Archivo de Marzo de 2015

Domingo 8 Marzo: Grazalema-Charca Verde (PNS GRAZALEMA) MIDE 2-2-3-3. Coord. Javier Cabello-Antonia Marin

Viernes, 13 de Marzo de 2015

Crónica de Beatriz Alonso

Quería escribir algo sobre el día de ayer, no es realmente una crónica pero que me gustaría compartirla.
Lunes 09.03.2015

Buenos días a todos,

Intentare plasmar las sensaciones vividas ayer en el día de senderismo a Grazalema­ Charca Verde.

Empezare por lo obvio :fue una ruta muy bonita, hubo un día precioso, y la temperatura ideal.
Gracias a los coordinadores.

Seguiré con la conclusión : me encanto la siesta. Pasemos ahora al desarrollo :
El día empezó con buen humor y muchas ganas de disfrutar , tanto de las vistas - algo que prometía dado el lugar - como del “paseo”, y de la compañía.

También el clima acompañaba a estar relajados, y abiertos a recibir esos rayos de sol primaveral tan gratificante que nos acompaño durante todo el día. Nos acariciaba la piel sin ser agobiante, y nos daba esa energía que tanto se necesita en esta época del año para entrar plenamente en la primavera, lo que ya se podía percibir en el aire, con los olores
y los colores tímidos y principiantes de algunas platas y flores.

Si el ruta empezó con una subida bastante abrupta -los adjetivos son propios de mi percepción, que insisto es personal, entiendo que para otras personas mas acostumbradas que yo y con las piernas mas larga no fuera tan abrupta - se tomo ser un paseo muy agradable entre pinos y rocas.

Lo que permitía apreciar plenamente esos parajes tan dispares según la pendiente en la que nos encontrábamos , aunque siempre con el denominador común de la roca blanca tan característica que encontramos en todo el camino.

Después de este “reposado” paseo, pasamos a una tercera parte mas abrupta aun, al menos así la recuerdo. Ya la columna se iba alargando considerablemente, los altos en el camino para esperarnos los unos a los otros se hacían mas frecuentes, y las respiraciones profundas para llenar los pulmones del aire que nos faltaba, cada vez mas necesarias.

Lógicamente la llegada a la charca fue, tanto una sorpresa como un gran alivio.

Disfrutar de ese reposo bien merecido - aquí viene lo de la siesta, soy andaluza que le vamos a hacer - y compartir con los compañeros las bromas y el café, nos dio la energía suficiente como para tomar el camino de regreso.

Si en una primera parte fue la misma ruta, la segunda parte fue una bajada espectacular por una garganta que nos permitía tener unas vistas espectaculares hasta mas allá del pantano.

El día se termino con algo tan agradable con un café alrededor de unas tartas, obsequios de compañeros cumpleañeros y que fueron las bienvenidas por todos.

Quiero cerrar estas lineas con algún comentarios mas personal aun si cabe.

En primer lugar quiero pedir disculpas a media por la manera tan vehemente que tuve de decir en la Asamblea que el club de senderismo no era una guardería.

Fueron palabras dictadas por mi ignorancia, y en el día de ayer pude comprobarlo Cuando se habla de “apadrinar” se entiende, aconsejar, acompañar , enseñar a las personas novatas y precisamente soy una de esas.

El acompañarlas y animarlas en las dificultades del camino, enseñarle a utilizar todos los recursos para que el senderismo sea una paseo y no una tarea, es lo que entiendo ahora por apadrinar.

Esta actitud de ayuda y preocupación por los demás la hago extensa a todo el grupo que en todo momento ha tenido ese espíritu de compañerismo.

Eso lo descubrí ayer, y quiero agradecer tanto a los coordinadores como a las personas que tuvieron la paciencia de esperar los que llegamos los últimos.

En estas condiciones el senderismo es un placer.

BEATRIZ ALONSO

LA SAUCEDA-EL ALJIBE-EL PICACHO por Mercedes Ruiz

Martes, 3 de Marzo de 2015

Crónica de Mercedes Ruiz Ríos.
Fotos de Pepe Morgado y Pepe López.

Esta ruta en un principio era de 16 kms. Debía recorrerse en seis o seis horas y media con un M.I.D.E 2234, sin embargo condiciones meteorológicas desfavorables no permitieron que se hiciera en su totalidad. Por lo tanto, se recorrieron 12,5 kms. en cuatro horas y media. La ruta estuvo magníficamente coordinada por Pepe Martínez y Pepe Morgado que nos estuvieron animando en todo momento.

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Pero empecemos este relato desde el principio y no penséis que una lluvia constante y un viento helado pueden desalentar unos senderistas (medio montañeros algunos, montañeros otros, como guste calificarlo) como nosotros. Desde las primeras luces de la mañana, el optimismo de los veintiún participantes a esta ruta estableció una corriente positiva que impidió caer en la tentación del desanimo.

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Nos citamos a las 7.30 h y nos repartimos entre seis coches. Me habían hablado de la belleza del Parque Natural de Los Alcornocales y en especial de La Sauceda, pero nunca tuve ocasión de visitarlo. Solo retenía en mi memoria algunos hechos históricos en referencia al bandolerismo y a la resistencia republicana. En ese momento, todavía ni me imaginaba lo cautivadores que podían ser esos bosques, pero mis sentidos, siempre alertas, estaban dispuestos a ver, oír, tocar, oler y gustar todo lo que el día me aguardaba.

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Tomamos la dirección hacia el cruce de Las Cabezas donde habíamos quedado con el grupo para desayunar. Luego, nos dirigimos hacia Espera, Arcos de la Frontera, Algar, Puerto de Gáliz por la carretera de Jimena de la Frontera que, al estrecharse, se convirtió en una sucesión de curvas bastante peligrosas. Me alegré no estar conduciendo y agradecí mentalmente a todos los conductores de nuestros club por su labor tan entregada (ahora lo hago en este comentario). Después de 110 kms., llegamos al parking del área turística de La Sauceda. El cielo estaba encapotado y una lluvia fina nos dio la bienvenida. Nos pertrechamos con todo el equipo anti lluvia que abarrotaban los maleteros de los coches. Mientras tanto, algunos dieron su opinión sobre los pronósticos que habían consultado en Internet. Los más positivos aseguraban que solo era una borrasca que pasaría pronto. Yo por mi parte, después de la experiencia pasada por agua de la semana anterior, me temí lo peor. Sin embargo, estaba dispuesta a aceptar lo que viniera y a disfrutar. ¿Por qué no?
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Desde La Sauceda, iniciamos la ruta pasando la cancela a mano izquierda y a partir de ahí el aspecto climatológico pasó a un segundo plano. Pepe Morgado me designó para hacer este comentario y, en esos pensamientos estaba, cuando llegamos a la zona donde han habilitado las casas rurales. El paisaje era espectacular. Estábamos rodeados de rododendros, alcornoques, quejigos, majuelos y se palpaba en el ambiente algo mágico. Cruzamos el arroyo Pasadallana por dos puentes metálicos haciéndonos las fotos de rigor y transitamos delante de las ruinas de una ermita bombardeada durante la Guerra Civil y de un horno de pan casi intacto.

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En el poblado, Pepe Morgado nos dio algunos datos geográficos e históricos de La Sauceda. Nos contó que es un núcleo de población disperso que pertenece a Cortes de la Frontera, en la provincia de Málaga y que se encuentra enclavado dentro del Parque Natural de Los Alcornocales. Para atravesarlo, se necesita solicitar un permiso especial. El poblado de La Sauceda, hoy convertido en cabañas de alojamiento rural es un antiguo poblado árabe. En el siglo XVI, bajo el reinado de Felipe II era un refugio de bandoleros. El más famoso fue Pedro Machuca San Juan, capitán de los tercios del rey que cayó en desgracia y se refugió con cerca de 300 hombres en esta zona. Pidió clemencia al rey que lo perdonó pero luego desapareció. En tiempo de la ocupación francesa y en las décadas posteriores fue un punto importante de reunión de perseguidos por la Justicia. A partir de ahí, toma el nombre de La Sauceda, no por los sauces que allí no habitan, sino como una derivación de la palabra “Desahuciados”. Pero su crónica más negra pudieron escribirla durante la Guerra Civil. Tenía entonces una población superior a Cortes de la Frontera y fue refugio de los Republicanos. Fue bombardeada y prácticamente aniquilada por la aviación nazi y sufrió una persecución del ejército de Franco que culminó con las ejecuciones y torturas de cientos de españoles, hombres, mujeres y niños. En el cortijo del Marrufo se ha encontrado una de las fosas comunes más grande de España.

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Después de esta pequeña lección de historia, seguimos la señalización de El Picacho y tomamos el sendero de cicloturismo. Continuamos unos 500 metros a la derecha. Luego a la izquierda siguiendo la indicación. Iniciamos una fuerte subida por el Canuto del arroyo de Pasadallana hasta el pico del Aljibe (1091). Caminamos por senderos terrizos y pedregosos cubiertos de hojarasca en muchos tramos. Debido a la abundancia de manantiales y a la lluvia caída estaban muy embarrados, hasta el punto de que algunos discurrían por pequeñas torrenteras que teníamos que sortear. Esta zona de umbría con grandes bosques de quejigos y alcornoques, grandes bloques de arenisca cubiertos de helechos y musgos tiene un gran atractivo, así como una magia especial que a nadie puede dejar indiferente. Los colores del paisaje me deslumbraron, iban del verde al amarillo pasando por los anaranjados, tan comunes en otoño y que en otros lugares más expuestos a los vientos no permanecen en invierno. Según me informaron, en estas zonas, a causa de la humedad, se conserva una flora muy peculiar, similar a la de la Era Terciaria.

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Conforme íbamos subiendo el paisaje fue cambiando. Llegamos a una zona más expuesta a los fenómenos climatológicos y el viento gélido me recordó que estaba empapada. La llovizna se convirtió en lluvia gruesa y la niebla, cada vez más espesa, no dejaba ver a dos pasos. Unos metros antes de llegar a la Pilita de la Reina, lugar donde dicen que se bañó Isabel la Católica (si es así, seguro que no fue en un día como este), nos resguardamos detrás de una roca para reagruparnos. La temperatura había bajado y algunos tomamos algún tentempié para recobrar fuerzas. Por unanimidad decidimos volver atrás y no seguir hasta el Picacho.
Descendimos hasta la pista forestal y al llegar a la señal donde hay dos alternativas: la Laguna del Moral a la izquierda y la Ermita a la derecha, Carmina propuso seguir hasta la Laguna, nos reímos de su ocurrencia y optamos por tomar el camino de la derecha hacia La Sauceda. La bajada fue algo complicada debido a lo resbaladizo y embarrado del terreno.

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Finalmente, almorzamos en unos merenderos bajo techado, junto a la Ermita y continuamos hasta el área recreativa. En los coches, nos cambiamos la ropa y el calzado lleno de barro y fuimos a tomar café a un restaurante cerca de la carretera. Los pasteles de Tina y Ana Mari tuvieron muy buena acogida y, entre risas y sorbos de café, recordé cada minuto de esta maravillosa ruta que no pudo enturbiar ni siquiera el mal tiempo. Pensé que, sin duda, volvería en otra época del año para contemplar las magníficas vistas desde el Pico del Aljibe y del Picacho.
¿Qué tendrá el senderismo que engancha tanto? Otro día os lo contaré.