Archivo de Agosto de 2009

ASCENSIÓN A PEÑA NEGRA (MÁLAGA)

Lunes, 31 de Agosto de 2009

Peña Negra es la cumbre más alta y conocida de la Sierra del Co, en el extremo occidental de la Sierra de Camarolos, en pleno Arco Calizo Central, al Norte de la provincia de Málaga.

El “mono” de montaña pudo más que los 40ºC que estamos padeciendo un día sí y otro también en el Valle del Guadalquivir y siete socios nos fuimos tempranito con la intención de subir a este peñón calizo. Salimos de Dos Hermanas a las seis y media de la mañana y desayunamos en Estepa. Pasado Antequera tomamos el desvío para Málaga, y en el Puerto de las Pedrizas dirección a Colmenar. Una vez pasada la Fuente de la Fresneda, entre el km 547 y 548 (mojones antiguos de cemento), aparcamos en unos arcenes que hay junto a la carretera y empezamos a dirigirnos hacia la cara Sur de Peña Negra.

La cara Norte es todavía más vertical. Atravesamos un campo por unas rodadas, pero ni por esas pudimos evitar los primeros pinchazos de los cardos.

Pronto llegamos a la base de la sierra, a la derecha de un bosquete de acebuches, y empezamos a subir por las piedras. Sendero no hay, así que hay que ir buscando los mejores pasos diregiéndonos un poco hacia la izquierda (Noroeste) para evitar unos paredones que caen a tajo desde la misma cumbre.

Llegamos a una pequeña depresión donde hay algunas encinas y seguimos en dirección a la cresta. Antes de llegar a ella nos encontraremos una alambrada que se puede pasar por algunas aberturas.

Una vez arriba observamos los tajos tan verticales que hay en la cara Norte y que hacen tan llamativa este sierra desde la misma autovía, luego seguimos hacia el Este cresteando en dirección a la cumbre.

Hay que ir con mucho cuidado porque vamos por un roquedal con muchas grietas, así que tenemos que hacer uso frecuente de las manos.

Afortunadamente corre brisa y no vamos pasando mucho calor. En menos de dos horas llegamos los primeros a la cima donde hay un buzón y un palitroque.

Un par de compañeros que vienen un poco más rezagados terminan de llegar por la cresta. Detrás de ellos se ve la Sierra de las Cabras, donde subimos en septiembre de 2008.

Arriba se está bien gracias a la brisa, allí estamos un ratillo contemplando las vistas que abarcan a casi toda la provincia de Málaga, aunque la calima difumina los horizontes. Hacia el Nordeste tenemos la otra cima de la Sierra del Co y la continuación de la Sierra de Camarolos, con el Morrón de Gragea (1.295), el Realengo (1.344), el Cerro de la Cruz (1.443), etc.

Hacia el Norte contemplamos abajo la Hoya de Antequera y, al fondo, se divisa la Subbética Cordobesa, con su techo provincial, la Tiñosa. Todos los campos se ven pardos y secos.

Hacia el Este vemos la Maroma, en la Sierra de Tejeda, y detrás de ella apenas si se vislumbra Sierra Nevada. Hacia el Sur las sierras costeras malagueñas y se intuye el mar, muy difuminado por la bruma.

Después de la foto de grupo emprendemos la bajada para evitar en lo posible pasar mucho calor.

En el descenso evitamos la cresta bajando un poco por la cara Sur. Es una sucesión de destrepes donde tendremos que bajar los más de 500 m superados en la subida.

Y a las doce y media damos por terminada esta ruta de mediodía, donde ya nos vamos poniendo las pilas de cara al otoño.
Hasta otra, esperemos que refresque pronto.

CAMINANDO AL “FIN DEL MUNDO” (De Santiago a Finisterre)

Lunes, 24 de Agosto de 2009
Este año 2009 repetimos siete de los ocho que hicimos el año pasado el Camino Inglés de Santiago. Manolo Hidalgo no pudo venir por una lesión de tobillo, no por falta de ganas.
El proyecto era hacer el Camino a Muxía y Fisterra (Finisterre) saliendo desde Santiago de Compostela, que normalmente es la meta final de los demás Caminos.
PRIMER DÍA DEL CAMINO
El día 3 de julio de 2009, a las ocho de la mañana, estábamos delante del Hostal de los Reyes Católicos para empezar este Camino a Finisterre, punto final del Camino de las Estrellas y lugar de cultos paganos desde la más remota antigüedad.
     

Después de cruzar ante la iglesia de San Fructuoso el Camino avanza por pequeñas calles, entre las que destaca la de Hortas. Pronto llegamos al robledal de San Lourenzo y nos encontramos el mojón con la típica vieira y la distancia que nos queda por recorrer hasta Muxía: 86,366 km. Nosotros hemos decidido ir primero a Muxía y terminar en Finisterre, lo vemos más lógico, al contrario de lo que viene en muchas guías. En total serán unos 120 km con el recorrido entre Muxía y el cabo de Finissterre, repartidos en cinco días de camino.
Pronto salimos del casco urbano y nos encontramos con el río Sarela que atravesaremos por un pequeño puente. Ya estamos en el campo caminando por una pista, después de un pequeño repecho volvemos la vista para contemplar las torres de la Catedral de Santiago. Por la tarde, con la puesta de sol, tiene que ser todo un espectáculo.

Unas veces por pistas y otras por carretera vamos dejando atrás un rosario de pequeñas aldeas: Sarela de Baixo, Quintáns, Alto do Vento, Ventosa, Lombao y llegamos a Augapesada, ya en el municipio de Ames. En Augapesada se conserva un pequeño puente de origen medieval. Aquí nos comemos un bocadillo en un bar que hay junto a la carretera, muy frecuentado por peregrinos.
Ahora nos espera una dura subida de dos kilómetros por pistas, tramos de camino empedrado y carreterillas sin tráfico hasta el alto de Mar de Ovellas, desde donde se obtiene una bella vista del valle de A Maía, aunque el día se nos está poniendo cada vez más nublado. Después viene una ligera bajada hacia el valle del Tambre pasando por Susavilla do Carballo, Trasmonte y Burgueiros. Y llegamos a Ponte Maceira, un lugar que merece pararse un poco y contemplar su magnífico puente medieval de finales del siglo XIV, reconstruido en el XVIII.

Este puente es el más significativo de todo este Camino y durante siglos tuvo gran importancia en las comunicaciones entre Santiago y Finisterre.
A estas alturas del camino ya hemos hecho uso de los paraguas, cae el típico orballo sin mayores consecuencias. El río Tambre se muestra caudaloso, en ambas orillas hay casas y restos de viejos molinos, algunos restaurados. Cruzamos el puente y entramos en la comarca de A Barcala, de gran producción láctea y cárnica. Después de dejar Ponte Maceira seguimos la orilla del río por un tramo boscoso para salir, luego, a la carretera de Negreira. De momento ha dejado de llover.
Antes de entrar en la ciudad (la mayor que encontraremos hasta llegar a la costa) pasamos por delante de la puerta del pazo de A Chancela.
Negreira es la capital de este comarca y tiene unos dos mil habitantes, su origen es medieval y los monumentos más característicos son la capilla de San Mauro y el pazo de O Cotón, fortaleza medieval restaurada en el siglo XVII. Volvía a llover cuando pasamos por debajo de su arcada.

El albergue se encuentra en las afueras subiendo una cuesta, pero sus veinte plazas son totalmente insuficientes para el número de peregrinos que pasan por aquí. Cuando llegamos a sellar vimos el cartel de completo, los peregrinos que allí estaban (casi todos extranjeros) nos miraban con cara de lástima porque el próximo se encuentra a tres horas y media de camino, y la hospitalera (según cuentan) es inflexible y no deja pernoctar ni a uno más de los veinte de marras. De hecho cuando bajabamos la cuesta nos la encontramos por el camino y lo primero que nos dijo es que el próximo albergue estaba a 13 km, en Vilaserío. Por lo que he visto en Internet ni la hospitalera ni el albergue de Negreira cuentan con muy buenas críticas.
Negreira está a 21 km de Santiago y es el punto natural para terminar la primera etapa de este Camino pero, como ya dije antes, si no te das mucha prisa no pillas plaza en este albergue; ya veremos si lo amplían para el Xacobeo 2010. Afortunadamente la localidad cuenta con más alojamientos privados donde es posible pernoctar y tiene todos los servicios necesarios para el peregrino. Para nosotros hubiera estado bien terminar aquí la etapa, porque alguno que otro ya venía con ampollas, pero como en el grupo había una mayoría que prefería dormir más comodamente en alojamientos privados, ya habíamos reservado por anticipado y tendríamos que llegar a A Pena.

Seguía lloviendo débilmente y, a pesar del cansancio, tengo que decir que los ocho o nueve kilómetros que hay entre Negreira y A Pena son de los más bonitos (en cuanto a Naturaleza se refiere) que he hecho hasta ahora en los diferentes Caminos. En muchos tramos, entre frondosa vegetación, vamos por el antiguo camino real a Fisterra.
Por caminos de tierra, en continúo sube y baja, pasamos por las aldeas de Zas, Camiño Real y Rapote antes de llegar a A Pena, pueblo al que llegamos bastantes cansados después de recorrer 30 km y superar un desnivel acumulado de 600 m. En el bar de A Pena pusimos el punto final de nuestra primera etapa.
SEGUNDO DÍA DEL CAMINO
Después del desayuno, y de la sesión de curas y remiendos de pies, salimos el 4 de julio para hacer nuestra segunda etapa del Camino. Sería muy diferente de la del día anterior, hoy la carretera sería la protagonista y, también,  los espacios más abiertos y desarbolados.
Desde A Pena el Camino va por la carretera unos cuatro kilómetros bajando a Vilaserío, donde hay un precario albergue municipal con 20 plazas. Un poco más adelante, en la aldea de Cornado, tomamos una cómoda pista forestal. La pista tenía tramos bastante embarrados, pero el día se presentaba hoy magnífico. Vamos por una zona de altiplano gozando de amplias perspectivas, nada que ver con los tramos boscosos y cerrados de la primera etapa.

A veces nos encontramos con algún cartel que da pormenores del Camino a Fisterra y, también, con mojones indicando la distancia a Muxía y a Fisterra, ya que ambos Caminos son coincidentes hasta pasado Hospital. Como los mojones están alternados mucha gente se puede despistar, ya que primero se ve uno que marca 70 km, y luego otro que pone 72. No es que estén mal, la distancia mayor corresponde a Fisterra y la menor a Muxía, ya que desde Santiago hay 89 km a Fisterra y 87 a Muxía, respectivamente.
El Camino se va acercando a la aldea de As Maroñas por carreterillas por donde no hay apenas circulación, antes de llegar tendremos que pasar un río por un puente.
En As Maroñas se han conservado un grupo de hórreos modestos pero hermosos, ejemplo de arquitectura popular. En las inmediaciones de As Maroñas está la iglesia románica de Santa Mariña, pero el personal no está para hacer muchos desvíos.
De hecho la mitad de la cuadrilla tiene problemas, unos de rodillas, otros con ampollas…, los botiquines no dan abasto.

En As Maroñas hay un albergue privado (Casa Victoriano, teléfono: 981 856 215) que puede servir para dividir la larga etapa que hay entre los albergues de Negreira y Olveiroa (33 km) en dos cómodos tramos de 19 y 14 km. Como tiene bar, aprovechamos para comernos un buen bocadillo y reponer fuerzas.
Esas fuerzas son necesarias porque ahora viene la subida al Monte Aro (550 m) que bordearemos por su derecha por estrechas carreterillas y pistas asfaltadas pasando por Bon Xesús y Gueima, aunque la subida no es muy fuerte. Cerca del collado nos encontramos un desvío provisional porque un dueño de tierras tiene conflicto con algún Organismo y vemos algunos carteles del Camino destrozados.
La altura y el día bastante claro nos da la oportunidad de contemplar gran parte de la comarca de la Terra de Xallas y el embalse de Fervenza.
Después de superar un collado se inicia la bajada contemplando idílicos paisajes muy verdes donde pastan las vacas a sus anchas.

Tras un tramo en descenso por una pista donde hay varios hórreos muy rústicos, llegamos a la iglesia de San Cristovo de Corzón, con campanario exento, cruceiro y cementerio.
Antes de cruzar el río Xallas por un puente del siglo XVI, aunque reformado posteriormente, hubo sesión de curas aprovechando unos bancos de piedra junto a una casa. Un peregrino francófono que pasaba por allí se acercó a ayudar a Charo con sus tremendas ampollas, ejemplo de solidaridad en el Camino.
Cruzamos el río Xallas y entramos en la localidad de A Ponte Olveira, perteneciente al municipio de Dumbría. En Ponte Olveira hay un bar moderno que nos vino de perlas para hacer una parada y reponer fuerzas antes de seguir para Olveiroa y Hospital. Después de esta parada reponedora seguimos por el arcén de la carretera hasta Olveiroa, distante dos kilómetros. Esta aldea cuenta con otro conjunto de hórreos bastante numeroso.

El albergue de peregrinos está en un antiguo edificio rehabilitado y tiene mejor pinta y es mucho más amplio que el de Negreira. Había plazas libres y ganas me entraron de quedarme allí si no fuera por la disciplina de grupo, como ya dije, íbamos con las reservas hechas en alojamientos privados. La hospitalera no estaba, así que sellamos en al bar O’Peregrino y seguimos camino. Olveiroa cuenta con instalaciones hoteleras, farmacia, restaurantes y bares a pesar de su pequeñez.
De Olveiroa a Hospital hay algo menos de cinco kilómetros y medio pero, como el día estaba caluroso y había que subir al Monte Sino por una pista forestal, se nos hicieron bastante duros. A cambio tuvimos hermosas vistas del curso del río Xallas con cascadas y rápidos, y del embalse de Castrelo-Olveiroa.
Ya bajando atravesamos el río Lodoso por un puente de cemento y pasamos por la aldea del mismo nombre. Para algunos la jornada estaba siendo muy larga y dura. Por fin llegamos a Hospital, pequeña aldea que contó en tiempos con un modesto hospital de peregrinos. Trescientos metros más arriba está el Bar O’Casteliño que presume de ser el único en 15 km por el Camino de Fisterra, y eso hay que pagarlo. Fin de nuestra segunda etapa algo más corta que la primera y con menos desnivel pero el cansancio se va acumulando.
TERCER DÍA DEL CAMINO
El día 5 de julio empezamos la jornada en el mismo punto donde habíamos terminado el día anterior, en Hospital, pero hoy el tiempo había cambiado y estaba lloviendo. Poco después de Hospital el Camino se bifurca, a la izquierda a Fisterra, a la derecha a Muxía. Nosotros optamos por ir primero a Muxía.

Pronto se abandona la carretera y el Camino se mete por pistas forestales, esta será la tónica del día, alternando con tramos de carretera.
Llovía y llovía, aunque sin demasiada fuerza, mejor eso que el calor del día anterior. Pasando una aldea hicimos una parada aprovechando el cobertizo de una casa para resguardarnos un poco.

De vez en cuando paraba de llover y podíamos hacer las fotos más a gusto, ya que había tramos floridos que lo merecían. Y llegamos a Dumbría donde hicimos una parada en un cruceiro que hay delante de la iglesia de Santa Baia, obra del siglo XVII.
Salimos de Dumbría otra vez lloviendo y subimos al monte por pistas forestales entre bosques de eucaliptos que tanto abundan en Galicia. También pasamos por algún tramo empedrado del viejo camino real. Volvimos a la carretera y antes de llegar a Senande pasamos un río por un moderno puente, mientras seguía lloviendo de manera intermitente. En la entrada de Senande las vacas nos miraban al pasar indiferentes, acostumbradas al trasiego de tanto peregrino, aunque este tramo de Hospital a Muxía es el menos frecuentado.


Y en el Bar A’Coxa, de aspecto bastante cutre, nos comimos una buena tortilla de patatas con cebolla recién hecha para nosotros, que con el hambre no hay remilgos. La tortilla, el vino y los chupitos de orujo de café obraron el milagro y los peregrinos que hace un rato estaban cansados y abatidos ahora estaban más alegres que unas castañuelas. Pero después de varios kilómetros, en Quintáns, se pasaron los efectos y volvieron a salir los achaques y dolencias, a sacar vendas y pócimas. Por lo menos ya no llovía.
El siguiente punto importante y parada obligada es San Martiño de Ozón, que cuenta con los vestigios de un antiguo monasterio bendictino.

También podemos admirar uno de los hórreos más grandes de Galicia junto a un cruceiro y el ábside románico de la iglesia de San Martiño. El lugar todavía transmite una gran paz e invita a la contemplación.
Seguimos camino por un tramo boscoso donde coincidimos con un joven peregrino del pueblo jiennense de Santo Tomé que viene caminando desde San Jean de Pied de Port.
Luego llegamos en bajada a la localidad de Merexo, donde contemplamos el mar desde el porche de una casa. A estas alturas ya se va notando el cansancio, ¡y de qué manera!
Después de Merexo, viene Os Muiños, que como su nombre indica es un lugar rico en molinos. Seguidamente subimos a lo que queda del importante monasterio de Moraime, el más influyente en su época de la comarca de Fisterra. Este monasterio, injustamente olvidado, merece extenderse mucho más de lo que requiere esta breve crónica, el que esté interesado puede consultar el interesante libro de Rafael Lema, “El Camino Secreto de Santiago” de la Editorial EDAF.

Lo que mejor se conserva es la iglesia románica de tres naves con pinturas góticas que encontramos cerrada. Por un ventanuco que había en la puerta pudimos ver algo de su interior. También le dimos la vuelta a la iglesia admirando los relieves de sus portadas.
Nuestro objetivo del día era llegar a Muxía, distante todavía unos cinco kilómetros, pero a estas alturas estábamos la mayoría hechos polvo, así que decidimos acabar aquí la tercera etapa y empezar mañana la cuarta en el mismo sitio. Así repartiríamos mejor los kilómetros de la tercera y la cuarta, 25 para hoy entre Hospital y Moraime, y 20 para mañana entre Moraime y Lires pasando por Muxía.
CUARTO DÍA EN EL CAMINO
Empezamos el día 6 de julio nuestra penúltima etapa en Moraime ya más descansados. Hicimos bien el día anterior en no agotarnos por querer llegar a Muxía, ahora vamos más relajados.
El Camino discurre por pistas en zona boscosa que al llegar a las cercanías de Muxía se convierte en un estrecho sendero que baja a la playa.
El nombre de Muxía viene de Monxía, terras monxías o tierras de los monjes. Ya hablamos de la importancia que tuvo el monasterio de Moraime. Vamos por un entarimado de madera rodeando los arenales de la playa disfrutando de la visión del mar en un día sin lluvia aunque algo nublado.

Por el paseo marítimo entramos en Muxía y buscamos el albergue para sellar. Nos encontramos con el peregrino de Jaén del día anterior y nos dice que ahora está cerrado, que vayamos a la Oficina de Atención al Peregrino, donde además de sellar nos darán un diploma acreditativo de haber peregrinado hasta Muxía, la “muxíana”. De todos modos me acerco al albergue para comprobar que es un edificio moderno poco acogedor a primera vista. Después buscamos la Oficina del Peregrino y la encontramos cerrada por obras, nos atienden en la vecina Biblioteca Municipal. Allí nos dan la “muxíana”, diploma cuya existencia desconocía hasta ahora.
A renglón seguido nos vamos para la iglesia parroquial de Santa María, catalogada como románica de transición, de la primera mitad del siglo XIII.

Desde allí parte, bordeando el Monte Corpiño, el Camiño da Pel (Camino de la Piel) hacia el cercano Santuario de A Nosa Señora da Barca. Ese camino recibió ese nombre debido a la fuente que había en las inmediaciones donde se aseaban los peregrinos (como símbolo de purificación y respeto) antes de llegar al Santuario de A Barca. Desde allí mismo tenemos hermosas vistas de la ría de Camariñas y del cabo Vilán.
Según una tradición que se remonta a la Edad Media, la Virgen María acudió a este lugar en una “barca de piedra” para dar ánimos a Santiago en su predicación, y allí quedó la barca, su vela y el timón de piedra. “La Pedra de Abalar es la piedra ritual más célebre de Galicia y centro de este santuario telúrico ancestral” según nos cuenta Rafael Lema en el libro antes citado, y sigue: “al moverse a impulsos aplicados de una forma adecuada produce un roce con un sigular estruendo”. Según la leyenda es la quilla de la barca sagrada.

La Pedra dos Cadrís sería la vela de la barca, y presenta una oquedad por donde se puede entrar y salir. Según la creencia, al pasar por debajo de ella nueve veces y una más produce alivio o curación de los males de riñón, reuma o lumbago. Desde luego que si pasas 10 veces es que no estabas muy malo.
A la Pedra do Timón se la ha identificaco con el timón de la barca por su curiosa forma y vecindad con las otras dos.
Un poco más a la izquierda de las anteriores está la Pedra dos Namorados, lugar de encuentro de jóvenes parejas y que entraría dentro del grupo de rocas relacionadas con la fecundidad.

La iglesia del santuario data del siglo XVII, destacando el retablo mayor barroco de gran calidad. La imagen de A Nosa Señora da Barca es gótica y se le dedica en el mes de septiembre una de las mayores romerías de Galicia. Pero como sigue diciendo Rafael Lema: “En Muxía crearon un gran santuario mariano reconduciendo una antigua pregrinación galaica (culto a las piedras y a los elementos) nunca perdida.”
Como es lógico nos entretuvimos bastante en Muxía, y es que el lugar lo merece. Después de pasar junto al monumento por la tragedia del Prestige, La Ferida, seguimos por la costa para volver al pueblo y hacer acopio de provisiones para comer, porque ahora vienen varios kilómetros sin bares ni tiendas.
Luego nos encaminamos por la carretera hacia la bella playa de Lourido de arenas blancas y desierta de bañistas. Más allá está el cabo Touriñán.
Ganas nos daban de pegarnos un baño mientras sudábamos subiendo al alto de As Aferroas (289 m). Después de la subida viene una suave bajada con amplias vistas panorámicas. Cuando llegamos abajo nos comimos los bocadillos mientras orientamos a una peregrina angloparlante que estaba perdida, la verdad es que este tramo no está tan bien señalizado como los otros.

Una fuente junto a un cruceiro nos sirve para refrescarnos antes de llegar a Frixe, lugar donde hay un bar donde no entramos, deseosos de llegar a Lires, nuestro final de etapa.
Antes tenemos que bajar al río Castro y atravesarlo, ya nos han dicho que nos mojaremos los pies y algo más. Efectivamente, cuando llegamos a la orilla vemos que las piedras de granito que han colocado para poder cruzarlo están algunas desplazadas y otras están sumergidas unos treinta centímetros. Las rocas sumergidas están muy resbaladizas por la verdina, por lo que hay que pasar con cuidado. En verano esto puede ser divertido, pero en invierno o en épocas de crecida puede ser peligroso. Por lo visto se puede salvar este obstáculo dando un rodeo de un kilómetro y medio, conviene preguntar en Frixe o en Lires según se venga por uno u otro lado.

Y después de subir un repecho llegamos a Lires, y nos fuimos a tomar un café en el Bar As Eiras, que también ofrece habitaciones. Estando allí sentado ocurrió un hecho de esos que te conmueven y te hacen ver la fragilidad de la vida. Un gorrión que volaba raudo, junto con otro, chocó con la luna de la ventana del bar donde se reflejaba el cielo y murió en unos segundos. Un momento antes volaba feliz y lleno de vida, tal vez, en algún cortejo amoroso, y unos segundos después… “In Ictu Oculi”, en un abrir y cerrar de ojos llega la muerte y acaba con las glorias de este mundo, “Finis Gloriae Mundi”, me vinieron a la memoria los dos célebres cuadros barrocos de Valdés Leal pintados por encargo del noble Miguel de Mañara para la iglesia del Hospital de la Santa Caridad de Sevilla.
En Lires dimos fin a esta cuarta etapa de 20 km. En este pueblo no hay albergues, pero sí alojamientos de diferente categoría y precio. Mientras cenábamos pudimos disfrutar del espectáculo de la puesta de sol sobre la pequeña ría de Lires.

QUINTO DIA EN EL CAMINO
Y llegó el último día en el Camino a Muxía y Fisterra. El 7 de julio era el previsto para llegar a Finisterre, lugar mítico donde los haya. Salimos relajados y con ganas de disfrutar de esta última etapa sabiendo que sólo teníamos unos 14 km hasta Fisterra, aunque, luego, con la ida y la vuelta al faro llegaríamos a los 20 km.
Al poco de salir empezamos a cruzarnos con los peregrinos que venían de Fisterra a Muxía en una sola jornada, y que habían madrugado más que nosotros que ya no teníamos prisa.
Pronto dejamos la carretera para meternos por tierras de cultivo y bosques, la etapa de hoy, por ser la última, prometía ser muy bonita y entretenida.
Atravesamos bosques donde los helechos casi nos cubrían, o donde el fuego de años pasados todavía dejaba ver sus señales en pinos y eucaiptos.

Veríamos preciosas flores amarillas de las calabazas que parecían querer indicarnos el Camino haciendo competencia con las famosas flechas del mismo color. Descansamos cuando alguna piedra oportuna se puso en nuestro camino para poder usarla unos momentos como asiento. Vimos hórreos completamente cubiertos de hiedra, donde solo su silueta delataba su presencia al caminante. Tuvimos que subir todavía alguna que otra cuesta que nos haría recordar que el Camino, como la vida, no es fácil y que hasta el final tenemos que sortear dificultades. Pero una vez superada la prueba nos depararía la agradable sorpresa de ver paisajes tan hermosos como la playa salvaje de O Rostro.

Dejamos atrás otros publos y aldeas a pesar de nuestro cansino caminar, ensimismados con nuestros pensamientos. Hasta que vimos un cartel indicando la proximidad de Fisterra y nos hace despertar del letargo ante el inmininente final de nuestro Camino. Todavía tendremos que pasar por San Martiño de Duio (donde cuenta la leyenda que estuvo la mítica ciudad de Dugium) con Finisterre ya a la vista. Desde arriba vemos la playa de Langosteira (a donde ha llegado la fiebre del ladrillo), por allí vienen los peregrinos que hacen el Camino directamente a Finisterre por Cee y Corcubión.
Y después de pasar por San Martiño de Duio, nos encontramos casi sin solución de continuidad con el cartel que dice que hemos llegado a Fisterra, ¡lo hemos conseguido!

Tranquilamente vamos recorriendo el último kilómetro hasta el albergue, disfrutando cada paso, hay tiempo de sobra para hacer cuantas fotos se nos antojen.
A la una y media llegamos hasta el albergue de peregrinos que está junto al puerto, pero no abren hasta las cuatro de la tarde, así que nos vamos dando un paseo buscando un sitio donde comer. Y lo encontramos, en “Os Tres Golpes” damos cuenta de una estupenda sopa de mariscos y una suculenta parrillada de pescado, aunque este lugar ya no es el que era debido al agrio carácter del dueño.
Después del homenaje nos vamos para el albergue dando un paseo desde el castillo de San Carlos, al fondo, el mágico monte Pindo nos contempla desde el otro lado de la ría de Corcubión.
Cuando llegamos al albergue nos encontramos una gran cola de peregrinos, la hospitalera pacientemente sella las credenciales y entrega la “fisterrana”, diploma acreditativo de la peregrinación.

Se impone una siesta, pero antes de irnos a nuestro alojamiento nos volvemos a encontrar al peregrino de Jaén que nos cuenta su duda de volver a casa o ir a los Sanfermines. Esto último no le convence mucho porque dice que allí hay “mucha orgía”. Sí, muchacho, será mejor que te vayas a casa no vayas a perder todo lo ganado en el Camino.
Después de la cena nos vamos para el cabo de Fisterra para ver la puesta de sol. Como se nos ha hecho un poco tarde nos han recomendado que, en vez de ir por la carretera, vayamos por una pista que va bordeando el cabo por la parte Oeste y así iremos viendo la puesta de sol en todo momento. Y eso hacemos, por detrás del Hotel Ínsula Finisterrae sale esta pista que tiene inmejorables vistas sobre la playa de Mar de Fóra.
Y antes de llegar al faro se produce el espectáculo que tantos peregrinos y turistas han celebrado, la puesta de sol en Finisterre, como aquella que sobrecogió a los romanos del s. II a.C. cuando vieron desaparecer al Sol entre las aguas del tenebroso océano, en el reino de los muertos.

Después subimos hasta casi lo alto del promontorio, por allí dicen que se encuentra la ermita de San Guillermo, cuya existencia ya figura en documentos el siglo XIV, desde antiguo ha estado ligada a ritos de fertilidad.
Cuando llegamos a la proximidades del faro, situado en el extremo del mítico promontorio Nerio (donde estaba el Ara Solis) era completamente de noche y vimos aparecer la luna llena como un gran disco amarillento sobre la costa de Carnota.

También vimos el hito con la vieira y con el kilómetro 0,00, porque en el Camino se cuenta al revés, vas restando en vez de ir sumando. Si supiéramos los años que vamos a vivir haríamos lo mismo, pero no lo sabemos y sumamos pensando que nos queda mucho por delante.
Para completar el ritual nos fuimos al lugar donde los peregrinos queman las botas y las ropas viejas junto al “monumento a las botas” (por cierto, sólo había una), y allí echamos algo al fuego: papeles y alguna cosa más prosaica.
Por último dejamos una vela delante del bajorrolieve de nuestro patrón Santiago.
Volvimos por la carretera a Fisterra haciendo uso de los frontales a pesar de la luna llena, más que nada para que nos vieran los numerosos coches que iban veloces hacia el cabo, seguramente deseosos de practicar “ritos de fertilidad”.

AL DÍA SIGUIENTE EN FISTERRA
No podíamos irnos de Fisterra sin visitar la iglesia de Santa María das Areas, de origen medieval, aunque se habla de que por aquí ya hubo cultos precristianos. Esta iglesia está muy ligada a los Templarios (Fisterra fue una encomienda templaria, lo mismo que Padrón) y allí se venera al Santo Cristo de Finisterre, talla del siglo XIV que según la leyenda llego aquí al ser arrojado desde un barco que aligeraba peso para poder escapar de una tormenta. Y así termina esta historia.                        

                                        BUEN CAMINO                   J.P.A.