Archivo de Noviembre de 2009

UNA VISITA A JAIME EN JUAN GALLEGO

Jueves, 26 de Noviembre de 2009

El sábado, 14 de noviembre, nos fuimos para la aldea de Juan Gallego, una de las que componen el municipio sevillano de El Madroño junto con las de Juan Antón, Villagordo y El Álamo, y la villa de El Madroño. Para llegar desde Sevilla tenemos que tomar dirección Aracena y salirnos luego hacia el Castillo de las Guardas. Sin entrar en el pueblo seguimos hacia Nerva y Río Tinto, pasamos junto a La Aulaga y luego tiramos hacia El Madroño. Unos metros antes de llegar a Juan Antón torcemos a la derecha y llegamos a Juan Gallego donde acaba la carretera.

Veamos lo que se dice en Internet de esta aldea:
“La aldea de Juan Gallego se encuentra situada a los pies de Sierra Blanca, entre Nerva y El Castillo de las Guardas, en un pequeño alto que la hace presidir al resto de aldeas que componen la localidad de El Madroño, al tratarse de la única aldea por la que no cruza la carretera, esta aldea es tranquila y sosegada y en ella se encuentra la paz necesaria para evadirse de las preocupaciones.”

Tal vez por eso la eligió nuestro amigo Jaime Rosado (CAMINOSLIBRES) para comprar una casita que le sirve de retiro los fines de semana. Como, también, sabía que Charo y yo estuvimos allí hacía cerca de treinta años pasando unos fines de semana, nos invitó a conocer su casa.
Llegamos a la hora acordada, en su calle encontramos a Jaime y su mujer, Mari Carmen y, después de entrar y ver la casa, nos fuimos a dar una vuelta por los alrededores de la aldea. En un principio tenía previsto que subiéramos a Sierra Blanca, para bajar luego al embalse del Jarrama y terminar volviendo al pueblo haciendo una circular, pero había reservado una caldereta de “venao” en la aldea de El Álamo para comer y no iba a dar tiempo, así que dejamos Sierra Blanca y nos fuimos para el embalse directamente.

Por el camino nos iba contando que sigue trabajando en este lugar por la recuperación de los caminos públicos para uso senderista y por la rehabilitación de fuentes que se encuentran en estado de abandono. El campo estaba este otoño bastante seco.

Llegamos a las ruinas del otrora importante cortijo de El Chaparral, una vez muerto el dueño se abandonó por los hijos la actividad ganadera, hoy parece ser que ha sido adquirido por la Junta de Andalucía.

Y subiendo una loma tenemos bellas vistas del cortijo y de las sierras que dejamos atrás, que afortunadamente se salvaron del terrible incendio que arrasó El Berrocal hace unos años.

Desde lo alto de la loma contemplamos el embalse de Jarrama del que no había oído hablar en mi vida. Veamos lo que dice la Wikipedia: “El embalse del Jarrama se encuentra ubicado en los términos municipales de Nerva en la provincia de Huelva, y El Madroño en la provincia de Sevilla. Su capacidad máxima es de 43 hm³ de agua. Se terminó de construir en el año 1999 sobre una superficie de 342 ha a lo largo del cauce del río Jarrama, afluente del río Tinto”.

Al fondo se veían las escombreras de las minas de Río Tinto, cuya actividad se abandonó hace tiempo.

Después de contemplarlo unos minutos emprendimos el regreso pero, al pasar el cortijo de El Chaparral, nos desviamos un poco a la derecha, hacia una pequeña balsa donde Jaime dice que ha visto beber a los ciervos a la caída de la tarde.

El agua de un arroyo se embalsa por el procedimiento de poner una barrera de tierra en la pendiente. Allí nos hicimos una foto de grupo.

Después emprendimos el regreso a la aldea de Juan Gallego empleando unas dos horas en este paseo de unos seis kilómetros de recorrido, por el paisaje típico adehesado de la Sierra Norte de Sevilla. A esta comarca se la llama Corredor de la Plata.

En Juan Gallego cogimos el coche y nos fuimos para la aldea de El Álamo, donde tenía reservada la caldereta par nosotros y otros cuatro amigos más en el bar Juventud. En Juan Gallego ni siquiera hay bar.

Pero frente al bar me llevé una agradable sorpresa, veo un cartel que habla del Monumento Natural Andaluz de la Encina de los Perros, de la que tampoco había oído hablar nunca.

Esta monumental encina fue declarada monumento natural el 24 de septiembre de 2005, el tronco alcanza en su base un perímetro de ocho metros y su copa, de 28 m de diámetro, da una sombra de seiscientos metros cuadrados. La altura del árbol es de 16,5 m. El apelativo se debe a que los trabajadores se echaban una siesta después de las duras faenas agrícolas (como los perros a la sombra). Debajo de ella se han celebrado bailes, concertado noviazgos y demás eventos sociales. Afortunadamente se salvó del terrible incendio del 2004 que arrasó 30.000 hectáreas por esta zona de Huelva y Sevilla.

Después de un estupendo almuerzo por la reconfortante cantidad de 10 euros por cabeza, nos fuimos a comprar miel, huevos de corral y polen a la casa de un hombre de la aldea de El Álamo, me parece que se llamaba José, que tenía en la parte alta de su casa un pequeño museo con los utensilios y herramientas que ya no se usan en la las labores del campo.

Volvimos a Juan Gallego y nos encontramos al camioncillo que hace las veces de supermercado, ya que la aldea no tiene tienda, sus habitantes no llegan a veinte contando los que van de fin de semana.

Todavía dio tiempo de ir a tomar café al complejo rural de Los Caleros, cerca del embalse de Jarrama, por cuya cercanía pasamos ya atardeciendo.

Llegamos justo cuando se ponía el Sol, el lugar es muy agradable, consta de diez casitas independientes restauradas con un aire muy rural. Jaime está colaborando con el dueño preparando senderos por los alrededores, ya que es un lugar que tiene bastantes posibilidades para los asiduos al turismo rural.

Sentados en la terraza del bar pudimos disfrutar del espectáculo de una puesta de sol bastante bonita.

Cuando ya se puso el Sol del todo emprendimos el regreso a casa después de haber pasado un día muy agradable.
Gracias, Jaime y Mari Carmen

J.P.A.

EL CORAZÓN DE LA SANDÍA O EL TRONCO DE LOS ALAYOS

Viernes, 20 de Noviembre de 2009

por Alfonso Piñero Alcón
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Un día de Noviembre, Juan Luis Ferrete, Pepe López y el que esto escribe decidimos probar el Corazón de la Sandía. No es la cima más alta de los Alayos de Dílar pero sí la más sabrosa. El nombre le viene porque a alguien le pareció que era el troncho del centro de una sandía y el nombre gustó y desde entonces se le llama así.

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Después de cruzar Otura y Dílar llegamos a la zona recreativa donde aparcamos nuestros coches. Son las diez de la mañana. Si el camino era maravilloso hasta ese momento, lleno de dorados chopos, a partir de este punto lo era aún más.

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El río Dílar discurría limpio, ruidoso, en una amplia garganta, los chopos y otro árboles cubrían  ambos lados, las paredes de la garganta comenzaban a teñirse en algunos puntos por el sol. En suma un precioso paisaje. Vemos a nuestra izquierda la senda que lleva a la Boca de la Pescá y la impresionante tubería que baja el agua hacia la central eléctrica.
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Después de este precioso paseo llegamos a la central eléctrica que está solitaria . Pasamos por su lado, después cruzamos a través de un muro medio derribado y accedemos al río Dilar. La única forma de cruzarlo es mediante un primitivo puente construido con un par de troncos apoyados a un lado a otro del río.

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Una vez cruzado el río haciendo un poco de equilibrio comenzamos a andar hacia la izquierda por una zona llena de troncos derribados.

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Saltamos entre ellos y llegamos a la Rambla Seca, un camino lleno de arena y guijarros, producto de los acarreos y la erosión de los Alayos por la lluvia. Comenzamos la marcha y tenemos que fijar bien los pies a cada paso ya que el suelo es inestable como si fuéramos por la arena de una playa. Intentamos salirnos en algún lugar de la Rambla para andar más cómodos,  pero sólo podemos hacerlo durante unos momentos ya que la Rambla está encajada en una garganta, consecuencia de los siglos que las aguas han corrido por esta zona.

El sol comienza a salir lo cual hace un poco más penosa la marcha por esta rambla. En cada recodo buscamos alejarnos de los rayos solares y nos encaminamos hacia la sombra. No corre ningún aire porque vamos encajonados en un barranco. A lo lejos se va viendo la punta de la Boca de la Pescá.

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Seguimos andando, con dificultad, el suelo parece moverse bajo nuestros pies. De vez en cuando vemos que sale un ramal de la rambla y lo exploramos pero vemos que no es el buen camino y volvemos a la zona más ancha, a caminar, a caminar.

Estamos ya un poco harto de tanta arena y tanto guijarro, parece que fuéramos andando por la playa, pero con las mochilas a cuesta. De vez en cuando tenemos que subir por algunas rocas que cortan el paso dentro de la rambla. ¿Cómo sería esto con un buen tormentazo? Muy peligroso. Pero no, no va a llover, el tiempo es seco, muy seco.

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Hacemos un descanso  y tomamos energía con frutos secos y alguna que otro mandarina que refresca nuestra garganta.
Al cabo de hora y media la rambla se va estrechando y el paisaje comienza a cambiar. Vemos a lo  alto el Corazón de la Sandía, pero no encontramos un sitio para subir, tenemos que seguir por la Rambla. En un lugar se estrecha y se convierte en un camino de un metro. Uno de nuestro compañeros está algo cansado y nos sigue a lo lejos. El paso por la Rambla ha sido fatigoso y todos estamos cansados.

Vemos dos piedras  que deben señalar algo. ¿Qué será? Seguro que un camino hacia algún lado, ¿hacia el Corazón? Como no sabemos adonde nos lleva continuamos por la rambla que ya es un sendero, de arena claro.Un par de montañeros caminan a lo lejos por lo alto de la cuerda. Por fin encontramos una senda en una zona de hierba y la seguimos. Le damos ánimos a nuestro compañero pues suponemos que ya estamos en el buen camino.

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La senda va subiendo poco a poco hasta que llegamos a un estrecho camino en la ladera caliza. No es muy ancho por lo que debemos andar con cuidado. Creemos que el Corazón es un pico que se ve a nuestra derecha. Miramos una y otra vez una fotocopia que llevamos encima y llegamos a la conclusión de que aquel pico no lo es, que el verdadero Corazón está a nuestra espalda. Por lo que nos damos la vuelta siempre con cuidado de no resbalar. Nos cruzamos con una pareja, hombre y mujer, de montañeros. Son bastante mayores pero se mueven con agilidad. ¡Ya quisiéramos estar así nosotros con esa edad!.
Hemos tomado la dirección contraria y buscamos una senda que suba hasta la cuerda. Por fin la encontramos y subimos con cuidado. Ya en la cuerda el paisaje es impresionante con las barrancadas producidas por la erosión de las aguas. Hace un viento fuerte y muy frío que nos obliga a ponernos nuestros forros polares.

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Seguimos andando hacia el Corazón, pero estamos cansados. Nuestro compañero que se quedó atras decide descansar y nos dice que no nos preocupemos por él, que él se queda y nos espera a la vuelta. Seguimos subiendo y bajando, ya con poca gasolina en el depósito. El aire sigue siendo frío en los repechos que dan hacia el sur.

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Vemos cada vez más cerca el Corazón pero aún hay que subir y bajar varios repechos. Por fin llegamos al pie. Es gigantesco. No nos decidimos subir a él porque sería una escalada y ni estamos acostumbrados a hacerlo ni tenemos material. Nos hallamos satisfechos con haber llegado hasta aquí.

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Miramos a nuestro alrededor. Al Sur se ve el inmenso Cerro del Caballo y al Este la zona del Cartujo y el Refugio Elorrieta.  Pero el mejor paisaje son los valles a un lado y al otro y el paisaje salvaje de los Alayos, con su gargantas erosionadas por las aguas salvajes. Nos tomamos nuestros bocadillos mirando el inmenso y extrañamente bello paisaje.

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Tomamos el camino de vuelta despidiéndose del gigantesco tronco que es el Corazón de la Sandía. Volvemos a sentir el viento frío cada vez que llegamos a un repecho. Bajamos con cuidado lo que antes subimos con esfuerzo. Encontramos a nuestro compañero que está descansado y ha tomado el bocadillo.

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Nos hacemos fotos con el Picacho Alto  al fondo. Iniciamos el camino hacia abajo. Ya el sol se va inclinando y el paisaje está cambiando completamente. Tomamos la senda y vamos poco a poco deleitándonos con los alrededores.

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Llegamos a la parte baja donde está la Rambla muy delgada y vemos un camino que parece bajar. Vemos a un corricolari que baja y le pregunto si por ahí se va directamene al Corazón. Me dice que sí pero que la bajada es algo conflictiva por los guijarros. El Corazón se ve arriba y parece que por esta ladera se puede ir.¡Otra vez será! Son las tres y media y no queremos que nos coja la oscuridad en la zona.

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Tomamos claramente ya el camino de la Rambla Seca. Aunque vamos bajando es difícil pisar porque nuestros pies se hunden. De todas formas, es mejor bajar que subir. Vamos contentos, hemos encontrado el camino y hemos llegado a nuestro objetivo.

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Poco a poco vamos cubriendo el camino de la Rambla Seca. Son las cuatro y media. Finalmente vemos claramente el gigantesco promontorio de la Boca de la Pescá y el ruidoso cauce del rio Dilar.

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Una pantalla de dorados chopos nos alegra la vista.
blog-cruzando-el-rio-dilar.jpg Volvemos a cruzar por el puente de palos, con cuidado. Llegamos a la  central eléctrica. Vemos la subida a la Boca. ¿Subimos? pregunto. Mis compañeros se sonríen “No déjalo para otro día”. Seguimos andando al lado del río, acompañados por lo chopos dorados. El sol los acaricia y los ilumina. Tiramos fotos tras fotos.

Llegamos a la zona recreativa. Hay gente jugando en la explanada. Nos cambiamos las botas. Sigo tirando fotos a los dorados chopos que me gustan tanto.
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Partimos  ya en coche y recorremos la pista de hormigón. Cientos de chopos dorados nos van acompañando. Llegamos al puente sobre el río y entramos en un restaurante con un precioso jardín donde tomamos café y charlarmos tranquilamente, relajadamente, sobre el día que hemos pasado.

Ya sólo queda el camino hacia Sevilla aunque en Santafé nos esperaba un atasco. A partir de ahí todo será camino libre hasta nuestro destino.