Archivo de Septiembre de 2009

pirineos 2009

Martes, 15 de Septiembre de 2009

  1. LA PUERTA DEL CIELO DEL 3  AL 7 DE AGOSTO

Lunes 3 de agosto salimos de Monfort  a las 9 de la mañana, con dirección a Tavascan ,  6 compañeros para hacer el circuito pirenaico de la Puerta del Cielo. La ilusión me desbordaba. Desde Enero me estuve preparando para este evento. Por el camino no paraba de mirar a un lado y a otro absorto en el precioso paisaje que tenía enfrente. Sobre la 4 de la tarde llegamos a Tavascan, (1145 m.), cargamos nuestras mochilas y comenzamos la 1ª etapa hasta el camping refugio de Graus (1358 m) fue una etapa corta aprox.  1 hora y ½ nos instalamos y nos fuimos para la ducha y a esperar la cena.

Martes 4 de agosto. Nos levantamos a las 6 y media el desayuno  comenzaba a las 7 y media, después del desayuno cogimos el “picnic” y empezamos la 2º etapa hasta el refugio de Certascan, El camino, que sube lentamente, discurre por un bosque de avellanos , nos dirige hacia Noarre ,una pequeña aldea de casas de piedras ,la atravesamos y nos dirigimos a un salto de agua en el Forat de Guerroso que desemboca en el lago del mismo nombre . Cruzamos  el rio por debajo de esta pequeña cascada y seguimos subiendo hasta el Estany Blau, otro lago de alta montaña  que rodeándolo nos lleva hasta el Collado de Certascan. donde dejamos las mochilas y hacemos la subida al Pico de Certascan (2862m) desde el cual las vistan son preciosas . Después de hacernos algunas fotos y picar nuestra tarjeta de ruta bajamos para seguir nuestro itinerario que nos lleva hasta el lago de Certascan que rodeamos, no antes de hacer una paradita en el llano y disfrutar del día. Media hora más tarde llegamos al refugio de Certascan ( 2234 m) cenamos y charlamos un rato y a las 9 a dormir que había que madrugar

Miércoles  5 de agosto. Este día se presumía que iba a hacer mucho calor   y la etapa era la más larga de todo el circuito de Certascan a Pinet.  Desayunamos a las 6 y media y comenzamos a andar a las 7 y media teníamos por delante casi 12 km y cerca 2700m de desnivel entre subida y bajada. Este día las rocas y los lagos serán parte de nuestra rutina. Llegamos al Estany de Romedo que es una especie de embudo rodeado de cimas o antecimas no muy altas y nos llama la atención una pequeña isla con un árbol, un lugar paradisíaco en el que había varias tiendas de campaña y gente  pescando ¡! Qué lugar más bonito ¡! pero debemos seguir aún queda mucho día por delante. Llegamos al Port de l’Artiga que hace de frontera entre España y Francia y comenzamos una bajada bastante inclinada pero con muchos bloques de piedras que, marcados con pintura amarilla y blanca, nos indican el camino hasta un llano al lado de un pequeño rio que invitan a un descanso. Reponemos fuerzas y comenzamos otra fuerte subida que nos lleva hacia un paso en la cresta a la Pointe de Recós ( 2477 m) aquí arriba se ve el refugio que parece que está ahí y cada paso se aleja más. Antes de llegar nos queda una trepada para quemar adrenalina. Nada más llegar al refugio de Pinet (2246 m) nos acomodamos y buscamos la ducha (3€ 3 minutos de agua caliente) y rápidamente la cena y a dormir.

Jueves 6 de agosto. El día comenzó para nosotros a las 6 de la mañana ,desayuno y nueva ruta , hoy tenemos por delante un gran reto La Pica del Estat (3143 m y techo de Lérida) 10 km y casi 2000 m. de desnivel entre subida y bajada . Desde el principio del día comenzamos a subir lentamente pero sin pausa, rodeados de grandes paredes de piedra hasta el Coll de la Cometa .Una vez allí vemos enfrente la Pica del EStat, invitándonos a subir. La cima está coronada por una gran cruz de hierro con la señera catalana, descansamos un rato, picamos en la cima nuestra tarjeta  y para abajo que queda mucho y hay que seguir disfrutando  del día. En la bajada nos encontramos con una placa de nieve que me hizo resbalar varias veces con las consiguientes risas. Después de nuevo subida hasta el Port de Sotillo, donde había algunos pajarillos revoloteando para picar las migajas que le echábamos, acostumbrados si duda a las personas. Seguimos con otra bajada hasta un nuevo lago que rodeamos hasta llegar a un prado donde pacían un rebaño de vacas a las que interrumpimos nosotros su descanso cuando nos sentamos a refrescarnos en el rio. Después de un breve descanso seguimos hasta el refugio de Vallferrera (1905m ) Como siempre nuestra idea de refrescarnos y cenar eran primordiales pero este no pudimos ducharnos, una avería dejó sin agua caliente la caldera y con agua fría no apetecía mucho, aunque hubo quien se bañó en el rio. Después  de cenar, para la cama, esta noche y como preludio del día siguiente cayó una gran tormenta con aparato eléctrico incluido.

Viernes día 7 de agosto.  Esta etapa es de 16 km. Pero con mucho desnivel en bajada. Comenzamos vadeando un rio y con mucho cuidado de no resbalar por que las piedras estaban mojadas de la noche anterior, Todo estaba húmedo y sombrío pero agradaba andar. Llegamos al circo de Baborte el que hay un magnifico lago y arriba un refugio encima de un montículo. Seguimos caminando y apretando el paso por que a lo lejos se ve una gran negrura y amenaza tormenta. Llegamos a un llano donde se sitúa la cabaña de Boldis y donde pacen tranquilamente algunos caballos. Aquí paramos para picar nuestra tarjeta y seguimos marcha, caen algunos goterones y decidimos ponernos los chubasqueros .Mientras íbamos bajando  estos goterones se fueron haciendo más espesos hasta terminar en un una gran tormenta que nos acompaño toda la bajada hasta Tavascan. Llegamos a Tavascan sobre las 5 de la tarde, empapados  peor contentos. Nos montamos en el coche hasta el camping de Graus donde no esperaba un buena ducha y una mejor cena.

Sábado día 8 de agosto.  Madrugamos, para variar, desayunamos  y  de vuelta a Monfort  donde nos esperaban el resto de compañeros que nos recibieron con mucha alegría, alegría que compartíamos  porque nuestro reto, nuestra ilusión la habíamos hecho realidad

REMONTANDO EL ARROYO SALADO DE RIOFRÍO.

Lunes, 14 de Septiembre de 2009

Entretenida y novedosa la ruta que hemos realizado hoy con el club en la aldea lojeña de Riofrío, coordinados por Clare, que se está haciendo una experta en esta zona de la provincia de Granada. Remontamos el arroyo Salado, afluente del río Frío, a su vez, afluente del Genil.

Riofrío es una pequeña localidad de menos de cuatrocientos habitantes que se ha convertido en un lugar de mucho atractivo turístico por su fresco y agradable enclave y su rica gastronomía, destacando en ella las truchas que se crían en su piscifactoría. Pero, además de truchas, se cría otro pez, el esturión, cuyas huevas sirven para la producción de un excelente caviar ecológico que se exporta a más de diez países. También, las aguas del río Frío constituyen un paraíso para los amantes de la pesca los 365 días del año.

Aparcamos en la plaza de la localidad, rodeada de restaurantes, y empezamos a caminar a eso de las diez y media de la mañana, dejando a nuestra derecha la piscifactoría. A la izquierda dejamos el llamado Puente Califal. Ya estaban colocando los tenderetes del mercadillo de los domingos.

Seguimos por la calle principal rebasando la moderna iglesia (a la derecha) y un colegio (a la izquierda) hasta que llegamos a una fuente de piedra.

Justo en frente, a nuestra derecha, baja una calleja que te lleva al campo. También hay una señal de aparcamiento. Por allí nos metemos siguiendo las indicaciones de nuestra coordinadora.

Cruzamos un puentecillo y, después de pasar por una antigua era, nos metemos por una sombreada pista donde abundan las higueras, nogales, zarzamoras…, y, también, un curioso arbolillo llamado acerolo, de la familia de las rosáceas, cuyo fruto parece una manzanita pequeña del tamaño poco mayor que una cereza, es comestible y de gusto ácido.

Vamos remontando el arroyo Salado que nace en las proximidades de la pedanía lojeña de Fuente Camacho. Sus sales fueron explotadas desde la Antigüedad.
A nuestra izquierda tenemos la Sierra de Loja, y de frente la Sierra de Gibalto, detrás de la pequeña pedanía de La Tajea; ahora caminamos por un olivar. En total nos hemos reunido 23 personas.

Entramos en la aldea de La Tajea y subimos hacia la derecha, por una calle donde abundan los rosales. Llegamos a una acequia y tenemos que caminar en fila india dado la estrechez por donde pisamos.

De la acequia se surten las casas con muchas bombas eléctricas que extraen el agua de la misma. Unos metros por debajo, a nuestra derecha corre el arroyo Salado, pero el agua de la acequia es de un nacimiento que se encuentra más arriba.

Vamos con cuidado de nos resbalar por el estrecho murete de pocos centímetros de la acequia, eso a algunos le da un poco de vértigo. Cada vez nos vamos metiendo más por un cañón donde el río se encajona.

Pronto tenemos que bajar al arroyo y cruzarlo por unas piedras. Eso da lugar al clásico parón y a que los aficionados a la cámara hagan sus fotos, no sé si esperando el chapuzón de algún compañero.

Después de que todos hemos pasado, nos encontramos en el fondo de esta pequeña garganta donde algunos empiezan a agacharse y hacer fotos del suelo. Es por la sal, hay montoncitos de sal por todas partes.

Después de hacernos una foto de grupo, empezamos a remontar la garganta por su orilla derecha (nuestra izquierda), con cuidado de no resbalar en las rocas saladas.

Pronto pasamos el estechamiento y salimos a una zona más abierta donde abundan los cantos rodados en el lecho del río.

El arroyo gira a la izquierda y se mete en un profundo encajonamniento llamado el Cerrajón, por arriba lo atraviesan dos puentes del ferrocarril, uno moderno, y otro de hierro del año 1873, de la escuela de Eiffel. Nuestra coordinadora dice que no conoce el tramo del Cerrajón, por lo que se mandan exploradores para ver si es factible hacerlo por dentro, es final del verano y hay poca agua. Esperamos mientras tanto.

Los exploradores dan el visto bueno y empezamos a bajr al lecho del arroyo para cruzar al otro lado. Luego seguimos por esa orilla metiéndonos de lleno en el Cerrajón.

Dejamos atrás los puentes a considerable altura. Hay que tener en cuenta que, aunque ahora el arroyo Salado lleve poca agua, en octubre de 2007 fue el responsable de las graves inundaciones que padeció Rofrío con grandes daños en su piscifactoria, murieron 200.000 truchas y 1.000 esturiones, además de otros daños en viviendas y negocios.

Llegado a un punto, es tal la estrechez del paso y la verticalidad de las paredes, que no hay más remedio que quitarse las botas si no te las quieres mojar. Así que botas y calcetines fuera, que el fresquito del agua viene bien con el calor.

Una vez que hemos pasado este estrechamiento, la garganta empieza a abrirse poco a poco y las paredes de los tajos empiezan a perder altura.

Seguimos por el lecho del río, pero conforme nos va dando más el sol, empieza a notarse el calor, hace un día de bochorno, de esos que dan lugar a tormentas.

Caminamos por una auténtica alfombra de sal, curiosamente en el agua salada pululan gran cantidad de insectos pequeños parecidos a las moscas.

Pasamos por debajo de un puente y seguimos caminando por terreno cada vez más abierto, en las orillas del río crecían los almendros.

Los paraguas, que un principio iban en la mochila para la lluvia, empiezan a salir y a usarse para protegerse del sol, no corre ni una ligera brisa.

Llegamos a una zona del río donde hay unos escalones naturales de roca, en época de lluvia se tienen que formar aquí unas bonitas cascadas.

A la una y media el personal empieza a amotinarse, subimos hacia la carretera de Fuente Camacho por un olivar, y le preguntamos a un motorista que pasa en ese momento si queda mucho para el pueblo. Nos dice que una hora todavía (unos 4 km), así que decidimos que hasta aquí hemos llegado, llevaremos unos seis kilómetros, casi todos por el lecho del río. Para Rifofrío quedarán otros cuatro.

La vuelta la haremos por pista, que es más rápido. Caminamos unos cientos de metros por la carretera en dirección a Riofrío hasta que llegamos a una pista junto a un poste de alta tensión. Por allí nos metemos en ligera bajada entre olivos.

Atravesamos las vías del ferrocarril mientras el día se va poniendo cada vez más nublado, se presiente que no tardará mucho en llover.

Por la pista pronto llegamos a La Tajea, dejando a la derecha el cauce del arroyo Salado por donde hemos caminado hace un rato. Y ya por terreno conocido emprendemos el regreso a Riofrío, mientras empieza el concierto de truenos y relámpagos sobre la Sierra de Loja.

Llegando a Riofrío, pasadas las dos y media, empieza a llover débilmente, pero cuando cae lo gordo estamos ya repartidos por los bares y restuarantes del pueblo. Son las primeras lluvias en tres meses, ya es hora de que se vaya acabando este tórrido y seco verano.

Al volver por la tarde a Sevilla por la A-92, vimos que por la Roda de Andalucía estaba la autovía parcialmente anegada y un carril cortado. Todos los olivares estaban encharcados y el agua corría como un torrente por las cunetas. ¡De buena nos habíamos librado! Tuvimos mucha suerte en esta ruta con que no nos pillara el tormentón por el cauce del río. Por cierto, ¡hoy han caído las primeras nieves pre-otoñales en Sierra Nevada!

Recorrido: 10 km; Desnivel: 100 m; Duración: 4 horas; Dificultad: media-baja; Coordinadora: Clare Usher

J.P.A.

LA CRESTERÍA DE LA SIERRA DEL PINAR (GRAZALEMA)

Sábado, 12 de Septiembre de 2009

He rescatado del olvido esta ruta realizada por el Grupo de Montaña del club porque pienso que es una actividad muy espectacular que debería de repetirse. Sé que Rafael Prieto lo ha intentado, ¿no hay nadie más que se anime? Hay que solicitar el permiso con bastante tiempo a la Oficina del Parque Natural de Grazalema, teléfono:  956 727 029.

LA CRESTERÍA DE LA SIERRA DEL PINAR:
Desde el mes de marzo tenía solicitado el permiso para hacer la Crestería de la Sierra del Pinar de Grazalema. Esta es una de las rutas más codiciadas por los montañeros y se dan muy pocos permisos al mes. Se puede decir que es la ruta montañera por excelencia de todo el Parque.
El 23 de diciembre quedamos,a las siete de la mañana en la puerta del club (Dos Hermanas); va a ser la última ruta del Grupo de Montaña en el año 2006. Nos juntamos diez personas y salimos para Montellano, donde desayunamos, luego por Villamartín llegamos al pueblo de El Bosque y seguimos por Benemahoma para el Puerto del Boyar, antes dejamos un coche en el kilómetro 40 (en el aparcamiento de la subida al Torreón por su cara Sur) para la vuelta. Seguimos hasta el aparcamiento de El Pinsapar, cerca del Puerto de las Palomas, son las nueve y media de la mañana y empezamos a ponernos las botas y las mochilas. Después enseñamos el permiso (que he recibido por fax) a la guardesa del Parque, y empezamos a caminar a eso de las diez menos cuarto. Hace fresquito y las cumbres están cubiertas de nubes. En media hora estamos en el Puerto de las Cumbres después de superar un desnivel de 250 m. Arriba nos reagrupamos y seguimos por el sendero del Pinsapar durante unos minutos.

Parece que las nubes empiezan a disiparse, abandonamos el sendero y empezamos a subir a la cresta de la montaña. Nos vamos dirigiendo hacia el San Cristóbal que tenemos, imponente, delante.

Vamos subiendo sorteando unos tajos hasta que llegamos a la base del pico San Cristóbal junto a un antiguo pozo de nieve.

Después de parar para hacer unas fotos, atacamos el pico por su cara Sur, que es mucho más asequible. Poco a poco todos llegamos arriba y disfrutamos de las vistas, porque las nubes acaban de disiparse por completo.

El Salto del Cabrero, la Silla, El Reloj y El Simancón, el Cerro del Pilar y el Cornicabra, Sierra Margarita…, y muchas más.

Estamos a unos 1.554 m de altura, afortunadamente no hace viento porque el día está fresquito, las plantas tienen escarcha. Sacamos la pancarta y nos hacemos una foto de grupo, es la primera vez que el club sube al San Cristóbal, aunque algunos socios ya lo hemos hecho por nuestra cuenta.

Esta es una de las cumbres más emblemáticas del Parque Natural de Grazalema, ya que es visible y reconocible desde una gran distancia. También la hace muy atractiva su aparente inaccesibilidad, sobre todo vista por su cara Norte.

Desde allí se contempla toda la crestería hasta el Torreón. Descendemos un poco y empieza el verdadero “peluseo” de trepadas y destrepes que nos va a tener ocupados buena parte del día.

Vamos por un pequeño pasillo rocoso muy aéreo que hace las delicias de los participantes, pues es de una gran espectacularidad.

Así vamos hasta que llegamos a la Brecha, allí nos dividimos, unos tiran por arriba y otros por la izquierda hasta reagruparnos otra vez un poco más adelante, entre pitos y flautas ya es la una de la tarde.

Seguimos ahora por una zona un poco menos abrupta, los pinsapos llegan hasta nosotros, están retorcidos por tener que soportar los vientos y las tempestades en esta zona más expuesta, las vistas siguen siendo maravillosas a una y otra parte, aunque el día no está muy claro y las sierras más lejanas están brumosas.

A las dos decidimos hacer una parada para comer, aunque ya falta poco para el Torreón; detrás de unas piedras, protegidos de la fría brisa, damos cuenta de los bocadillos, algunos sacan petacas de licor que ayudan a quitar el frío.

Seguimos, ya tenemos a la vista el Torreón, para llegar a su base nos metemos en un caos de rocas. Por fin salimos de este laberinto y subimos por el sendero habitual. Sobre las tres y media estamos todos arriba, nos hacemos otra foto, hemos cumplido el objetivo que nos habíamos propuesto: hacer la crestería desde el San Cristóbal hasta el Torreón. Estamos en el techo de la provincia de Cádiz, a unos 1.648 m según unos, y a 1.654 m según otros. La crestería occidental queda pendiente para otra ocasión, porque ya vamos muy cansados y los días son muy cortos, no queremos que se nos haga de noche por aquí arriba.

Empezamos a bajar por el sendero ya conocido de otras ocasiones, y a las cinco estamos en el aparcamiento donde dejamos el primer coche. Desde la cima del Torreón han sido más de 750 m de desnivel de manera ininterrumpida. Han sido unas siete horas y media con las paradas incluídas. Nos vamos a buscar los otros dos coches y allí mismo, junto al aparcamiento de El Pinsapar, vemos el mayor rebaño de cabras monteses de todo el día, unos treinta ejemplares entre machos y hembras se retiran buscando la espesura del bosque. Durante el trayecto también hemos visto algunas pero no tantas juntas. Ya sólo queda recoger al resto del personal y tomar un café en El Bosque. Ha sido una jornada bastante agotadora (más de uno tendremos agujetas) pero que nos ha dejado satisfechos a todos esperando que el nuevo año nos traiga nuevas rutas montañeras tan emocionantes y bellas como ésta.

J.P.A.

SEGUNDA VISITA AL CERRO DEL CABALLO AGOSTO DE 2009

Jueves, 10 de Septiembre de 2009

por Alfonso Piñero Alcón

Como lo prometido es deuda os voy a narrar la segunda visita que hicimos este verano al Cerro del Caballo. El lunes 10 de Agosto, cuatro compañeros, Elías, Pepe López, Concha Cabezuelo y el que esto escribe, Alfonso, nos fuimos a Sierra Nevada para emprender esta nueva ruta del Caballo por Hoyo de la Mora.

Después de desayunar en el área de servicio de Abades La Roda de Andalucía, continuamos nuestro camino hacia Granada y después hacia Hoyo de la Mora. Alli llegamos a las 10 de la mañana e inmediatamente nos pusimos en camino. El tiempo era fresco como suele suceder en zona tan alta. Después de pasar cerca del monumento a la virgen seguimos por Borreguiles. Cruzamos la explanada y finalmente llegamos al Puerto de las Yeguas, donde nos tomamos una foto para grabarlo en el recuerdo.

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Después continuamos hacia la Laguna del mismo nombre donde hicimos el primer descanso.  Eran las 11,30. Tomamos algo de beber y de comer. Pepe nos invitó a frutos secos que nos vino muy bien para reponer calorías.

Después del descanso, seguimos nuestro camino y llegamos a los Lagunillos de la Virgen que estaban cubiertos de nieve ¡ Nieve a 10 de Agosto ¡, pero claro, estamos en Sierra Nevada a cerca de 3.000 metros. Estas lenguas de nieve nos obligan a rodearlas subiendo algunos roquedos. Continuamos nuestro camino y de pronto aparecen los impresionantes Tajos de la Virgen.

- ¿Dónde está el camino?- pregunta uno de mis compañeros.

- Sólo se ve cuando estamos cerca.

Lo que sí se ve es el Fraile de Capileira, una gran roca situada en la cima de los Tajos. Según la leyenda, una vez, un fraile que habitaba en Capileira abusó de un chica de la localidad. Esta lo denunció ante las autoridades. Éste, indignado y delante del juez dijo solemnemente “Que me quede de piedra si es verdad lo que dice esta mujer”. Inmediatamente se quedó de piedra pero en lo alto de esta montaña para ejemplo de otros malandrines. Bueno, ésta es la historia tal como me la han contado.  Posiblemente habrá otras explicaciones del por qué del nombre.

Poco a poco fuimos subiendo por la tortuosa senda que corre a lo largo de los Tajos mientras a nuestra derecha se iba viendo un paisaje cada vez más majestuoso. Nos encontramos con una gran lengua de nieve que no tuvimos más remedio que cruzar ya que se interponía en nuestro camino y tratar de rodearla era muy difícil por su extensión. Bien, pues pisamos nieve a 09 de Agosto que siempre es bonito.

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Poco a poco nos fuimos aproximando al Refugio Elorrieta pero nuestra intención no era visitarlo sino tomar la dirección de El Cartujo lo que hicimos inmediatamente. Cruzamos el collado Elorrieta y  la gran plaza de lajas que media en el camino hacia la cima y llegamos un roquedo que había que cruzar si queríamos llegar a la cima. Allí encontramos a otro compañero que iba solo lo cual no es muy aconsejable en tan altas tierras pero vamos cada uno es dueño de hacer lo que le parece. Pasamos los peñascos y después de un rodeo llegamos a la cima del Cartujo que es nada más que unas piedras agrupadas, donde descansamos un poco y tomamos agua y algo de comida.

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El tiempo comenzó a cambiar. Las primeras nubes se fueron engrosando y eran cada vez más oscuras y más grandes. Partimos en dirección hacia nuestra meta andando por campos de grandes piedras.

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Las nubes eran cada vez más oscura y yo temía que nos cayera una tormenta.

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Piedra y más piedras, y anda que te anda, así era el camino. De sol ya nada, solo nubes y oscuridad.

De vez en cuando se aclaraba el paisaje un poco y podíamos ver algo del valle del  Río Lanjarón. Se veía una cima y mis compañeros me preguntaban:

- ¿Ese es el Caballo?

- No, está todavía por detrás- respondía yo sabiendo que les creaba un poco de desilusión.

Las nubes seguían pero poco a poco fuimos saliendo de ellas y por fin se vio el Caballo. Eran las tres y media. Iniciamos la subida por el sendero que serpentea por su ladera. La subida fue dura porque ya veníamos bastante cansados de andar por tantas losas de piedra. Pero la llegada a la cima nos compensó de la dureza de la subida. Como en la anterior ocasión la vista era impresionante. Hacia el sur el valle que terminaba en Lanjarón. Hacia el norte el valle subía y terminaba en el Veleta y en el Mulhacén. Al este la loma de Lanjarón y al oeste la loma de los Tres Mojones y los Alayos. Para suerte nuestra el tiempo había mejorado mucho y había sol.

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En la cima estaban dos ingleses que hablaban entre ellos. Les pedí que nos hicieran una foto a lo cual asintió uno de ellos amablemente. Habían venido desde Lanjarón. Una duda me asaltó: si Lanjarón está a 900 metros y la cima del Caballo está a 3.100 la subida de ellos ha tenido que ser mucho más dura que la nuestra. Sin embargo, a ellos se les veía frescos, por lo que supuse que habían venido en coche o todo-terreno hasta algún punto cercano.

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Después de comernos nuestros bocadillos decidimos iniciar nuestra vuelta. Eran las 5 menos cuarto y estábamos un poco atrasados, así que no podíamos perder mucho tiempo. Comenzamos la bajada hacia la Laguna del Caballo. Menos mal que esta vez no había nadie bañándose porque estas lagunas glaciares son muy delicadas, han sobrevivido a muchos siglos y cualquier cosa extraña que hagamos en ellas puede deteriorarlas para siempre.

A Elías le venía dando la lata una de sus rodillas, por lo que aflojamos un poco el paso. Buscamos una bajada hacia el valle pero no la encontrábamos hasta que vimos que Elías iba andando por un estrecho sendero que parecía que comunicaba con la Laguna de Nájera.Tomamos el camino y entonces tuvimos una de las vistas más hermosas del valle: el río Lanjarón al fondo, los prados verdes de las laderas, manchas de nieves a lo largo de todo el valle, y a un lado los salvajed Tajos Altos y al otro la loma de Lanjarón.

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Pasamos junto  a un pastor que cuidaba de un buen número de ovejas y le saludamos. Continuamos andando ya por el río porque la senda había desaparecido y entonces tuvimos que empezar a subir porque en realidad desde la cima de El Caballo habíamos bajado más de 400 metros. Poco a poco fuimos subiendo siempre acompañados por el río Lanjarón que saltaba juguetón a nuestro lado. De vez en cuando teníamos que chapotear por zonas de cesped totalmente inmersos en agua, otras veces subiamos a las rocas para evitarla y finalmente tuvimos que andar por el mismo río en una estrecha garganta. Pero también teníamos que andar por grandes manchas de nieve, siempre con el cuidado de no pisar alguna oquedad.

Eran ya las 7 y comenzaba a hacer un poco de frío. Vimos la senda de piedra que dicen se construyó para que el rey Alfonso XIII pudiera ir a cazar comodamente a lomos de caballo.

-Elías, ¿Cómo va eso?

- Aquí tirando.

Seguimos subiendo y el sol comenzaba a ponerse porque estábamos en el fondo del valle. Hacía ya algo de frío, en realidad nunca habíamos tenido calor  en ningún momento durante el día.

- ¿Dónde estará el refugio de  Peñón Colorado?
Llegamos a unos tajos y después de cruzarlo vimos en lo alto de la loma algo que se parecía al refugio de Elorrieta.

-Ya estamos cerca - dije yo para dar ánimos.

La verdad es que estábamos muy cansados pues subir el valle en el momento en que estábamos más fatigados no era la mejor idea pero había que hacerlo, nadie iba a venir por nosotros. Llegamos primero a una laguna y por fin llegamos a una segunda que era la de Lanjarón. Ya sabíamos entonces donde estábamos. Un macho de cabra montés estaba en la laguna.

- No nos embestirá ¿verdad?

Parecía que era totalmente manso pues permitió que Elias se acercara para hacerlle una foto.

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Seguimos con nuestro camino. Eran ya las siete y media y teníamos que subir la última parte hasta subir el collado Elorrieta. Fue duro, porque aparte del esfuerzo, soplaba ya un viento  bastante frío por lo que tuvimos que ponernos todo lo que llevábamos encima.

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Finalmente llegamos a la parte más alta y yo dije para dar ánimos:

- A partir de aquí todo es bajada.

Pero tampoco podíamos andar muy rápido ya que estábamos cansados. Llegamos a la gran mancha de nieve que estaba empezando a helarse. Todo el paisaje comenzaba a perder su brillo porque el sol se estaba poniendo. Cuando llegamos a los Lagunillos de la Virgen todavía había luz natura,l lo cual era muy importante ya que sin luz hubiera sido difícil de pasar con el agua, la nieve y las rocas.

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Pasamos junto a la Laguna de la Yegua casi sin mirar en la penumbra. Ibamos a paso rápido y tomamos la pista que llevaba a Borreguiles. Está haciendose de noche.  Alguien propone cortar por la explanada de Borreguiles pero yo lo rechazo “Nos romperiamos una pierna con esta oscuridad”. A lo lejos, sobre los valles se veían densas nubes que replandecían en la oscuridad y fuertes relámpagos.

Cuando llegamos a Borreguiles eran ya las 10 de la noche y todo estaba oscuro. Sólo una luz brillaba en las instalaciones. Yo saqué una pequeña linterna y Elías sacó un frontal. Pero las pilas no estaban montadas y allí en la oscuridad más con el tacto que con la vista montamos las pilas aunque no fue fácil por el tema de la polaridad.

(Un mandamiento montañero:  hay que llevar encima siempre una linterna en condiciones, no sabemos donde nos puede sorprender la noche)

Hago una propuesta ¿Y si llamamos a la Guardia Civil ? Podrían llevarnos a los coches, al fin y al cabo estamos un poco perdidos. Después de un corto debate se acuerda intentar llegar a los coches por nuestra cuenta y en caso extremo llamaríamos a la Guardia Civil.

Salimos por la carretera de Borreguiles hacia Hoya del Portillo, en la oscuridad, sin ver sólo lo que alumbran mi pequeña linterna y el frontal de Elías. Suena mi móvil. Es mi mujer:

- Sí, ya estamos saliendo en los coches. Es que nos hemos retrasado un poco -miento para no intranquilizarla.

Vamos andando con cuidado, siguiendo los desgarros y arañazos que han dejado las palas que limpian la nieve, con cuidado de no acercarnos a algún barranco.

Ha pasado más de veinte minutos. Estamos impacientes, no vemos todavía el cruce de Borreguiles. “Si no llegamos al cruce en 10 minutos deberíamos volver a Borreguiles y quedarnos allí la noche”, dice uno de nuestro compañeros.

Afortunadamente, a los 5 minutos llegamos al cruce y tenemos mucho cuidado, en plena oscuridad, de tomar la carretera de la izquierda, pero no estamos seguro del todo porque además se ha formado una niebla muy densa. Son ya casi las 11 de la noche. Vamos sabiamente dirigidos por Pepe que nos orienta perfectamente.

Giramos hacia un lado y hacia el otro, siempre tomando el camino correcto, todo en la oscuridad, con una niebla muy densa. Vemos la sombra del monumento de la Virgen, ya estamos tranquilos, vamos en en la dirección correcta. Vemos también una luz muy fuerte en la cercanía “Es el albergue militar”, digo yo.

Pero perdemos pronto la luz del albergue y empezamos a preocuparnos ¿Habremos tomado otra dirección? ¿Dónde está el dichoso albergue?.

Después de unos minutos de preocupación ¡Tachín, tachán¡ ¡Aparece el albergue a nuestro lado¡ Ya estamos cerca, unos minutos más y estamos en el aparcamiento. Hay tal oscuridad que Pepe no reconoce su propio coche. Hace frío, pero se nos había olvidado con la preocupación. Sugiero montarnos en el coche como estamos y cambiarnos en un sitio donde podamos ver. Nos montamos y nos cambiamos en el cruce del centro del Dornajo. Comemos algo. Son casi las 12 de la noche.

Después tomamos ya el camino para Sevilla. En el cruce de Chauchina nos paramos en un bar y tomamos coca-colas y cervezs. Después el camino  hacia Sevilla charlando todo el tiempo para que el conductor no se vaya a dormir. Llegamos sobre las 3 de la madrugada al punto de reunión de Sevilla. Después a nuestras casas respectivas, ducharnos y a dormir. Yo me acosté a las 4 de la madrugada. Al día siguiente ya estaba pensando en volver otra vez al Caballo. No tengo perdón.

PRIMERA VISITA AL CERRO DEL CABALLO JULIO DE 2009

Martes, 1 de Septiembre de 2009
por Alfonso Piñero Alcón

Este verano decidimos visitar el Cerro del Caballo, la cima más occidental de Sierra Nevada. Decidimos hacerlo desde Nigüelas, al sur de Granada. Como la distancia hasta la cima es muy larga buscamos la forma de acortarla, no se trataba de perder el tiempo recorriendo una docena de kilómetros sin mucho interés, por lo menos en la subida, así que buscamos alguien que nos llevara hasta un punto más cercano. Después de varias indagaciones encontramos que un nigüelense podía llevarnos en su furgoneta hasta la zona llamada La Rinconá al pie del caballo.
De esta forma el día 11 de Julio partimos Pepe López, Manolo Pichardo, Juan Luis Ferrete y el que esto escribe, Alfonso, para Sierra Nevada. Después de perdernos un poco en Dílar llegamos a Nigüelas para buscar a Lorenzo que era la persona que nos iba a llevar a la Rinconá. Preguntamos por él en su bar de la plaza pero tenía que  regresar de un encargo que estaba haciendo. Esperamos un ratito hasta que apareció. Pensábamos que nos iba a llevar en un todo-terreno pero era una furgoneta del tipo pick-up lo que Lorenzo tenía. Después de descargar dos cajas con verduras que tenía un magnífico aspecto, nos montamos y salimos a través de las estrechas calles del pueblo.
Salimos al exterior y cruzamos el río Torrente y entonces comenzamos la subida a través de polvorientas pistas. El camino giraba en una y otra dirección y subía continuamente. Inmediatamente se comenzaron a ver magníficas vistas del valle del río Torrente. En cada curva se nos ponían los vellos de punta ya que la furgoneta parecía acercarse al borde de los barrancos, pero nada, sin problemas, Lorenzo conocía muy bien el camino. Además nos iba contando cosas sobre los cortijos que veíamos, sobre los árboles de la zona, sobre cómo accedía la gente en invierno tan alta zona. Pepe, Juan Luis y Manolo que iban en el asiento trasero iban un poco justos de espacios, pero nada el paisaje los tenía entretenidos. De pronto, un todoterreno Suzuki nos adelantó formando una gran nube de polvo.
Ya veíamos algo de la loma de el Caballo y el paisaje comenzó a mostrar el verdor de la alta montaña. Cuando llegamos a un cortijo vimos que tenía un porche de cañas y un mostrador, parecía que era algo así como un bar en aquella zona que ya estábamos alrededor de 1900 metros. Allí estaban los individuos del Suzuki, seguro que tomando unas cañas. Poco a poco fuimos avanzando por la pista mientras el fondo del valle aparecía tremendamente alejado. Por fin llegamos a una zona de pinos donde Lorenzo nos dijo:
- Señores, ya hemos llegado.
Nos despedimos de Lorenzo y después de tirarnos la foto deinicio comenzamos la subida a través del pinar.
en-la-rincona-de-niguelas.jpgDespués de unos minutos llegamos al final del pinar y ya se trataba de subir por la ladera hasta llegar a la Loma de los Tres Mojones. Los árboles ya habían desaparecido y todo estaba cubierto de piornos que nos facilitaba la subida. Finalmente, después de un pequeño esfuerzo, llegamos a la cuerda de la Loma. Se podía ver las distintas vertientes de la sierra pero no se veía la cima del Caballo. Fue una pequeña desilusión  pero le dije a mis compañeros que no se desanimaran que la cima estaba cerca pero que al no tener punta afilada no se hasta que estuviéramos estábamos  muy cercanos.
Comenzamos entonces a andar por zonas de piedras planas, sin que hubiera ninguna zona complicada. De vez en cuando aparecían manchas de nieve y aprovechamos para hacernos una foto en una de ellas.
nieve-en-el-caballo.jpgÍbamos haciendo los seis kilómetros que nos quedaban hasta la cima pero el Caballo no aparecía. La altitud comenzaba a hacer mella en nosotros y teníamos que duplicar el esfuerzo para avanzar siempre subiendo. Nos encontramos dos montañeros que bajaban : “¡Vamos amigos, que ya queda poco¡”, nos dijeron. Seguimos la subida y yo comencé a andar hacia la izquierda, quería encontrar el camino que viene desde Tajos Altos y pronto lo encontré. Le grité a los compañeros que no continuaran subiendo y que tomaran mi camino. Entonces se vio la majestuosa cima de El Caballo allí arriba. Comenzamos entonces a subir el camino que poco a poco lleva hasta la cima. A nuestra izquierda se veía los paisajes impresionantes del valle del Río Lanjarón con los Tajos Altos.  valle-rio-lanjaron.jpg

Después de veinte duros minutos llegamos a la cima. El esfuerzo había valido la pena por supuesto. En cualquier dirección el paisaje era hermoso, impresionante.

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Miramos hacia abajo y vimos que alguien se bañaba en la laguna de el Caballo, lo que está prohibido. Nos sentamos, nos relajamos y tomamos nuestro bocadillos.

cerro-del-caballo-2.jpgLlegaron dos montañeros madrileños que estaban maravillados del paisaje. Después de darles cierta información sobre la ruta en dirección hacia el refugio Elorrieta continuaron su camino. Después nos hicimos la foto acostumbrada y a la tres y media propuse el comienzo del descenso.
Tomamos el mismo camino de vuelta y quisimos visitar la laguna pero había una gran lengua de nieve que hacía difícil la bajada por lo que decidimos no bajar ya que la subida podría ser muy difícil.
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Tomamos la dirección de vuelta a través de la Loma de los Tres Mojones. De pronto soplaba un aire fresco pero otras veces el aire era seco y cálido.  Una vez llegamos al fin de la loma continuamos nuestro camino en dirección a los Prados de Echevarría. El paisaje era majestuoso, el valle del río Torrente a nuestra izquierda y a la derecha las loma de Dílar y los Alayos. Fuimos poco a poco bajando hasta que llegamos a una zona de piedra suelta de color amarillento. Había que bajar con mucho cuidado ya que las caídas eran muy posibles, cosa que comprobamos con algunos de nosotros.
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Cuando llegamos al final entramos en los Prados y descansamos a la sombra de un pinar pues el aire fresco había desaparecido y hacía cierto calor. Comprobamos para nuestro asombro que había un cartel que decía “A Nigüelas 12 kms”. Estábamos extrañado habíamos recorrido 5 o 6 kms y en la guía de editorial Alpina aparecía 12 kms entre Nigüelas y el Caballo. Pues nada nos pusimos a andar porque ya fueran los kilómetros que fueran había que volver a Nigüelas. Paramos una furgoneta y preguntamos al conductor si ibamos bien para el pueblo y nos respondió afirmativamente. Nos quedamos con las ganas de pedirle que nos invitara a subirnos y después nos arrepentiríamos de no haberlo por lo menos intentado.
El camino entonces se convirtió en una pista de tierra blanquecina que daba vueltas y más vueltas. Como no estábamos seguro de si íbamos en la dirección correcta intentamos tomar alguna referencia y por fin encontramos el cruce de la Fuenfría. A partir de ahí empezaron las curvas continuas con un desnivel constante. Era lógico pues estábamos todavía a 1.700 metros y teníamos que llegar a 900.
De vez en cuando algún todoterreno o furgoneta se cruzaba con nosotros y teníamos que alejarnos del camino para que no nos envolviera la nube de polvo. Las curvas seguían y cuando parecía que el camino se acortaba aparecía una nueva. Intentamos acortar algunas pero sin resultados ya que el desnivel era muy fuerte. Estábamos cansados y echábamos de menos no haber quedado con Lorenzo para la vuelta.

de-vuelta-de-el-caballo.jpg Por fin cruzamos el río Torrente lo que nos dio ánimos pues quería decir que habíamos bajado casi toda la pendiente. Llegamos al zona de los  Cahorros de Nigüela y oímos el ruido de una central hidroeléctrica en el fondo de un barranco. Vimos una pista y pensamos que era para la central, que la nuestra seguía hacia adelante, pero no era la nuestra, así que tuvimos que bajar varias lazadas más. Pasamos junto al Pingarucho, gran roca en forma de pico a la que los nigüelenses le han dado este nombre.  La pista seguía y seguía y aunque el pueblo se veía de vez en cuando al momento desaparecía y se nos iban nuestra ilusión de llegar pronto.
Finalmente la pista se puso junto al río y nos dimos cuenta de que habíamos llegado al fondo del valle y que Nigüelas no debía estar muy lejos y así era, por fin vimos las primeras casas del pueblo al contraluz. Cuando llegamos nos esperaba una última propina: la calle de entrada era un larga cuesta pero al menos estaba a la sombra ya que el sol comenzaba a ponerse.
Llegamos a la plaza del pueblo desde donde habíamos partido y aprovechamos que había una fuente de agua potable y bebimos, bebimos hasta que nos saciamos. Después de remojar nuestras cabezas llenamos nuestras botellas. Nos sentamos en otra placita y allí tomamos cervezas y coca-colas. Nos obsequiaron con la típica tapa que ponen en Granada de una forma gratuita. Cuando nos sentimos algo descansados decidimos acercanos al coche y nos quitamos las botas. Nuestros pies seguro que lo agradecieron. Eran las 9 de la noche y estaba oscureciendo.
Ya en el coche tomamos el camino hacia Granada en el crepúsculo y nos alejamos echando una última mirada al Cerro del Caballo que parecía descansar orgulloso de los montañeros que lo visitábamos día tras día.

La segunda visita la contaré otro día.

Alfonso