Archivo de Abril de 2010

LOS MOLINOS DEL ODIEL

Martes, 13 de Abril de 2010

El domingo (11 de abril de 2010) hicimos con el club una bonita, entretenida y variada ruta de senderismo por los Molinos del Odiel muy bien coordinada por Ferrete y Pichardo (http://www.valverdedelcamino.net/pagina.aspx?FrameWorkIdPagina=45)

Para acceder al inicio tenemos que ir a Valverde del Camino y desde allí a la ermita de la Coronada, poco antes de llegar a la aldea de Sotiel Coronada (que pertenece a Calañas). Junto a la ermita hay un aparcamiento y un mirador donde dejamos los coches y empezamos a bajar hacia el río Odiel, que ya nos sorprende con sus espectaculares colores amarillo-verdosos.

A la vista tenemos, un poco a la derecha, el puente de la Coronada, del siglo XVIII (época de Carlos III) y lo cruzamos.

Empezamos a remontar el río por su margen izquierda y pronto llegamos al primer molino, el Molino del Puente, construido en 1907.

El sendero continúa entre jaras, cantuesos, pinos…, y otros matorrales que empiezan a florecer en esta primavera tardía.

Después de unos metros nos acercamos a la orilla y caminamos entre arenales y rocas, esta primavera el nivel del río va bastante crecido debido a las intensas lluvias del pasado invierno.

Tras caminar 1.200 m llegamos al arroyo del Fresnedoso y lo cruzamos sin problemas por unas piedras.

Poco después aparecen las ruinas del molino del Turnio  y dejamos a la derecha unos caminos madereros, siempre tenemos que seguir la orilla del río.

Pasamos por un tramo de espesa vegetación, las jaras sobrepasan nuestras cabezas, después bajamos al río y luego hay que sortear un tramo donde las rocas llegan hasta la misma orilla.

Después el camino se hace más ancho divisándose a nuestras derecha el pico de las Puyatas. Pasamos un arroyo y llegamos al Molino del Becerrillo, que en realidad son dos, una a cada lado del río.

Seguidamente tenemos que sortear uno de los tramos más dificultosos del recorrido por la crecida del río, vamos por las escarpadas rocas de la orilla utilizando las manos de vez en cuando para no ir a parar al agua.

En un punto especialmente rocoso una de las senderistas tropieza y se lastima una rodilla, pronto aparecen vendas y esparadrapos.

Lentamente seguimos con cuidado por este tramo que tiene su emoción y que, también, lo hace más interesante por la atención que hay que poner en todo momento.

Pasamos la desembocadura del Barranco de las Cañas y, unas veces por la arena y otras por las rocas, llegamos hasta las ruinas de un pequeño molino. El grupo va muy lento debido el pequeño accidente relatado.

Sorprende ver una pequeña adelfa que ha crecido sobre la pura roca a la orilla del río junto a un agua tan venenosa, ¡la fuerza de la vida!

Ya vemos los pilones del antiguo ferrocarril minero Sotiel a Tinto-Santa Rosa (las vías fueron vendidas cuando se abandonó la explotación miera), pero antes tenemos que atravesar un tramo donde hay unas rocas bastante resbalosas por su inclinación. Un oxidado cable sirve de poca ayuda.

Después de una amplia curva llegamos a la altura de la desembocadura de la Rivera del Villar, junto a los pilones del puente del ferrocarril. Después de seis kilómetros este será el punto donde crucemos al otro lado para volver por la orilla derecha.

Cruzamos primero la Rivera del Villar sin dificultad por unas piedras, luego vendrá el cruce del Odiel que va bastante crecido.

Para cruzar el Odiel, donde el agua llega hasta media pierna, unos se descalzan, hay quien ha traído chanclas y otros improvisan con bolsas de basura, algunas no aguantan y se rompen con los guijarros.

Después de cruzar todos al otro lado es la hora de comerse el bocadillo a la sombra, que el día que un principio estaba algo nublado se ha ido despejando y empieza a notarse el calor.

Después de comer subimos un talud y pasamos por encima de un viejo puente con pinta de acueducto para salvar un arroyo, aquello parece la selva.

Caminamos siguiendo el antiguo trazado del ferrocarril minero dejando al río a nuestra izquierda, bastante más abajo que a la ida.

Parecemos hormiguitas caminando por el antiguo trazado del ferrocarril, la altura a la que vamos nos permite tener bellas vistas del río.

La curva donde desemboca la Rivera del Villar, junto a los pilones del puente del ferrocarril, presenta desde aquí una imagen muy espectacular.

También apreciamos mejor los tramos más escarpados de la otra orilla por donde hemos pasado por la mañana.

Luego llegamos a una explanada donde se conservan las teleras donde se calcinaba antiguamente el mineral a cielo abierto, produciendo una gran contaminación.

Bajamos a un dique donde una pareja en bañador toma el sol, el agua no debe de estar todavía muy apetecible para el baño.

Vamos ahora por un tramo más sombreado, lo que se agradece, antes hemos dejado a la derecha un antiguo túnel del ferrocarril.

Pasamos un puente donde crece un enorme pino en su centro, y llegamos a la antigua explotación de cobre de la mina Sotiel, aquello parece un paisaje marciano o la antesala del infierno, huele a azufre por allí.

Un puente en mal estado (se han derrumbado algunos tramos), por donde antes pasaba el sendero, nos obliga a dar un pequeño rodeo por este singular paisaje.

Parece que estemos en otro planeta por los extraños colores de los minerales y el olor azufroso.

Al llegar al otro lado del puente aprovechamos para hacernos la foto de grupo los 26 senderistas que hoy hemos acudido a esta ruta.

Seguimos camino admirando los colores que nos ofrece esta desolado paisaje, que a pesar de todo tiene su encanto.

El camino baja entre los restos abandonados de la explotación buscando de nuevo al río Odiel.

Pasamos junto a unas balsas donde el color del agua va del naranja al rojo tinto intenso.

Después volvemos a subir al camino y pronto entramos en un túnel de unos 40 m donde se agradece el fresquito que corre dentro.

Y poco a poco nos vamos acercando al final de nuestro recorrido, ya divisamos el Molinto del Puente, cerca ya del inicio del sendero.

Antes de terminar tenemos que cruzar un arroyo cuyas aguas tiñen de amarillo las rocas por donde tenemos que pasar.

Y terminamos nuestro sendero en el punto de inicio, junto al mirador que hay cerca de la ermita de la Coronada. Han sido seis horas para 12 km, se puede hacer en menos tiempo, pero merece la pena no correr y recrearse con el recorrido.

Terminamos tomando café en el Bar El Gurumelo de Sotiel Coronada, Lola nos obsequió con unas tortitas de coco caseras, poniendo un dulce final hasta bonita ruta.

J.P.A.