Archivo de Enero de 2013

RUTA INVERNAL AL CERRO DE LOS BONALES

Sábado, 19 de Enero de 2013

por ALFONSO PIÑERO ALCÓN

El día 6 de Diciembre realizamos una nueva visita al Cerro de los Bonales, situado el norte de la provincia de Huelva. Esta elevación, a pesar de ser la cota más alta del Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, sin embargo no se suele tomar mucho en consideración, posiblemente debido a que pertenece más al sistema de sierras del sur de Badajoz que a la Sierra de Aracena. Pero no por ello es menos interesante, ya que el recorrido desde Arroyomolinos de León  hasta su plana cumbre presenta distintos tipos de paisajes, desde barrancos por donde corren algunos de los múltiples arroyos que han dado nombre al pueblo, hasta cimas pobladas de robles melojos o rebollos, especie autóctona de la zona.

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En un día nublado comenzamos nuestro camino partiendo de la pintoresca fuente situada en la plaza del Resolano, giramos por una calleja  y en un par de minutos llegamos al Barranco del Abismo. Tras caminar un momento por su cauce y percibir el olor de las numerosas matas de menta que allí crecen, ascendemos y comenzamos a caminar por una pista que se dirige en dirección noreste. Observamos cómo a lo largo del cauce aparecen pequeños huertos que aprovechan las aguas del arroyo. También notamos las presencia de las ruinas de antiguos molinos. Abundan los árboles frutales como los naranjos y khakis, y también nogales y almendros. A los veinte minutos, tras pasar junto a un pilón llegamos al área recreativa del Abismo.

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Después de descansar unos momentos, tomamos ahora el camino de la derecha que se interna en el cauce del arroyo del Abismo. Afortunadamente, aunque ha llovido recientemente, se puede caminar por él, eso sí, con cierto cuidado para no resbalar. Aparece un empedrado a la derecha y subimos por él  hasta llegar a otra pista por la que ahora caminamos teniendo a nuestra izquierda otra vez el fiel Arroyo del Abismo. El camino hace un giro a la izquierda entre magníficos ejemplares de alcornoques y vuelve a discurrir al lado del Barranco del Abismo, que ahora corre por una hondonada donde todavía podemos ver algún antiguo molino y pequeños huertos de coles. El camino se estrecha, cruzamos el arroyo y ahora caminamos por una vaguada que discurre en ascenso, por donde comienzan a aparecer una de las especies arbóreas autóctonas de la sierra: el roble melojo o rebollo.
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Continuamos con nuestra ascensión por esta vaguada, mientras el arroyo, cada vez más pequeño, parece perderse entre la vegetación. La pendiente se hace cada vez más fuerte. Pisamos por una alfombra de hojas secas de roble melojos hasta que llegamos a un cruce. Si tomásemos el camino de la izquierda seguiríamos hacia el oeste, pero si tomáramos el de la derecha, volveríamos hacia Arroyomolinos por el Puerto de la Gila. Por ello, tomamos el camino que aparece al frente que discurre por una zona alta, desde donde ya podemos ver la mole del Bonales y las fincas que se extienden por las laderas. Unas son de pastos, y en ellas hay algún tipo de ganado, como ovejas, mientras en otra vemos algún caballo o algún burro. Pasamos por las Casas de Eritas, y el camino comienza a descender hasta llegar a un cruce, entre hileras de robles melojos. Nos paramos un momento para esperar a unos compañeros que vienen un poco rezagados y contemplamos la belleza del paisaje que aparece difuminado por la bruma.

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En ese momento descendemos por un ancho camino. Me entran dudas si este es el bueno, pero continúo caminando tras mis compañeros hasta que les llamo la atención: “Parad, creo que hemos tomado un camino equivocado. Por aqui vamos a la Casa del Portugués. El camino bueno está más arriba”.

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Se producen los típicos murmullos de queja porque ahora hay que subir la cuesta por la que se ha bajado. LLegamos por fin al cruce desde donde nos equivocamos de dirección y tomamos la senda correcta. Es una estrecha vereda, alfombrada de hojas de roble melojo, que discurre por la ladera del cerro, entre viejas alambradas. Se inicia una bajada y llegamos a un bosque en galería, indicio de que hay un arroyo en las proximidades. Traspasamos una cancela que dejamos cerrada, como estaba, y pasamos junto a un molino abandonado. Nos encontramos ante el Arroyo del Valle del Moral, el cual cruzamos y seguimos ahora en dirección sur.

Nos internamos ahora en un encantador bosquecillo de robles melojos cuya desnudez realza aún más el ambiente invernal. Una pista se cruza en nuestro camino y giramos a la izquierda. Caminamos por ella hasta que aparece otra a la derecha. La tomamos y subimos poco a poco hasta llegar a una peña rocosa. Nos hacemos una foto de grupo en medio del jolgorio, porque nos sentimos alegres como niños por estar en un sitio tan lejano y tan hermoso al mismo tiempo.

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Después de este corto descanso, continuamos por un camino que se dirige hacia el este, pasa junto a las ruinas de una casa y nos lleva hacia una fuerte cuesta. Medimos la altura con el GPS y no indica que estamos a 990 metros, nos quedan alrededor de 60 de subida hasta llegar a la cima. “Vamos, que ya nos queda poco” les digo a mis compañeros más rezagados para darles ánimos.

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Como estamos cerca de la meseta que forma la cumbre entramos en una zona envuelta en un espesa niebla y un aire muy frío. Ya queda poco para el punto más alto. Nos encontramos ante una alambrada y esperamos en el portillo de acceso a los compañeros más rezagados.

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Uno a uno van a apareciendo saliento de la niebla, como fantasmas. Tengo frío y cuando llega el último cerramos rápidamente el portillo y nos reunimos en la cima onubense del Bonales, que no es ni más ni menos que un montón de piedras con un palo clavado en ellas.Nos hacemos la foto de grupo en medio de un intenso frío y después los compañeros que pisan esta cima por primera vez se hacen otra de recuerdo.
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Seguimos adelante ya que con tiempo tan frío no podemos pararnos mucho tiempo. Llegamos al Bonales de Badajoz (1059 m) que está indicado igualmente por un montón de rocas y un palo, pero no podemos parar pues no es agradable estar en lla meseta de la cima con este viento tan frío. Continuamos y tras atravesar una alambrada comenzamos la bajada por un hermoso bosque de robles melojos.

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Nuestros pies se hunden entra tanta hojarasca. Miramos al frente e intentamos ver el monte de Tentudia pero la bruma lo impide. “Allí enfrente, aunque no lo creáis, está Tentudia”. Todos sonreimos y continuamos bajando con cierta rapidez para huir del frío de la cima.

Por fin llegamos a la parte inferior del monte, en el lugar llamado Puerto de los Ciegos, en una zona junto a la carretera de Cabeza la Vaca. Nos reunimos e iniciamos la vuelta por una pista que va en dirección suroeste. A nuestra izquierda vemos algunas fincas entre hermosos cerros. Son las 2 y decidimos comer, ya que algunos compañeros se han sentado dentro de una finca. Entramos en ella el resto de nosotros y echamos un rato, comiendo, comentando anécdotas, en medio de cierto frío. Finalmente algunos reparten chocolate o galletas muy apropiado para acumular calorías con este tiempo tan frío que estamos soportando.
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Reiniciamos nuestro camino por la misma pista y vemos una gran piedra pintada de os colores de Extremadura. Es el límite geográfrico entre las dos comunidades. Llegamos a las Casas de los Bonales, donde no vemos a nadie, sólo algún perro lastimero que intenta llamar nuestra atención. Hace años, en otra excursión que hicimos, llovía tanto que la calleja que separa los dos grupos de casas era un riachuelo. Pero, en esta ocasión, estamos de suerte, ya que hasta ahora no ha llovido.
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Continuamos por la pista, que está muy deteriorada por las aguas del arroyo de las Lancheras y giramos a la izquierda. Vamos subiendo, pero algunos compañeros se pasan de largo y los llamo para que vuelvan. Tomamos un pequeño sendero que se dirige hacia el oeste, que está flanqueado por los omnipresentes robles melojos. Pasamos junto a un balsa de agua, y tras bajar por una ladera llegamos a la misma pista donde nos desviamos para subir al Bonales en la zona de la Casa del Portugués. Caen las primeras gotas. Les digo a mis compañeros: “Si no nos llueve hasta pasar de aquella cuesta estamos salvados”. Por ello continuamos sin rechistar, cruzamos otra vez el Arroyo del Moral, pasamos junto al molino y atravesamos como podemos por el bosque en galería. Comenzamos la subida por la estrecha senda entre robles melojos. Después de un ligero esfuerzo llegamos a lo más alto de la cuesta, y ahora comenzamos a bajarentre fincas de castaños. Ha comenzado a llover pero no con mucha intensidad, por lo que cubrimos nuestras mochilas con las fundas impermeables y apretamos el paso.

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La lluvia ha parado. Llegamos a otro arroyo, el de la Vega, rodeamos las enormes ruinas de otro molino y subimos por otra cuesta que nos conduce a una pista que discurre por la ladera este de Cerro Milano, lo que nos permite continuar gozando de buenas vistas. Al final llegamos a una encrucijada donde hemos de tener mucho cuidado. Es un lugar de tierra rojiza, con una pista que parte hacia la derecha y otra hacia el frente. Tomamos esta segunda dirección y caminamos ahora por una zona de piedras, mientras a nuestra derecha podemos ver amplios paisajes de olivos y encinas. Llegamos el Puerto de la Gila y comenzamos la bajada de la Cuesta de los Olivos. Al otro lado del valle aparecen las montañas cubiertas de nubes ofreciendo, un magniífico paisajes que aprovechamos para hacer algunas fotos.

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Poco a poco vamos todos bajando la cuesta  que está algo resbaladiza por la lluvia recién caida, y  cuando llegamos al final, comprobamos que algún propietario ha construido una pista de hormigón donde antes sólo había grandes piedras sueltas. Tomamos ahora una amplia pista que nos lleva hasta el cementerio. A partir de ese momento nos vamos acercando a Arroyomolinos entre verdes prados  y teniendo al pueblo a la vista. La lluvia comienza otra vez cuando nos estamos acercando a las primeras casas.

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En la plaza de la iglesia hay un mercadillo navideño al estilo medieval. Paseamos por los tenderetes en medio de una fuerte lluvia. Algunos de nuestros compañeros se quedan curioseando o comprando objetos de artesanía o dulces. Tomamos otra calle y poco a poco nos vamos hacia donde estaban aparcados los coches. Algunos compañeros vienen muy atrás, pero como llueve sin parar, vamos saliendo a medida que se van cubriendo los coches con los pasajeros correspondientes. Les decimos a los más rezagados: “Nos vemos en el bar del nuevo hotal de Cala”

Partimos en medio de la lluvia. A nuestro paso, entra las tinieblas del atardecer brumoso, el paisaje parece aún más invernal. Llegamos a Cala y entramos en el nuevo hotel. El servicio no está a la altura del local, ya que tardan más de media hora en servirnos un café, pero ¿qué se le va  a hacer ? No es cuestión de enfadarse y estropear un magnífico día.

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Después de pasar una media hora comentando las anécdotas del día y algunas otras, salimos del bar y tomamos la dirección de Santa Olalla, desde donde tomamos la autopista A-66 que nos llevará a Sevilla en medio de una lluvia constante.