Archivo de Junio de 2009

LA CUEVA DE LAS DOS PUERTAS Y EL TAJO DE LA ERMITA (GRAZALEMA)

Martes, 2 de Junio de 2009

El sábado pasado, 30 de mayo, el Grupo de Montaña realizó los senderos de la Cueva de las Dos Puertas y el Tajo de la Ermita, en Grazalema. Los coordinadores eran dos expertos conocedores de esta sierra, Carmina y Juan. Sólo nos juntamos seis, pero tampoco hacen falta más para pasarlo bien. Aquí va el relato de la excursión que consta de dos partes.

PRIMERA PARTE: LA CUEVA DE LAS DOS PUERTAS.-
Salimos de Dos Hermanas a las siete y media de la mañana y llegamos a Grazalema a las nueve y media, después de haber desayunado por el camino. Habíamos subido desde El Bosque por el Puerto del Boyar y aparcamos, pasado el camping Tajo Rodillo, justo antes de la curva que te deja en el casco urbano de Grazalema.
A las diez menos cuarto remontamos unos metros la carretera y, frente al punto kilométrico 48, nos metimos por el sendero que va al Santo y a la Ermita del Calvario (hay poste con tablilla); estábamos a 830 m de altura. El pueblo de Grazalema se extiende alargado siguiendo el valle del recién nacido Guadalete.

Empezamos a subir y en pocos minutos llegamos a una bifurcación, por la derecha se va a la Ermita del Calvario, a la izquierda al Santo. Nuestros coordinadores nos dijeron que primero iríamos al mirador del Santo y, luego, volveríamos a la ermita para seguir el sendero que va a la Cueva de las Dos Puertas.
Llegamos al mirador donde está el monumento al Sagrado Corazón (El Santo) a 928 m de altura. Desde allí ya se tienen bellas vistas de todo el entorno, e incluso, se puede ver (si se sabe de antemano) donde está la cueva.

Después de unos minutos de contemplación desandamos el camino hasta la bifurcación anterior y subimos, por mejor camino, hasta las ruinas de la Ermita del Calvario. Esta ermita era fruto de una gran devoción en el pueblo, pero fue destruida en la Guerra Civil y luego no fue restaurada.

En el llanete que hay delante, donde todavía existen bastantes restos de construcciones, había varias orquídeas de distintas clases, así que estuvimos un ratillo haciendo fotos de las mismas.

También entramos en la derruida ermita de la que queda muy poco. Carmina nos contaba que hasta no hace mucho la gente dejaba papelitos debajo de las piedras con peticiones y ruegos. Así que estas ruinas funcionaban, a modesta escala, como el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén.
A la izquierda de la ermita hay que estar atento a unas flechas amarillas sobre fondo negro, son las que a partir de aquí nos van guiar hasta la Cueva de las Dos Puertas.

Empezamos a subir por un casi perdido sendero que serpentea entre corraletas, unas veces a la derecha y otras a la izquierda, hasta que toma claramente la dirección Este dejando a nuestra espalda la ermita y el pueblo de Grazalema.
Vamos rodeando la sierra  entre pinos y pronto vemos abajo el mirador del Santo, donde hemos estado hace media hora. El día se presenta caluroso pero, como el cielo se nubla un poco, la subida se va haciendo tolerable.

Seguimos atentos a las marcas (que no hay que perder) y continuamos hacia el Este con vistas al Puerto de los Alamillos.
Después de caminar por una pequeña pedrera debemos pasar un resalte rocoso que hay a la izquierda y meternos en la parte más comprometida de esta ruta, los Tajos de Peñaloja.

No es que sea muy peligroso, con cuidado (y con la roca seca) se va bien, pero un resbalón te puede llevar varios cientos de metros más abajo, hasta la misma carretera que viene de Villaluenga del Rosario. Vemos los coches que pasan por ella como puntos que se mueven.

Continuamos ganando altura poco a poco rodeando esta parte tan rocosa y desnuda siguiendo las señales y usando las manos cuando es necesario, aunque, repito, es fácil.
Después de unos minutos abandonamos los tajos y caminamos por terreno menos expuesto. Seguimos subiendo hacia el Puerto de Retacapas en las cercanías del Cancho de la Bejeruela.

Y llegamos arriba, sobre la cota de los 1.200 m, y nos damos de cara con las dos cumbres más altas de la Sierra del Endrinal (que es por donde nos estamos moviento), El Reloj y el Simancón, con sus desnudos roquedos.
En este punto, sin perder las marcas, giramos a la derecha, más hacia el Norte (vemos la Sierra del Pinar), por una cresta rocosa de poca dificultad.

Y aquí nos llevamos una sorpresa agradable, entre las rocas hay varias matas de la amapola de Grazalema, un endemismo que no es frecuente ver. Su color anaranjado la hace inconfundible.

Después de otra sesión de fotos continuamos por la cresta y, si no es por nuestros guías, no vemos la Cueva de las Dos Puertas, semioculta por los pinos a nuestra derecha.
Pero un tajo nos separa de ella, todavía tendremos que dar un rodeo para llegar hasta allí. Vamos siguiendo el gran hito que forma el San Cristóbal (el pico más emblemático de la Sierra del Pinar) camino de un peñoncillo rocoso que constituirá la máxima altura del día.
Llegamos al peñoncllo y lo subimos (1.229 m) y, si queremos llegar a nuestro objetivo, tenemos que seguir las marcas unos metros más a la derecha, por un roquedo.

Pronto llegamos a una especie de arco natural de roca, es la Cueva de las Dos Puertas. Hemos tardado unas dos horas.

Es una formación muy curiosa, porque el grosor del “techo” es muy pequeño, incluso tiene muchas “goteras” por donde se ve el cielo.
La parte que da al Sur es más baja, allí nos hacemos la foto de grupo.

Luego nos subimos a la “azotea” y nos hacemos otra foto allí.

Después de las fotos nos vamos a la “terraza” delantera y nos relajamos un poco. Las vistas son espectaculares, sólo falta una cervecita fresca y unos prismáticos.
Abajo mismo tenemos en vertical a Grazalema, son cuatrocientos metros de caída.

Después de descansar un poco desandamos el trozo hasta el peñoncillo anterior, que rodeamos por la derecha, y nos encontramos unas preciosas peonías protegidas por las rocas.

Ahora empezamoa a bajar claramente por un sendero marcado por hitos y, de vez en cuando, las consabidas marcas. No sólo nos hemos encontrado las marcas comentadas, también, hay unas más antiguas azules y, además, otras amarillas sin fondo negro.

Cuando llegamos un ratillo bajando (estaremos a unos 1.160 m) nuestros guías nos hacen desviarnos a la derecha por un crestón rocoso para acercarnos a la Cruz del Picacho.
No está indicado, por lo que de ignorarlo es muy fácil pasar de largo. Abajo vemos el pequeño embalse del Fresnillo que puede servir de referencia. La Cruz del Picacho está sobre un peñoncillo tajado sobre Grazalema a una altura de 1.146 m. Está formada por dos troncos de pino.

Después volvemos al sendero que abandonamos antes y seguimos bajando por grandes lajares ahora con el Peñón Grande de Grazalema como referencia.

Después de un rato de bajada llegamos a un pinar donde se enlaza con el sendero que viene de los Llanos del Endrinal. La cima del Peñón Grande (un lugar frecuentado por escaladores) queda ahora muy por encima de nuestras cabezas.
Encontramos unas tablillas que nos indican el tiempo que falta para llegar a Grazalema, 15 minutos. Al poco llegaremos a la tapia del camping Tajo Rodillo y, en vez de seguir a su derecha, lo hacemos rodeando la valla hacia la izquierda, buscando la puerta del camping y el bar. Hemos tardado tres horas y media en hacer tranquilamente los cinco kilómetros y 400 m de desnivel de esta bonita ruta.
Con unos botellines fresquitos de Cruzcampo nos comemos los bocadillos en las mesas que hay fuera.

SEGUNDA PARTE: EMBALSE DEL FRESNILLO Y TAJO DE LA ERMITA.-
Antes de las dos estamos de nuevo en movimiento. Cruzamos el aparcamiento y la carretera, y bajamos hacia el cauce seco del recién nacido río Guadalete camino del embalse del Fresnillo. Este embalse está construido entre el Peñón de la Asamblea y el Tajo de la Ermita o Peñón Gordo.

Cruzamos el Guadalete y una valla rota, y seguimos por un senderillo que va bajo el Peñón de la Asamblea (1.025 m).
Pronto llegamos a una bifurcación, por abajo viene el sendero “oficial”, señalizado desde un pequeño puente de piedra que cruza el Guadalete desde el pueblo.

Poco después hay otra bifurcación, el sendero oficial va a la derecha de una valla, nuestros coordinadores nos meten por el de la izquierda que va más directo, por encima de unas tuberías de hierro que vienen del embalse.
El senderito oficial termina en el embalse, pero nosotros continuamos subiendo por un estrecho senderillo que hay a la derecha de unas escaleras de hierro junto a la presa.

Llegamos arriba y vemos que el pequeño embalse que abastece de agua a Grazalema está bastante lleno. En la lámina de agua se reflejan los pinos y el San Cristóbal y, por un momento, dejando volar la imaginación, pensamos que estamos en un pequeño lago pirenáico al pie de algún agudo pico, por ejemplo. del Parque Natural de Aigües Tortes. Claro que el calor que hace no es el mismo.

Después de estas fantasías nos dirigimos a los pequeños peñones que componen el Tajo de la Ermita o Peñón Gordo y, que a pesar de su modesta altura  (1.033 m), constituyen un mirador excepcional por encontrarse rodeado de profundos valles y altas montañas.

Llegamos arriba del más alto y no podemos dejar de admirar la Sierra del Pinar, el Puerto de las Palomas, el pico Coros en Monte Prieto, el Valle de Gaidovar que se abre hacia el Nordeste; y al otro lado Grazalema y, detrás, la Sierra del Endrinal con el Peñón Grande, el Reloj, el Simancón…

Hasta vemos la Cueva de las Dos Puertas donde hemos estado tres horas antes, y la Cruz del Picacho, el Santo…
Hemos tardado unos tres cuartos de hora en llegar superando un desnivel de unos 130 o 140 metros. Después de unos minutos pensamos en bajar, que la alergia primaveral ya empieza e hacer efectos en algunos de los miembros del minigrupo.

Por el puentecillo cruzamos el Guadalete y continuamos por las blancas y floridas calles de Grazalema en busca de un merecido café o refresco. En total hemos tardado una hora y media en hacer esta segunda rutilla que ha sido un buen complemento a la anterior.
Y eso es todo, la Sierra de Grazalema tiene rutas muy bellas por cada uno de sus rincones, algunos tan poco frecuentados como estos.

Joaquín P. A.