Archivo de Octubre de 2013

SUBIDA AL VELETA

Sábado, 26 de Octubre de 2013

Por Alfonso Piñero Alcón

Fotos del autor de la crónica y de Pepe López
El 22 de Septiembre emprendimos la subida a uno de los picos más singulares de Sierra Nevada: el Veleta (3.390 m), que con su forma característica simboliza la imagen icónica de la cordillera. Pero ¿que buscábamos? La altura, la belleza, la  inmensidad, los cielos sin fin.Tuvimos suerte porque el día era claro, luminoso, y por ello comenzamos la subida con buen ánimo.  Llegamos a las Posiciones, lugar terrible, lugar de duelo, lugar de muerte, hace 70 años. Decenas de soldados dejaron allí sus vidas, su juventud, por las balas, pero también por el frío, el profundo frío, el cruel frío que hiela las entrañas. Pero nosotros estamos en otro época, una época en crisis, es verdad, pero más civilizada. Tú me respetas y yo te respeto, y todos tan contentos.

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Comenzamos ya la subida, pero primero una foto de grupo, es de rigor. Todos contentos, todos felices, con el cortado del Veleta detrás, sonriendo, diciendo “Y estos humanos se creen héroes por estar aquí, pero soy yo el gigante, el amo, el rey”. Seguimos y seguimos por la pista, un par de meses, era sólo de nieve y de hielo, de hielo pétreo, de hielo de cuarzo. Pero ahora de nieve poco, de nieve nada. Miramos hacia los Tajos de la Virgen, “ya iremos a por vosotros, hoy os libraréis” decimos en plan chulesco. Una foto y otra foto. El paisaje cada más hermoso, más impresionante.¿Y el Cartujo? El Cartujo de sombra, ¡qué mal trata a los montañeros! “Cartujo, ten piedad de los caminantes que por ti pasamos camino del Caballo”. Pero el Cartujo ni se inmuta, es tanta su majestuosidad.

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Pepe va a subir por la senda que va directo a la cima del Veleta. Se apuntan bastantes. Una compañera me pregunta:” ¿Crees que yo puedo subir por aquí?” Le respondo: “Creo que no . Ven con nosotros” . Pero y quién puede ante la belleza del Veleta, ante su reto. No hay imaginación suficiente para desde los llanos suponer lo que es ese pico, cortado, como un vigilante, uno de los más hermosos.

El resto seguimos por la pista. Hay que apoyar a los compañeros que andan menos, pero no por eso admiran menos estos montes, estos gigantes. Seguimos y seguimos, y admiramos las maravillas. La Laguna de la Yeguas, con su leyenda, con sus tonos de azules de Prusia y de ultramar. “Laguna, te dejo y hacia arriba marcho, hacia la majestuosidad”.

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Una compañeras se siente mal. La apoyamos “Vamos, no es dificil”. Pero se siente mal, falta el aire, falta el oxígeno, la belleza embarga, la luz es celestial, todo es hermoso. Seguimos y seguimos. ¡Qué bonitos los Lagunillos de la Virgen! Y dale, que dale, todos para arriba. Bajan algunas bicicletas “Cuidado, ahí vienen”. Los sorteamos, sorteamos el aire con poco oxígeno, pero no podemos sortear la belleza, el inmenso paisaje.

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Ya estamos cerca. La compañera se para, no puede de momento. Padece un fuerte dolor de cabeza. Otra la ayuda. Posa sus manos sobre su cabeza. Le transfiere energía, energía reparadora. ¡Qué hermosura! ¿Se puede suponer mayor amistad, A 3300 metros y transfieriendo energía de una persona a otra. Las cosas son como son, somos solidarios a 10 metros, a 1000 metros, a 3300 metros. La compañera parece que mejora y sube poco a poco. Cuando llega a  la cima pido un aplauso para ella. Todo el mundo aplaude, ha llegado a la cima, al todo, a la belleza de estas cumbres.

Nos paseamos entre lo peñascos, nos hacemos fotos, somos los reyes, somos los amos, somos uno con estas cumbres. Nos acercamos al cortado de la cara norte. Da vértigo. Si fuéramos ángeles podríamos saltar, si fuéramos pájaros podríamos volar, si fuéramos brujos no caeríamos por el precipicio, quedaríamos suspendidos. Pero no somos ángeles, no somo pájaros, no somos brujos, somos humanos, humanos locos que amamos estas cumbres y cuya visión nos alimentan como ambrosías jupiterinas.
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Los acentores se nos acercan. ¡Que bellos pajarillos! Les lanzamos unas migas y comen con tranquilidad, no nos tienen miedo, están acostumbrados. ¿Qué animal puede temer al que aquí sube, el que ama estas inmensidades ?

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Embargados por tanta belleza iniciamos con lástima el descenso. ¿A dónde vamos? Al refugio de la Carihuela. Primero parte un grupo, minutos más tarde el segundo, el de los rezagados, el de los afortunados por estar un poco de más tiempo en esta cumbre. Bajamos entre las piedras que se dejan pisar y acarician nuestros pies. Vemos la vertiente sur. ¡Qué belleza, Dios mío! Los lagunillos, los roquedos, las gargantas labradas durante siglos por los arroyuelos. Todo para nosotros. Seguimos y seguimos. Un paso difícil junto a la nieve, pero no hay problema. Todo adelante y llegamos al refugio.

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Nuestros compañeros están comiendo, manjares sabrosos, pero alimentos para el cuerpo. El alimento espiritual, el que nutre al alma sobra en estas cumbres. Comemos y miramos, nos invitamos a distintos manjares. Una compañera nos invita a café. Dame café amiga, que estoy en la mejor terraza que se pueda imaginar por estas tierras.

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Dedicimos subir a un pico cercano. Nos apuntamos un buen grupo. Aunque nos falta oxígeno, nos sobra energía. En un momento estamos arriba. ¡Dios mío! Volvemos a ser los reyes, los amos, los dioses de estos montes. La falta de oxígeno hace estrago, nos vemos volando, como las chovas que graznan en las cercanías. Vemos el cerro de El Caballo a lo lejos. ¡Tan lejos y tan cercano! ¡Tan orgulloso y tan conquistado!

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Bajamos hacia la Carihuela. Una pareja de checos nos pregunta, les informo, aquí está esto y allí está aquello. Hablamos unos momentos, de Praga, la hermosa, la romántica, la del castillo que no es un castillo, la ciudad con más encanto de Centroeuropa, la de los amores que no se olvidan. Nos despedimos Nashledanou!

Comenzamos la bajada, pero a una compañera se le ha olvidado unas gafas en el pico que subimos. Suben ella  y Pepe. Los esperamos, las han encontrado. Ella está contenta. ¡Quien no está contento en esta alturas! Seguimos bajando por la carretera, nos vamos alejando del Caballo, de los Tajos de la Virgen, del Cartujo.” No sonreid, volveremos por ustedes, os coronaremos, pisaremos vuestras cumbres “

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Ya tomamos la senda, fina y tortuosa como el dibujo de un niño.  La compañera de esta mañana vuelve a no sentirse bien. Estas alturas salvajes, son bellas, pero causan dolor, nos cortan la respiración, son generosas en belleza pero parcas en oxlgeno . Seguimos y seguimos. Alguna cabras monteses nos observan, “¿Qué queréis?, ya nos vamos. tenéis todo el monte para vosotras”. Bajamos y bajamos. Finalmente llegamos abajo. Hemos perdido la altura, las cumbres, la belleza. Pero tenemos los Alayos a la vista, el Trevenque, los picos de la Virgen, el Picacho…

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Partimos de Hoyo de la Mora, ya vamos en los coches.Suenan Elton John, ¡Qué voz! Jackson Brown, Stay a little bit longer. Llegamos a un cruce y nos sentamos en una terraza, con un mirador impresionante, hacia el embalse de Quéntar. ¡Qué maravilla! Rodeado de amigos y viendo este impresionante paisaje. Comentamos, charlamos, contamos chistes, reimos. Estamos borrachos de tanta belleza, de un hermoso día.

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Finalmente tomamos el camino para Sevilla, poco a poco, sin pena, porque estas cumbres no se van, están ahí, se esconden en invierno, pero en la primavera comenzaremos a conquistarlas, de nuevo, con una nueva etapa resurgida, como resurge la vida, con una nueva ilusión, de subida a las cumbres, a la hermosura, a la belleza sin límites.

Alfonso Piñero Alcón 26 Octubre 2013