes de terminar el recorrido, nos quedaba el plato fuerte, un puente colgante de acero de  30 m. de longitud y 100 m. de altura con el río Guadalhorce a los pies, que atraviesa el acantilado de lado a lado, con el suelo de rejillas donde mejor no mirar, sobre todo si padeces vértigo. Al pasar por él, sentías un gracioso meneo que te ponía los pelos de punta y no precisamente por el viento ¡No! Aunque, realmente, lo verdaderamente impactante no fue cruzarlo, lo chungo fue decidir hacerlo.

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¿Veis esa turista que viene en primer lugar? Se quedó inmóvil en medio del puente y no pasaba ni para un lado ni para otro. No sé si es que estaba paralizada o le gustaba el movimiento cimbreante del largo puente, pero ahí estaba, anclada, sin mover un solo musculo de su cuerpo, mientras todos los demás iban circulando. Me pregunto si lo que quería era aparecer en todas la fotos que íbamos tomando todos los demás.

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Una vez fuimos cruzando todo el grupo esta indescriptible e impresionante obra de ingeniería que permite el acceso de un lado a otro del acantilado, nos dirigimos, unos más inquietos y otros más tranquilos, hacia el final del recorrido (Menos nuestra amiga la del puente, que aún sigue ahí, según me informan por el pinganillo desde la organización).

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Bajando ya por los últimos metros de las escaleras de madera que aún nos quedaban por recorrer, divisamos al fondo la central eléctrica Nuevo Chorro y el embalse Tajo de la Encantada.

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Poco a poco, llegamos a la parte más ancha del recorrido y subimos por encima de la pasarela metálica del puente ferroviario del Gran Capitán.

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Maravillosas vistas desde estas pasarelas del Viaducto de los Albercones, un impresionante puente de piedra construido en el Caminito del Rey/Ardales a principios de siglo XX para permitir el paso del tren.

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Sin apenas darnos cuenta, concluimos el circuito, que no sé a los demás, pero, particularmente, me supo a poco ya que hubiese deseado dar la vuelta y comenzar de nuevo  el recorrido a la inversa, con la curiosa seguridad de encontrar otros muchos rincones y detalles que, presumiblemente, se me escaparon en mi primera visita a tan alucinante lugar.

Finalizando, todos nos dirigimos desde la parte Sur y final del recorrido hacia el autobús, que nos desplazaría hasta la parte Norte desde donde habíamos partido, ya que al ser esta una ruta lineal, tenemos que volver a su inicio para recoger los vehículos, a no ser que te queden ganas de caminar y vuelvas a pie, aunque no era ese nuestro caso, entre otras cosas porque  el estomago ya estaba protestando y demandaba cervecita y buenos manjares.

En ese aspecto, no hubo ningún problema ya que almorzamos en el Kiosko, un restaurante justo al lado de donde teníamos los coches aparcados, con agradable y dispuesto servicio y extenso menú con varios platos a elegir, todos buenísimos y abundantes que a más de uno  nos costo trabajo darle buena cuenta.

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En esta imagen, nuestros coordinadores de ruta y compañía esperan ansiosos que les sirvan  el condumio para recuperar las fuerzas perdidas con tantas subidas y bajadas.

Una vez reposados del agradable almuerzo, nos dirigimos cada cual a su vehículo, tomando camino de vuelta muy contentos de haber realizado esta bonita ruta, la primera oficial del cuatrimestre, ¡Comenzamos bien! Esperemos que la climatología de este año nos permita seguir organizando futuras rutas y que todos y todas las disfrutemos.

¡Nos vemos pronto!

COMENTARIO DE LA RUTA A LA RIBERA DEL GAUDARES EL DÍA 28 DE ENERO DE 2018 por Santiago Sánchez

Jueves, 3 de Mayo de 2018

GALAROZA-CASTAÑO DEL ROBLEDO por Paco Caro

Domingo, 11 de Marzo de 2018

Mide 1112.
Distancia 13 kms.
Lineal.
Coordinadores: Javier Cabello y Maria José Soto.
Crónica de Paco Caro Sánchez.

Cada ruta tiene su encanto y la que hoy 25-2-2018 nos toca, sin lugar a dudas lo tiene. En el programa del club, consta como Galaroza-Castaño del Robledo.

Galaroza se encuentra en pleno Parque Natural de Sierra de Aracena y Picos de Aroche, igual que Castaño del Robledo. No se tiene claro su origen, pero parece que sea islámico, ya que tiene asumido que el origen de su topónimo puede venir de Al-Jaroza, este puede tener varias interpretaciones: Valle de las Rosas, Valle de las Doncellas o Valle de las Desposadas. En 1563 se independizó y contaba con las aldeas de Fuenteheridos, Las Cañadas aparte de las actuales Navahermosa y Las Chicas. En 1594, Galaroza y sus aldeas formaban parte del reino de Sevilla. Durante el otoño, estos pueblos y sus senderos se tiñen del color de las hojas de sus castaños, dejando imágenes realmente bellas para quienes los visita.

El Parque de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, se localiza en el extremo más occidental de Sierra Morena. El territorio que ocupa fue declarado espacio protegido el 18-7-1989. Comprende 18 municipios, a excepción de Aracena y Cortegana todos son pequeños.

Castaño de Robledo en 2016, contaba con 206 habitantes, siendo el municipio más pequeño y el de más altitud (738 m.) de la provincia de Huelva. Como personaje más ilustre cuenta con Tomás Muñiz Pablo, arzobispo de Santiago de Compostela y procurador en Corte.

Los albores del municipio datan aproximadamente de mediado del siglo XVI, con la formación de una aldea por varios vecinos de Aracena. De esta época data la constante sustitución del bosque de Robles por bosque de Castaños, cuestión que decide el nombre de la pedanía. Su iglesia inacabada la conocen en el pueblo por: “El Monumento”, “La Nueva”, o “Del Cementerio”, ya que durante bastante tiempo su interior funcionó de cementerio, hasta que en 1940 se construyó un nuevo camposanto donde se trasladaron todos los restos.

Parte de la ruta del sendero que nos interesa discurre paralelo al rio Múrtiga (80,88 kms. de longitud) que nace en la fuente de Los Doce Caños en Fuenteheridos. Durante su recorrido hacia el oeste, riega numerosas vegas y huertas para desembocar en el río portugués Ardilla. Este río, a su vez, desemboca en el Guadiana. La otra parte del sendero va también paralelo a la ribera de Jabugo, que se cruza con dicho rio Múrtiga en las cercanías de Castaño del Robledo. Haciendo las veces de afluente de este.

Es de rutina que cada vez que iniciamos una ruta valoremos si el día nos es favorable, hoy el día prometía, por lo que algunos optamos por dejar alguna ropa en los coches pensando que nos sobraría, como efectivamente fue. ¡El buen tiempo es siempre tu mejor aliado! Mi consejo es que lo valores en su medida, porque te puede pasar que seas vencido como Felipe II en el Canal de la Mancha con la “Armada invencible”.

El desayuno lo solemos hacer en Arroyo de la Plata. Es un lugar cómodo debido a que hay varios bares y así, tenemos la posibilidad de repartirnos, con el objeto de que nos atiendan antes y ganar tiempo. También hay sitio suficiente para aparcar los coches, a veces, este capítulo resulta un problema. Se aclaran los últimos comentarios sobre la ruta; por ejemplo, dónde aparcamos cuando llegamos y qué itinerario seguimos.

Iniciamos la ruta partiendo desde la carretera, en un camino que hay cerca del restaurante Venecia. En esta ocasión, bajamos hasta el conocido camino de La Mimbrera. Allí nos reagrupamos por iniciativa de los coordinadores. Sumamos en total 34 senderistas dispuestos a pasar un día haciendo lo que más nos gusta, estar en contacto con la naturaleza. Cruzamos la ribera de Jabugo, unos por un pequeño puente de madera y otros, “los más osados”, por el escaso caudal que llevaba el rio debido a la gran escasez de lluvia.

Hasta Castaño del Robledo, el sendero va subiendo con más o menos dureza. En una rampa de hormigón, nos pregunta el coordinador si tomamos la fruta (requisito indispensable cuando vamos de ruta). Personalmente, yo valoro mucho esta actitud de mi compañero y coordinador ya que su pretensión es que todos vayamos relajados y a nuestro aire, eso dice mucho de él. ¡Así da gusto!

Otro punto y aparte merece la coordinadora debutante, María José, que durante todo el camino se preocupa hasta del más mínimo detalle. Gracias, muchas gracias, compañera. Nos contagias tu alegría.

Antes de llegar a Castaño del Robledo, hay un húmedo encinar. Posteriormente, podemos ver olmos, alcornoques, castaños hasta la plaza del Calvario. Desde allí escuchamos el sonido de las campanas del pueblo. Otros como el ladrido de los perros, el dondón de los cencerros, el balar de las ovejas y el rumor del agua entre las piedras pronto quedan atrás. Los sentidos se despiertan ante la grandeza del campo, se aprende del lenguaje de la naturaleza. Al paso por la frondosa ribera, se echa de menos el canto de los pájaros cuya ausencia se debe a la época del año y me viene a la memoria aquello que alguien dijo una vez:

Por mayo era, por mayo,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados,
van a servir al amor.

El sendero está sediento y cubierto de hojas secas del paso del otoño, pero eso no le quita ninguna autenticidad al campo. Pronto aparecerá la esperada lluvia que aplacará la sed del polvoriento camino. Pero eso no le quitará ninguna autenticidad al campo.
Ya en el pueblo nos dirigimos a la Ermita del Cristo de la Verónica, cuyo enclave está al pié de la carretera que va a Fuenteheridos. El pequeño tramo, que nos lleva hasta allí, va subiendo hasta la misma entrada de la ermita. Es un lugar de descanso con sombra. Hay mesas, bancos y una fuente donde saciar la sed.

De regreso de la Ermita, nos reagrupamos en la plaza del Álamo que se ubica en el corazón del pueblo. Unos sacan las viandas de las mochilas para recuperar fuerzas, otros prefieren probar productos de la tierra (entiéndase productos del cerdo ibérico). El Sol colabora durante el merecido descanso. Charlamos animadamente, ya sólo nos queda regresar. Da cierta pereza iniciar la vuelta, abandonar aquel sitio tan agradable, pero hay que superarlo. Nos anima pensar que todo el camino es en descenso.

En la plaza que hay en Galaroza se da por terminada la ruta, no sin antes tomar café y unas tartas, cortesía de los coordinadores. Después de felicitarlos y darles las gracias por su buen hacer, volvemos a casa con las pilas bien cargadas.

QUEJIGALES-PEÑÓN DE LOS ENAMORADOS (P.N. S. de las Nieves) por Paco Caro

Jueves, 25 de Enero de 2018

MIDE: 2323.
Distancia: 14 km.
Desnivel: 605 m.
Circular
Coordinadores: Alfonso Piñero Alcón y Pepe López
Crónica: Paco Caro Sánchez
Fotos: Pepe López y Pepe Morgado

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Según lo programado, el 7 de enero 2018, hicimos la ruta de la Sierra de las Nieves, una clásica en nuestro club. En un principio, se pensó en una ruta de 14 km., subir al Peñón de los Enamorados desde el Cortijo de los Quejigales y bajar por la senda de los 1500, pero debido a la meteorología adversa, no pudimos completarla. Me decidí a hacer la crónica por dos motivos, uno porque la primera vez que fui a esta ruta, me impresionó su extraordinaria belleza y dos, porque cuando la vi nevada, sentí la necesidad de relatar mi impresión de aquella gran obra de la naturaleza.

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La Sierra de la Nieves debe su nombre a que, antiguamente, los lugareños mantenían almacenada la nieve durante todo el año en los neveros y aprovechando la noche, la bajaban con mulas, distribuyéndola por pueblos y ciudades. La superficie del parque es de 20.163 hectáreas, siendo el pinsapar de más extensión del mundo. Conserva ejemplares cercano a los 500 años como el de la Escalera; también hay un castaño de 800 a 1000 años. En la reserva de la Sierra de las Nieves, se integran un total de doce municipios, algunos de ellos agrupados bajo la comarca del mismo nombre: Alosaina, Casarabonera, Tolox, El Burgo, Yunquera, Monda, Guaro, Istán y Ojen, a ellos se suman las localidades de Ronda, Serrato y Parauta. En el refugio de Los Quejigales y cerca de la Cañada de las Ánimas, hay una placa, como homenaje a Francisco Molina conocido por “Frasquito el guarda”, fueron cincuenta años de entrega, entusiasmo y dedicación plena al cuidado del Parque.

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Con determinación, coraje y con la mochila al hombro, 13 compañeros y amigos decidimos caminar hasta que el tiempo nos lo permitiera. Partimos del Área recreativa del cortijo de los Quejigales, donde los guardas forestales, nos indicaron que pusiéramos los coches de cara a la pista. Supongo yo que para una mejor maniobra en caso de urgencia. También nos informaron de que para las 14.00 h se preveía una nevada, lo que tuvimos presente en nuestro recorrido, aunque nosotros teníamos información por los medios habituales.

Anduvimos unos metros, cruzamos el arroyo de Las Carboneras a través de un pequeño puente de madera y comenzamos la subida al Puerto de los Pilones que se encuentra a 3,3 km. Y 470 m de desnivel. Tres compañeros decidieron hacer otro recorrido evitando las zonas con placas de hielo que podrían dar lugar a resbalones en las bajadas. La mañana era fría pero entramos pronto en calor, debido a la exigencia de la subida Entre restos de ramas caídas y siguiendo el sendero marcado por los que nos precedieron, nos apresuramos para llegar hasta los 1750 m donde está el Puerto de los Pilones, con las consiguientes paradas para las fotos y así, perpetuar lo que veíamos.

Atrás iba quedando el bosque, subimos hasta una zona abierta donde el viento arrecia y la sensación de frío aumenta. Llegamos al Puerto de los Pilones, en aquella gran meseta desde donde los días claros se puede ver el Torrecilla que, con sus 1919 m. es el más alto del parque y el segundo de la provincia de Málaga, el más alto es la Maroma con 2066 m. También podemos ver Gibraltar, África y parte de las provincias de Málaga, Córdoba, Sevilla y Cádiz.

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Decidimos seguir hasta el Pozo de las Nieves, el viento sopla con fuerza, la niebla se hace más densa, pero el plan era llegar hasta allí, y emprender el camino de regreso. Hacemos una pausa para, como nosotros decimos, “tomar la fruta” y recobrar fuerzas. Antes de lo que creíamos, nos encontramos en el mencionado Pozo de las Nieves, para después bajar, a petición de la mayoría, por la Cañada de las Ánimas. Como estaba anunciado, aparecen los primeros copos de nieve. Las vistas son extraordinariamente bellas. En ese momento, pensé en Roald Amundsen, aquel aventurero noruego que conquistó la Antártida; es de suponer que nuestra aventura ni de lejos se parece a aquella gran hazaña, pero a mí que soy de natural imaginativo, se me vino a la memoria, será que siempre la consideré cerca de lo imposible.

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Bien a mi pesar, vi que me tenía que despedir de aquel entorno cautivador “y estando en esto”, como diría Cervantes, llegamos a la pista que nos llevaría a nuestro punto de partida. Tomamos un refrigerio, cambiamos las botas por otro calzado y nos vamos para casa, al menos yo, con la sensación de haber vivido un sueño.
Dedico esta crónica a mi nieta María del Mar, y al mismo tiempo, la invito a que aprenda a disfrutar de la naturaleza en estado puro, para que descubra una fuente maravillosa de bienestar, salud, conocimiento, belleza y una apacible manera de vivir.

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Subida al Pico de la Gallina (Montes de Propios de Jerez) por María Luisa Laviana

Viernes, 30 de Junio de 2017

En sus 21 años de existencia nuestro club habrá hecho más de mil rutas, la mayoría de senderismo por Andalucía, y eso hace que vaya siendo cada vez más difícil encontrar itinerarios novedosos, que nunca antes se hayan hecho en el club y que además estén a una distancia prudente. Pero gracias a Concha Cabezuelo y Pepe López, el domingo 7 de mayo de 2017 un grupo de 30 senderistas pudimos disfrutar de una ruta nueva, con un bonito y sugerente nombre: Subida al Pico de la Gallina, en los Montes de Propios de Jerez. En cuanto la vi en la programación del club, esta ruta me llamó la atención por su nombre y porque supuse que estaría muy cerca de Jerez, ciudad que visito con frecuencia pero nunca me había fijado en que hubiera montes y algún pico significativo por sus alrededores. Y con razón, porque resulta que los llamados Montes de Propios de Jerez están a algo más de 60 kilómetros de esa ciudad.

¿Por qué unos montes que geográficamente pertenecen al Parque Natural de Los Alcornocales y están más cerca de municipios como Algar o San José del Valle, o incluso Alcalá de los Gazules o Ubrique, pertenecen sin embargo al ayuntamiento de Jerez de la Frontera? La respuesta está en la Historia: ese territorio fue donado a Jerez en el año 1300 por el rey Fernando IV, junto con el castillo de Tempul, concesión ratificada luego por su hijo Alfonso XI; eran tiempos de la llamada “reconquista”, y los monarcas al conceder esa importante jurisdicción territorial a una ciudad de “realengo” seguramente pretendían impedir el control de los nobles o de las órdenes militares sobre una zona estratégica y muy rica en recursos forestales. Durante más de siete siglos estos montes han sido bienes comunales, “propios” de los vecinos de Jerez y administrados por su ayuntamiento, que desde 1988 lo hace a través de EMEMSA (Explotación de los Montes de Propios Empresa Municipal S.A), empresa que gestiona la explotación y conservación de esos montes y concede los permisos para hacer los senderos, para alquilar alojamiento en el cortijo de Rojitán y para algo que personalmente detesto: las monterías y las batidas de corzos y cochinos (jabalíes) en el coto de La Jarda.

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Hay que señalar también que en las últimas décadas del pasado siglo los Montes de Propios estuvieron prácticamente cerrados e inaccesibles para sus dueños, es decir, “el común” de los ciudadanos de Jerez. Pero en el año 2001 varios colectivos se unieron en la Plataforma para la Regulación del Uso Público de los Montes de Propios de Jerez, que en pocos años logró la apertura de los montes y la progresiva señalización de itinerarios. Actualmente son ya nueve los senderos, con longitudes comprendidas entre 4,3 y 18,4 km: Arroyo del Parral, Brañahonda, Casas del Quejigal, Casa de Torres, Cerro del Charco, La Albina, Montifarti, Pico de la Gallina y Rojitán. En total 88,9 km señalizados.

Uno de ellos es el del Pico de la Gallina, con 15 km, 355 metros de desnivel y MIDE 1213, aunque el letrero oficial del sendero dice “Dificultad Media-Alta”, lo cual a mí me parece contradictorio con ese MIDE. El pico en sí, con 798 metros de altura, es la cota más elevada de la Sierra de la Gallina y, por tanto, también de los Montes de Propios. Ese sería nuestro objetivo.

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La mayor parte del grupo senderista había salido temprano de Dos Hermanas y desayunado en Montellano, reuniéndonos todos (algunos compañeros venían de Arcos, otros de Jerez) en el mismo punto de acceso a la ruta: en la carretera provincial CA-503, dirección del Charco de los Hurones a Puerto Gáliz, pasado el km 12, a la izquierda hay una cancela que enseguida nos abrió el guarda, advertido de nuestra llegada por los coordinadores, que previamente habían obtenido el permiso. Cerca de la casa del guarda está la señal de inicio del sendero y un panel con una completa información de la ruta, y ahí mismo hay una zona habilitada para dejar los coches. Todo eran facilidades.

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Un poco pasadas las 10:30 empezamos a caminar por una pista forestal, siempre en subida constante y suave, y enseguida entramos en uno de los famosos “canutos” de Cádiz, un tipo particular de bosque de galería que se da a lo largo de los arroyos de las sierras cercanas al mar, donde chocan los vientos húmedos del Estrecho, en este caso el Arroyo de las Palas, en cuyos márgenes va el canuto del mismo nombre. Ahí encontramos bien señalizados algunos pequeños manantiales con nombres poco imaginativos: manantial de Abajo, manantial de Enmedio, y quién sabe si habrá un manantial de Arriba, que yo no vi (de todas formas los manantiales estaban tan escondidos que si no era por los letreros creo que ni los hubiéramos visto). Siguiendo al coordinador, nos desviamos un poquito de la pista para acercarnos a una zona de vegetación frondosa, donde destacaba un gran rododendro, también llamado ojaranzo (Rhododendron ponticum subsp. Baeticum, una especie endémica de esta zona), que fue un auténtico photocall o “fotocol”.

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La ruta transcurre plácidamente, entre alcornoques y quejigos, mezclados a veces con laureles y madroños, entre sombra y sol que se van alternando, con una temperatura maravillosa gracias a la permanente brisa, y a medida que vamos subiendo en zigzag disfrutamos de bonitas vistas, como la del embalse de Guadalcacín, sobre el río Majaceite, y al fondo Arcos de la Frontera. Pista y vistas, sierra y árboles, ese es por ahora el resumen de esta bonita ruta.

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En medio de tan hermosa naturaleza, nos llama mucho la atención una especie de grandes jaulas-comederos que según explican algunos compañeros se utilizan para poner comida y acostumbrar a los animales a acudir confiados, facilitándose así la tarea de los cazadores… ¡Qué odioso me resulta todo lo relacionado con la caza supuestamente “deportiva”! Llegamos a un cruce de caminos, señalizado, seguimos por la derecha y parece que volveremos por el camino de la izquierda. La pendiente se endurece un poquito, aunque se hace sin dificultad; en esta zona más alta lo que hay son pinos de repoblación, jaras, brezos, cantuesos. Un poco pasadas las 12:30 vemos a lo lejos el Pico de la Gallina, que corona una cresta de rocas blanquecinas en la cima de la sierra (cresta que supongo será lo que le da el nombre). Sin embargo el perfil del pico queda ahora un poco deslucido por una casa que hay justo al lado, sobre las rocas, una especie de torreta con una gran antena en el techo, que forma parte del llamado Sistema Bosque, un dispositivo de detección de incendios que está conectado con el Centro de Defensa Forestal (Cedefo) de Alcalá de los Gazules; parece que de junio a octubre hay dos guardas que se turnan en las labores de vigilancia desde esa torre.

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La pista por la que subíamos da paso a un cortafuegos que va junto a una alambrada de una finca particular (la dehesa El Marrufo, que formaba parte de los Montes de Propios hasta mediados del siglo XIX, cuando se vendió), y ese tramo último es en esta época del año un placer para la vista gracias a la gran cantidad de jaras pringosas con sus blancas y resplandecientes flores.

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Pasamos una cancela y poco antes de la una del mediodía estábamos ya en el pico, algunos arriba del todo, junto al vértice geodésico, al que no hay otra forma de llegar que no sea trepando por las piedras, en medio de un fuerte viento, lo que disuadió a algunos que nos conformamos con el balconcito de la casa.

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Desde uno u otro sitio, todos contemplamos las espectaculares vistas del Parque de los Alcornocales y gran parte de la provincia de Cádiz, incluyendo la Sierra de Grazalema y el Peñón de Gibraltar, y seguramente en días despejados se ve también el norte de África.

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Unos minutos disfrutando de la magnífica panorámica, una imprescindible foto de grupo y abandonamos el pico de la Gallina retrocediendo por el mismo camino entre jaras en flor.

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Enseguida nos desviamos a la derecha (sendero señalizado), entrando por un pinar que pronto da paso a un bosque de alcornoques, con sus troncos pelados de corcho, que se yerguen sobre una alfombra de grandes helechos salpicados de unas preciosas flores amarillas.

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Tras unos veinte minutos caminando por ese delicioso paraje nos paramos en un lugar cualquiera en medio de esa maravilla para seguir disfrutando del entorno y de los bocadillos, sin olvidar los bombones obsequiados por los coordinadores (nuestro club es tan especial que los coordinadores de rutas, además del trabajo preparatorio que hacen, además de la responsabilidad que asumen guiándonos a todos, resulta que encima suelen invitar a los participantes ya sea a bombones, bizcocho, café, cervecita, o lo que proceda; los “señalycamineros” somos así de elegantes). Esta vez la parada para comer duró algo más de lo acostumbrado y creo que estuvimos casi media hora (¡aleluya!) en este lugar lleno de serenidad, sombra y fresquito.

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Seguimos luego nuestro camino, ya siempre bajando, disfrutando de la misma rica vegetación y el paisaje que a veces se abría para dejarnos ver los perfiles de las sierras cercanas (cuyos puntos más significativos eran perfectamente reconocidos por varios compañeros, que decían nombres muy familiares para todos: el Salto del Cabrero, el Picacho…), y las grandes rocas blanquecinas desperdigadas en medio del verdor, en ocasiones con cuevas a cuyo abrigo uno imagina historias llenas de vida.

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Recuerdo que en el último tramo de repente el camino casi desapareció y nos vimos bajando con un poco más de dificultad, lo cual dio pie a comentarios del tipo: “ya me extrañaba a mí…”, “no, si conociendo al coordinador, algo de esto tenía que haber…”. Debido al desnivel, las piedrecitas y la tierra suelta hubo algún que otro resbalón, y tres o cuatro senderistas ensayaron diversas formas de la técnica del cuerpo a tierra. Contrastando el mapa de la ruta que hicimos (dos cortos tramos lineales al inicio y final y dos tramos circulares en medio, formando un ocho) con el que figura en el letrero oficial del sendero (un largo tramo lineal de ida y vuelta, y solo un tramo circular) se ve claramente la variante que introdujeron los coordinadores, y que nos llevó a atravesar el arroyo del Parral y luego el de las Palas, en plena dehesa de La Jarda.

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Acabado el tramo de la emoción nos reagrupamos y pronto enlazamos con la pista inicial del sendero, por la que hacia las 16:30 llegamos a los coches, todos encantados de la vida y dispuestos a culminar la bonita jornada compartiendo otro rato de conversación en torno a un café, refresco o cerveza en la venta de Puerto Gáliz.

Muchas gracias Concha y Pepe por regalarnos una vez más una ruta inolvidable, que en su día disfruté mucho y ahora he disfrutado otra vez al rememorarla.

[Fotos: Pepe López y Manolo Sánchez]

PICO MÁGINA (Techo de Jaén) por Mercedes Ruiz

Lunes, 22 de Mayo de 2017

Distancia: 12 km.
Desnivel acumulado:715 m
MIDE.: 2233
Duración: 5h 40 min.
Trazado: semicircular
Coordinadores: Quino Díaz y Manolo Sánchez.
Fotos: Manolo Sánchez, Pepe Morgado y Juan Manuel Suviriz.

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El domingo 14 de mayo un grupo de 14 senderistas de Señal y Camino y un invitado del Club Camino y Jara de Algeciras nos dirigimos al Parque Natural Sierra Mágina para hacer una ruta clásica en nuestro club, el techo de Jaén perteneciente a las ocho cumbres andaluzas. Once de nosotros lo hacemos por primera vez. Sierra Mágina se ubica en la parte central de la provincia jiennense y por su lejanía, es aconsejable la pernoctación el fin de semana. Algunos ya están en el lugar desde la noche anterior; otros salimos el mismo día, a las 6.30 de la mañana desde Dos Hermanas.
A las 7.45, cumpliendo con el horario previsto, llegamos a la venta El Hacho en el km 117,3 de la A-92 para desayunar y cuál fue nuestra sorpresa cuando vimos que estaba cerrada. Esperamos a los demás y decidimos ir a otra venta más adelante. Al bajar del coche noto el frío de la mañana y unos nubarrones amenazan nuestras cabezas. Los pronósticos del tiempo son favorables en la zona de Sierra Mágina y no quiero pensar que no se cumplan.

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En el km. 17,5 de la carretera A-324 que va desde Huelma a Cambil y junto a las instalaciones de CEDEFO (Centro de Defensa Forestal), nos desviamos a la derecha por la pista forestal Cañadas de las Cruces que nos lleva al Cortijo de la Tosquilla. El camino se puede transitar con los turismos, sin embargo algunos tramos bordean los acantilados y toda la precaución es poca. Cerca del cortijo, en una explanada, aparcamos los coches y sacamos el material de los maleteros para iniciar nuestra ruta. Hace fresco, pero un manto azul salpicado de nubes blancas nos anuncia un día espléndido. No necesito el cortavientos, pero lo guardo en la mochila por si me hiciera falta en la cima de la montaña.

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Detrás del cortijo, empezamos a caminar por una pista que va ascendiendo y que luego, se convierte en un sendero. A continuación, un cartel nos advierte que no abandonemos el camino para evitar la erosión del suelo. Cada vez son más numerosos los grupos que hacemos esta ascensión y entendemos estas recomendaciones. A lo largo del sendero, las señalizaciones con paneles y estacas de madera nos permiten orientarnos adecuadamente. A mitad de la subida, nos encontramos una valla que volvemos a cerrar y pronto llegamos a una bifurcación señalizada con un panel. Hacia la izquierda, vamos al Pico Mágina, elegimos ir a la derecha en dirección al refugio Miramundos, a 2´5 kms. Quino, nuestro coordinador, elige acertadamente este trazado para facilitarnos la subida y posteriormente la bajada, cosa que muchos le agradecemos.

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Ascendemos por el Barranco de las Covatillas hasta el Collado del Puerto. Seguimos adelante por la Hoya de los Tejos hasta el Refugio de Miramundos, donde disfrutamos de unas magníficas vistas de la Sierra de Cazorla y de Sierra Nevada. Se ve que han restaurado el refugio que en años anteriores, según me informaron, parecía mucho más abandonado. Sin embargo, al asomarme a su interior, pude ver que han construido una litera de madera a poca distancia del techo. Tuve una sensación claustrofóbica que no me animó a subir para verla. Algunos compañeros dejaron un mensaje en el libro de dedicatorias para dejar constancia que 15 senderistas de Señal y Camino estuvieron en ese lugar el 14 de mayo.

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Una vez visitado el Refugio de Miramundos hacemos una pausa para “fotos y fruta”. Luego, seguimos adelante por la parte más alta, cresteando, buscando el sendero en dirección al Pico Mágina. No todos los tramos están señalizados y nuestro coordinador nos muestra sabiamente el camino a seguir. El grupo empieza a estirarse y hacemos algunas pausas esperando a los rezagados. Dos de nuestros compañeros, sobrados de fuerzas, se entretienen subiendo a un pequeño pico que vamos bordeando. Los más distanciados, al verlos, piensan que se trata del Pico Mágina y los imitan. Mientras los demás, más adelantados, esperamos recuperando fuerzas para “atacar” el verdadero Mágina “En los momentos en que llegamos a la meta y que pensamos que nuestros esfuerzos serán los últimos, aparecen nuevas metas”, eso debieron de pensar algunos compañeros que subieron al falso Mágina. También pensarían otras cosas que nunca sabremos.

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Una vez unificado el grupo, subimos todos juntos buscando el vértice geodésico. Al llegar arriba, un grupo de Granada está haciéndose unas fotos en el monolito. Ni el viento ni la multitud agolpada en tan poco espacio consiguen borrarme la sonrisa a 2167 m de altitud y percibo en las evoluciones de mis compañeros que ese sentimiento es mutuo. Miro a mi alrededor y es curioso que todavía me asombre ver tantas cumbres juntas: al sur, Sierra Nevada y Sierra Arana; al norte, las cumbres del monte Cárceles y, detrás, las poblaciones de Übeda, Baeza, Sabiote, etc.; al este la cumbre de La Morra de Mágina y, al fondo, los montes de Quesada en la Sierra de Cazorla; al oeste la cumbre de Peña de Jaén y del Almadén. Todos posan con sus mejores sonrisas abrazando una piedra donde alguien ha escrito con letra manuscrita: Pico Mágina (2164m). ¡Tres metros no son nada entre tanta belleza!

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Unos minutos más tarde, empezamos la bajada. Pasamos delante de un antiguo pozo de nieve y me detengo a observarlo. Antiguamente, en primavera, con las últimas nevadas, se cortaba la nieve con palas y se transportaba hasta los pozos donde se apisonaba para darle consistencia. Luego, se cubría con ramas y tierra compactada. En verano se llevaba esa nieve a lomos de mulas a los hogares de las poblaciones cercanas. Esta actividad duró desde el siglo XVII hasta mediados del XX que desapareció con la llegada de las cámaras frigoríficas.
Sobre las tres de la tarde, hambrientos, nos paramos a almorzar, resguardados del viento, detrás de unas rocas. Los bombones de Manolo, nuestro coordinador, endulzan los paladares. Observo a mi alrededor las formaciones de roca dura y compacta e imagino cómo la acción de los agentes meteorológicos, durante millones de años, han ido conformando el paisaje kárstico y me parece fascinante.

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Media hora más tarde, seguimos nuestro camino, descendiendo hacia unos antiguos refugios de pastores y corrales de ovejas que han sido reconstruidos por la Red de Voluntariado Ambiental del Parque Natural de Sierra Mágina. La bajada es mucho más fácil y al haber recobrado fuerzas con la comida y el descanso, se nos nota más animados. Seguimos adelante y pronto llegamos a la pista forestal enlazando con el camino que hicimos a la ida.
Finalmente, desde arriba diviso los coches cerca del Cortijo de la Tosquilla, satisfecha de haber disfrutado con esta ruta y con ganas de volver por estas tierras jiennenses que fueron las que vieron nacer a mi padre. Recordando a mi padre y a Antonio Muñoz Molina (no es que mi progenitor tenga algo que ver con el famoso escritor o ¿sí?), me ha venido a la cabeza cierta frase que dice que “la patria del hombre es su infancia”; algo que nuestro ilustre escritor puso en práctica en el Jinete Polaco donde nos habla de MÁGINA como un lugar imaginario. Perdonad la digresión pero yo me entiendo.

CERRO CASCAJARES-PEÑÓN DEL ROBLEDAL por Mercedes Ruiz

Viernes, 10 de Marzo de 2017

Ruta circular y lineal
M.I.D.E.: 2233
Desnivel acumulado: 640 m.
Distancia: 13,30 km.
Tiempo recorrido: 5 h.
Fotos: Pepe Morgado y Pepe López.

El martes 28 de febrero 2017, día de Andalucía, 28 senderistas nos dirigimos al P.N. Sierra de las Nieves para hacer una bonita ruta de media montaña que demuestra que todos somos capaces de coronar cimas aunque sea a un ritmo más lento. Hoy doble estreno: Curro Caro y Ricardo de Ruz hacen su primera ruta como coordinadores y también viene una pareja nueva de senderistas.

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El Cerro Cascajares (1416 m.) o Las Cascajeras (así llamado porque se trata de dos cerros gemelos, uno más alto que otro) está situado en la Sierra Blanca de Igualeja, con el Peñón del Robledal se encuadran en un interesante entorno forestal, geológico y paisajístico. Existe un contraste muy evidente entre las zonas de piedra caliza y matorral donde se ubica el Cerro Cascajares y las zonas más frondosas de bosques, de tierra roja, del Peñón del Robledal, así como las explotaciones mineras a cielo abierto con canteras de mármol y minas de magnetita y peridotita. Asimismo, podemos considerar esta ruta bastante completa porque no solo hacemos deporte y disfrutamos de la naturaleza, sino que también aprendemos de los compañeros más eruditos.

Procedentes de Ronda, por la carretera que va a San Pedro de Alcántara y pasando el desvío de Igualeja, nos encontramos de frente un cártel que anuncia la entrada al Parque Natural Sierra de la Nieves. Nos desviamos a la izquierda por un camino al principio asfaltado y luego de tierra que nos lleva a los Quejigales. En el primer aparcamiento, más amplio que los demás, dejamos los coches. Curro, nuestro coordinador, nos informa que en la siguiente explanada hay bastante barro, así que iniciamos nuestra ruta desde este punto.

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Al salir del coche, noto una rasca que me obliga a ponerme el cortavientos, una sensación que no me desagrada a pesar de lo desapacible del día. Después de colocarnos las botas y las mochilas, regular los bastones, ya estamos preparados para iniciar nuestra ruta. Los coordinadores marcan un ritmo tranquilo para que el grupo no se extienda demasiado.

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Seguimos. a nuestra derecha, por el Camino de Marbella, paralelo al arroyo de la Fuenfría, dejando a un lado el Camino de Tolox que sube al refugio de los Quejigales. Pasamos por el Descansadero-Abrevadero donde se puede ver numerosas construcciones derruidas que pertenecen a un antiguo cuartel de la Guardia Civil. A nuestra derecha, pasamos el Cerro de los Madroñales (1129 m.) y los Blanquizales y los Helechales, a nuestra izquierda. Seguimos adelante hasta coger un desvío a la derecha por un camino de servidumbre que nos lleva hasta las Minas del Robledal.

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A la altura de las Minas de peridotita y magnetita, cuatro senderistas nos salimos un momento del camino marcado para subir y luego bajar hacia la cantera a recoger alguna piedra de recuerdo. “Trae alguna para mí” oigo desde atrás. Como conocedores de estos minerales, Gregorio y Quino me enseñan a reconocerlos. Vemos piedras negras y azuladas que brillan al sol, otras salpicadas de betas amarillas. Me quedo con una pequeña peridotita densa y de color oscuro que encuentra Gregorio y algunas pequeñas para mis compañeros. Pronto nos reunimos con el grupo. Ricardo bromea con las propiedades culinarias de estas piedras ricas en hierro. ¡Algunos hasta se lo creen!

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Seguimos nuestro camino hacia el Puerto del Robledal. Desde arriba distinguimos una gran cantera todavía en activo y una balsa. Las laderas de la montaña están tapizadas de helechos secos de un tono rojizo en esta época. Desde el Puerto del Robledal (1299 m.) vemos unas magníficas vistas de Sierra Bermeja. Debajo de un mar de nubes, diminutos, se avista el Peñón de Gibraltar y el mar mediterráneo. Queremos quedarnos más tiempo contemplando el paisaje, pero el viento nos lo impide, así que proseguimos nuestro camino por un sendero que sale a nuestra derecha, rodeando el cerro calizo. Resguardados entre las rocas, nos tomamos un tentempié. El grupo se extiende y muchos sobrepasan al coordinador. En este tramo el camino no está marcado y Ricardo, que encabeza la fila, prefiere ir por la parte más baja del collado, es más fácil. Pronto, oteamos el punto geodésico del Cerro Cascajares (1416 m.). “Allí hay que ir”. Mientras vamos subiendo, a lo lejos, divisamos nuestros compañeros que progresan poco a poco, cada uno a su ritmo. La ascensión por terreno pedregoso tiene cierta dificultad y el coordinador de cola ayuda a los rezagados animándolos.

Una vez en el Cerro Cascajares disfrutamos de unas maravillosas vistas de la Sierra de Grazalema, del Valle del Genal, del Torrecilla, de las costas africanas y de Gibraltar. ¿Ha merecido la pena el esfuerzo? Todos nos miramos satisfechos de haberlo conseguido. Animados, nos hacemos, a duras penas, las correspondientes fotos individuales en el monolito y antes de la foto de grupo, cantamos el himno de Andalucía a petición de nuestro coordinador Curro. Nuestra tierra en ese momento nos brinda generosamente toda su belleza.

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Después de tomar aliento, nos decidimos a iniciar la vuelta. La bajada siempre es más fácil y rápida porque desde una posición más elevada se ve mucho mejor el camino trazado. Sin embargo, el viento nos empuja y tenemos que estar atentos para no caer. Bajamos de nuevo hacia el Puerto del Robledal. Una vez allí, progresamos en una subida constante, sin ser excesiva, hacia el Peñón del Robledal (1379 m.). Son más de las dos de la tarde y los estómagos ya hace rato que reclaman su ración de comida. En una ladera donde no sopla el viento, nos instalamos para comer mientras contemplamos el paisaje. ¡Qué bien se está! El sol, hasta ahora casi inexistente, nos regala un momento de placer. Los coordinadores no se levantan y yo ya me coloco la mochila. Una media hora más tarde, algunos compañeros inician la marcha, pero Ricardo reparte unos chupitos con un licor riquísimo y unas pastas. Algunos disfrutamos un momento más de relax.

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Unos minutos después, vamos bajando, a la vez que charlamos. Seguimos un sendero relativamente marcado que nos conduce al Puerto de los Realejos, donde divisamos desde lejos un camión que utilizan para el mantenimiento del bosque y montones de troncos apilados. Seguimos el arroyo del Realejo hacia el Descansadero-Abrevadero de la Fuenfría. A pocos metros de allí, se encuentra el Cortijo de la Fuenfría, lugar donde ocurrió un suceso dramático en 1932. El bandolero, Francisco Flores Arrocha y su sobrino Pedro Flores Jiménez mataron a Salvador Becerra y varios miembros de su familia porque había comprado una finca que Francisco Flores deseaba adquirir. Ese mismo año, el proscrito murió en una emboscada a manos de la Guardia Civil. Pedro Flores fue herido, pero consiguió escapar convirtiéndose en bandolero. Cuando estalló la Guerra Civil, se hizo jefe de las Milicias Populares de Igualeja. Salvó al cura del pueblo y varias personas de derechas, hasta protegió la reliquia de la mano de Santa Teresa, pero esto no impidió que fuera fusilado en 1937, después de que lo convencieran, esas mismas personas que salvó, para que se entregara. Esta serranía está llena de historias como esta que aunque dramáticas, nos hablan de algo más que de la belleza de los lugares.

Finalmente, volvemos por el camino de ida, el de Marbella hasta el aparcamiento con un buen sabor de boca. ¿Será del licorcito y de las pastas de Ricardo?

PINARES DE AZNALCÁZAR por María Luisa Sánchez

Viernes, 17 de Febrero de 2017

Ruta: circular
Distancia: 16 km.
M.I.D.E.: 1223
Desnivel: 170 m
Duración: 6 h
Coordinadores: Nela Quintana y Juan Ortega
Crónica: María Luisa Sánchez
Fotografías: José López Raposo - M. L. Sánchez

¡Hola, compañeros! Me alegra volver a las andadas y me complace tener la oportunidad de ponerle palabras a la que, sin duda, fue una maravillosa jornada de convivencia de manos de Nela y Juan, que el pasado 29 de Enero nos brindaron la oportunidad de visitar unos de los entornos más cercanos y grandioso en cuanto a vegetación, los Pinares de Aznalcázar, uno de los espacios forestales de mayor interés ecológico de la provincia de Sevilla.

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Tras organizar la salida, nos encaminamos hacia La Puebla del Rio. Allí, nos reunimos un gran número de compañeros para tomar un rico desayuno de pan de pueblo y aceite de oliva, unos, y cafelito con churros, otros, a fin de coger fuerzas para pasear y descubrir, durante casi 6 horas, el espléndido y extenso paraje de pinos piñoneros que tuvimos la oportunidad de disfrutar acompañados en todo momento de un fantástico día.

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Al comenzar la ruta, tuvimos un pequeño incidente. Alguien se empeñaba en no dejarnos pasar de la cancela de entrada, aludiendo a que aquella era una zona de pasto, donde mas de 400 vacas recorrerían ese camino y que, según no sé que más argumentos, no era aconsejable que estuviésemos de senderismo por allí. Cosa un tanto extraña, ya que en todo nuestro recorrido no vimos ni por asomo señal ni rastro alguno de que por allí hubiesen pastado vacas en muchos, muchos días.

Lo que si vimos, no en la ruta de a pie pero sí en el entorno, circulando a la salida y entrada de la zona, fueron cantidad de copas de árboles plagadas de nidos de cigüeñas, un espectáculo sin dudas de singular belleza. Los Pinares de Aznalcázar, por su gran extensión y cercanía al espacio natural de Doñana, lo convierten en uno de los puntos de mayor diversidad biológica del Aljarafe.

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Allí, se concentran centenares de aves, entre ellas, flamencos, anátidas, limícolas… Alberga también la mayor colonia de cigüeña blanca de Europa en estado natural, sobre copas de acebuches. Las aves utilizan este hábitat como dormidero, zona de alimentación, nidificación e invernada.

Doscientas cinco especies de vertebrados, entre mamíferos, aves, reptiles y anfibios, se encuentran presentes; en los pinares, lo que indica la gran importancia faunística y que, junto a la diversidad vegetal, componen la extraordinaria fauna y flora en este enclave ecológico llamado Pinares de Aznalcázar y Puebla del Río.

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Volviendo de nuevo a nuestra ruta y haciendo caso omiso sobre el tema de las vacas, nos adentramos en ese inmenso bosque arbolado, compuesto fundamentalmente por pinos piñoneros y matorral mediterráneo (jara, romero, brezo, lentisco, etc.) para disfrutar de cada uno de los tramos de nuestro recorrido delimitado por zona como: Dehesa de las Hermosilla, Dehesa de Covarrubias, Loma de los Socios, Cerro Panaderos, Las Tres Rayas, Cañada Honda y Arroyo Majalberraque.

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Al llegar al arroyo, que en este lugar tenía poca agua y si mucho lodo debido a las lluvias caídas en días anteriores, tuvimos pequeñas dificultades para atravesarlo de un lado al otro por el barrizal que se formaron en sus orillas. Yo misma, al cruzar lo tomé como si de un tobogán infantil ser tratara, deslizándome poco a poco, por suerte, sin consecuencias extremas, solo un pequeño resbalón que tan solo me causó unas risas.

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Tras conseguir cruzar el arroyo, nos dispusimos a seguir por los senderos que, aunque reconocibles y fáciles de transitar, nos obligaban a estar muy pendiente de los coordinadores, ya que, debido a la abundante maleza, era muy fácil despistarse por lo que todos íbamos muy atentos para no quedar rezagados.

Después de un par de horas caminando, se decidió hacer una pequeña parada para tomar una fruta, coger un poco de aliento y seguir mas descansados hacia el espacio donde estaba ubicado un itinerario botánico debidamente señalizado que comienza con un pasillo elevado con suelo de tablones de madera que permite contemplar la diversidad florar de la zona.

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Allí nos hicimos la fotografía de grupo con la pancarta de nuestro club como recuerdo de nuestra visita, como solemos hacer habitualmente en cada ruta.

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Todos nos hallábamos alegres y contentos por el maravilloso día que estábamos disfrutando, puesto que el sol lucía radiante y la temperatura era la ideal para estas fechas. Sin más dilación, seguimos nuestro caminar entre fantásticos colores y olores de las distintas especies florales que allí se concentran.

De las variedades de plantas que nos encontramos en el jardín botánico, se pueden apreciar jaras, lentiscos, coscojas, romero, etc.

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Con la vista y el olfato aún impregnados de agradables sensaciones, el apetito se fue abriendo paso, por lo que decidimos hacer un alto en el camino para tomar los bocadillos, que a buen seguro nos supieron un manjar exquisito tras el esfuerzo y cansancio acumulado de varias horas caminando. Llegamos a un gran rellano, nos cobijamos cada cual por su lado, unos al sol y otros a la sombra de los pinos, dando buena cuenta de nuestra remesa culinaria.

Como postre, un rico bombón que Nela repartió entre todos, preocupada no hubiese bastantes, ya que no imaginó la cantidad de compañeros que asistieron a la ruta.

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Una vez descansados y con el estómago saciado, nos pusimos de nuevo en pie para continuar nuestra marcha, ya que aún nos quedaba un largo trecho hasta llegar al final del sendero.

De nuevo, tuvimos que cruzar el Majalberraque, esta vez, con algo mas de agua, que debimos sortear dando un gran salto desde la orilla a un gran pedrusco a mitad del arroyo, para desde él, volver a saltar a la otra orilla. En ese momento, me dije a mí misma “¡Oye, ten cuidado! No te puedes permitir resbalar otra vez, porque entonces sí que sería un drama el volver chorreando a casa”.

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Por suerte, no tuvimos ningún percance y pudimos continuar hasta llegar a una zona recreativa que se utiliza como merendero. Dado el esplendoroso día, estaba repleto de familias con niños jugando y grupos de amigos disfrutando sus meriendas y rayos de sol, que aún se colaban entre la abrupta arboleda, creando un agradable estado de bienestar que, sin duda, todos apreciaban, dado los anteriores días gélidos que hemos venido padeciendo y a los que por estas tierras no estamos acostumbrados.

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Finalizada esta bonita y agradable ruta, nos dirigimos al punto donde habíamos aparcado los vehículos para retornar a nuestras casas, no sin antes acercarnos a algún lugar donde tomar un café. Javier nos recomendó ir a La Cañada de los Pájaros, reserva natural ubicada en La Puebla del Rio, donde se concentran un número importante de especies, algunas en peligro de extinción. Es zona de invernada para muchas de las aves que vienen a Doñana y un enclave de nidificación para otras. Llenos de buena energía, nos tomamos el tan deseado café a la par que pudimos ver algunas de las aves que por allí pernoctan.

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Transcurrido este magnifico día, estoy segura, esperamos con ganas la próxima ruta.

¡Nos vemos en la siguiente, compañeros|

EL TERRIL por Curro Caro

Sábado, 4 de Febrero de 2017

Fecha: 22 de enero 2017
Distancia: 6,63 km.
Hora de inicio: 10,20
Hora de llegada: 14,35
M.I.D.E.: 2122
Coordinadores: Antonio Bueno y Pepe López
Fotos: J.L. Ferrete y Pepe López

Como tantas mañanas de domingo, me preparo para hacer la ruta que el club tiene en su programa de actividades. Hoy nos espera el Terril. Se encuentra en la Sierra del Tablón y es el punto más elevado de la provincia de Sevilla. El Terril (1129 mts.) está separado del Peñón de Algámitas (1121 mts.) por el Puerto del Zamorano y delimita los términos municipales de Pruna y Algámitas.

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El despertador suena y es hora de levantarse. Como cada día que salgo de ruta estoy algo nervioso. Consulto la predicción del tiempo a través del móvil y me dice que nos espera un día soleado. He quedado con unos compañeros para irnos en el coche hasta la venta El Armijo que se ubica en la carretera que va de Morón de la Frontera a Pruna. Seguimos las indicaciones que nos han dado: “Cuando llegues a Morón y veas el gallo gira hacia la izquierda”. Hasta ahí todo bien, pero el dato que tenemos no coincide con la ubicación de dicha venta y nos pasamos de largo. Nos volvemos hasta localizarla. Una vez sentados al calor de la chimenea, charlamos animadamente mientras van apareciendo el resto de los compañeros. Los saludos y otros gestos de franca amistad vuelven a aparecer como cada jornada que nos disponemos a abordar una ruta. Este momento para mí es muy placentero, el ambiente es grato y me satisface tener tantos amigos.

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En la carretera SE-9225 que va desde Pruna a Algámitas, en el kilómetro 8, aparcamos los coches en una explanada. Después de cambiarnos de calzado, echamos una ojeada al entorno. Cambiamos impresiones sobre el tiempo: la mañana aunque fría presagia un día estupendo. Mochila a la espalda, los 39 componentes de la expedición nos ponemos en camino. A unos 250 m, a la derecha, empieza el sendero que nos llevará al Terril. Se inicia el ascenso por una vereda que exige esfuerzo ya que es de una pendiente importante. Llegamos a un pequeño collado donde se encuentra un pluviómetro, desde allí, divisamos los coches y también un autobús cuyos ocupantes nos acompañarán más tarde en nuestro ascenso.

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A continuación, seguimos subiendo hasta un segundo collado. La zona es bastante pedregosa y está desprovista de árboles debido a un fuego producido años atrás. El pastoreo es muy importante en la zona, así que no se consigue recuperar la vegetación, aunque yo he oído decir, alguna vez, que las cabras y ovejas limpian el campo y esta acción impide que se produzcan los incendios (¿Quién fue antes: la gallina o el huevo?) Mientras subimos, observamos que se está cumpliendo el pronóstico del día. Tenemos asegurado un día de total disfrute en pura naturaleza. Contemplamos magníficas vistas del Lagarín y Las Grajas. Al fondo el Simancón y el Reloj de la Sierra del Endrinal, San Cristóbal y por encima de todos, El Torreón en la Sierra del Pinar. Más cerca, se divisan el castillo de Pruna y Olvera. Desde este punto, se distingue la crestería que queda más arriba y que será nuestro camino de regreso. Por esta parte de la ladera, hay muchos lirios morados que algunos fotografían. Atrás queda en la lejanía El Aljibe, La sierra del Endrinal, Pruna, Olvera y Zahara de la Sierra, la sierra de Líjar y allá Algodonales. El sendero se ensancha bordeando el Cerro de la Ventana. Al fondo, ya vemos el Cerro del Terril o “Monigote”.

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Poco después, llegamos a la cima donde la nieve caída días atrás ha dejado su huella. Divisamos a los senderistas del autobús que siguen nuestros pasos. El aire es frío. Todos queremos hacernos la foto que nos recordará que una vez estuvimos en la cima y bastones en alto se hace el pasillo de honor a los compañeros que han alcanzado la cumbre por primera vez. Tomamos unas frutas, nos deshacemos de las mochilas y ahora sólo nos queda contemplar la maravilla que tenemos delante. Nunca creí que desde ahí se pudieran ver tantas cumbres: a la derecha, el Cerro de la Ventana y la crestería, a la izquierda el Peñón de Algámitas, separado de donde nos encontramos por el Puerto del Zamorano.

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Unos minutos más tarde, volvemos por la crestería. A ambos lados, divisamos La Huma, La Maroma, Sierra Nevada, Sierra del Espartero, Sierra de Lijar, Sierra de las Nieves, La Subbética Cordobesa y El Torcal de Antequera. Pasamos junto a una caseta metálica y bajamos al collado donde está el pluviómetro. Allí sacamos nuestras viandas y saciamos un poco el apetito que ya se hace notar. Es también la hora de reponer fuerza. Algunos nos resistimos a abandonar aquel lugar que, a mí me hace recordar aquellos versos de José María Gabriel y Galán: “¡Qué plácido el ambiente, qué tranquilo el paisaje, qué serena la atmosfera azulada se extendía por sobre el haz de la llanura inmensa!”.

Reiniciamos la marcha por el mismo camino. Bajando por un pequeño bosque con mucho cuidado porque el terreno es resbaladizo hasta llegar a la carretera. Nos cambiamos de calzado para así ir más cómodos en los coches que nos llevaran primero, a tomar un merecido refrigerio y después, a casa.

Cada vez que salgo a la montaña, me atrapa. Cuando, desde la cima, identifico las cumbres que he logrado subir, estas me traen aires de libertad. Me llevo en la mochila: la satisfacción de haber hecho cumbre, la alegría compartida con mis compañeros, la imagen que todo caminante encuentra en la montaña, ¡ah!… y las botas llenas de barro.

EL BURGO-LA FUENSANTA-PUERTO DE LA MUJER-EL BURGO por Mercedes Ruiz

Viernes, 20 de Enero de 2017

Ruta: circular
Distancia: 16 km
M.I.D.E.: 2223
Desnivel: 550 m
Duración: 5:30 h
Coordinadores: Pepe Morgado y Alfonso Piñero.
Fotos: J.L. Ferrete y Pepe López

El domingo 15 de enero 2017 viajamos hasta el Parque Natural Sierra de las Nieves, un paraje con gran riqueza floral y animal, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, que cuenta con una gran red de caminos que permiten el disfrute del senderismo. En la venta Los Molinos en Algodonales, nos reunimos un total de 24 personas para desayunar. La mañana se anuncia fría, sin embargo el cielo despejado de nubes presagia una magnífica jornada de paseo por la sierra.

Alrededor de la 10 de la mañana llegamos a El Burgo, una pequeña población de casas blancas salpicada de vestigios históricos. Aparcamos los coches, unos delante de una fábrica de muebles, otros en las inmediaciones de una gasolinera. Me siento en un banco de hierro en un pequeño parque público para calzarme las botas y me doy cuenta que tengo los pies congelados. Esa sensación térmica durará poco porque sé que nos aguarda una buena subida.

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A las 10:25 empezamos a andar. Desde el mismo cruce, tomamos la carretera A-366 en dirección a Yunquera. Cruzamos por un puente sobre el río de El Burgo o río Turón y unos metros más adelante, dejamos la carretera para adentrarnos por un camino que nos lleva hasta el área recreativa de La Fuensanta. Los paneles indican el principio de dos senderos: uno, que conduce al Puerto de la Mujer y otro, el nuestro, que llega a La Fuensanta, una de las principales entradas al Parque Natural Sierra de las Nieves.

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Empezamos a subir un fuerte repecho y seguimos por una pista forestal paralela al arroyo de la Fuensanta. Mientras ascendemos por el Puerto de los Lobos, nuestro amigo Ricardo se arranca con unos villancicos de la tierra. Sonreímos, contagiados por su entusiasmo. Poco a poco, vemos como cambia el paisaje; dejamos atrás las huertas aledañas al pueblo y los olivares para contemplar extensiones de pinos de repoblación. Nuestro compañero y coordinador, Pepe Morgado, nos instruye sobre el hecho de que, en los años 60, la sierra estaba muy degrada debido a la actuación del ganado, el gobierno de la época favoreció la reforestación de pinos dando trabajo, de este modo, a numerosos españoles. Nos hace partícipe de esta reflexión: “Solemos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando nos referimos al monte, nunca es así.”

Antes de llegar al área recreativa, nos paseamos entre sauces, fresnos y álamos. En las zonas de umbría, la luz apenas traspasa los árboles con formas fantasmagóricas. Las huellas del invierno se hacen notar y la tierra seca ya está pidiendo que llueva. Los bosques son un mundo donde parece que las cosas humanas desaparecen. Tal vez sea por eso que siento la necesidad de retornar a ellos de vez en cuando, para reconectarme.

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Ya hemos hecho cerca de 3 kilómetros cuando llegamos al cortijo de la Fuensanta donde se ha habilitado un área recreativa. El antiguo molino aceitero reconvertido en refugio todavía mantiene el patio donde han dispuesto unos rudimentarios servicios, el entramado de acequias y canales donde discurre el arroyo y la alberca que recoge las aguas del manantial. Allí hacemos una parada para reagruparnos y tomar una fruta y un trago de agua.

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Unos minutos más tarde, nos ponemos de nuevo en camino siguiendo el arroyo por una pista hasta llegar a un cruceiro de piedra. En este punto, el camino se divide en dos: si seguimos de frente llegamos hasta los Sauces, una zona de acampada donde se inician varios senderos por la sierra; nosotros, vamos subiendo progresivamente hacia el Puerto de la Mujer.

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A las dos de la tarde, llegamos al Puerto de la Mujer. Desde allí, divisamos el Cerro del Carramolo del Queso. Solo pensar en la comida, mi estómago inicia una sinfonía distorsionada. Seguimos por un cortafuego hasta llegar a un promontorio donde nos instalamos para almorzar. Algunos incrédulos quieren quedarse más abajo pero consigo convencerlos de que no lo hagan. El esfuerzo merece la pena; la panorámica, desde arriba, es todo un privilegio para los sentidos.

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Media hora más tarde, después de repartir unos bombones, desandamos el camino hacia abajo hasta el Puerto de la Mujer donde nos hacemos la foto de grupo. Luego, iniciamos un descenso cruzando la cañada del la Rozuela y dejando a un lado la Rosa del Escribano hasta llegar a la Hoya del Manco. Más adelante, el camino enlaza con el de ida hasta llegar a El Burgo.

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Finalmente, después de tomar café todos juntos, algunos queremos ver el mirador del Guarda Forestal que representa la estatua de un guarda mostrando a un niño la belleza que encierra toda la serranía, simbolizando el legado que dejaremos a las generaciones futuras. Situado a 900m sobre el nivel del mar, se puede ver unas magníficas vistas de la Sierra de Ronda, del Peñón de los Enamorados y del valle de Lifa. Antes de despedirnos, felicitamos a Pepe y Alfonso por su buena labor como coordinadores. ¡Hay que ser agradecidos con las personas que nos hacen disfrutar tanto y que trabajan para hacer un club cada vez mejor!