Archivo de Junio de 2015

Fin de semana en Candelario (por Lorenzo)

Jueves, 11 de Junio de 2015

Catorce montañeros del club, siete parejas, coordinados por Joaquín Pascual y Antonio Antequera, hemos pasado el fin de semana del 5 al 7 de junio en Candelario para subir a los techos de Salamanca (Canchal de la Ceja) y Cáceres (Torreón), hacer un sendero por la cercana Laguna del Duque, y visitar este pintoresco pueblecito de la sierra de Béjar. Aquí va la crónica.

El viaje lo hicimos el viernes, algunos por la mañana y otros después de comer, nosotros hacia las cuatro y media. Hay más de cuatrocientos kilómetros desde Dos Hermanas, pero la carretera está muy buena, y charlando con Marivalme, Tina y Pepe, cuando me vine a dar cuenta estábamos llegando. Antes de las nueve estábamos todos en Candelario, cuatro se alojaban en el hostal La Sierra, y el resto en la Casa Chacinera, un edificio del siglo XVII, restaurado en 2004 con mucho gusto, respetando perfectamente el estilo original, pero con todas las comodidades. En cuanto se entra en el pueblo, llama la atención las características batipuertas que tienen todas las casas, una contrapuerta a media altura, más alta por el lado del gozne, cuya función parece ser múltiple: por una parte, protege a la puerta interior de las inclemencias meteorológicas, particularmente del agua y de la nieve, por otra, permitía ventilar la casa sin miedo a que entrase alguna bestia de las que solían andar sueltas por las calles, y según otros, se usaba a modo de burladero para, desde el interior, sacrificar las reses, protegido el matarife de coces y cornadas. De cualquier manera, esta reliquia del pasado da un aire singular al pueblo, junto con la enorme cantidad de casas antiquísimas, perfectamente conservadas, que conforman sus calles, plazas y callejones. Es claro que la matanza y la elaboración de embutido centraba la vida de este pueblo en tiempos pasados, incluso hay un museo etnográfico de la casa chacinera que muestra el modo básico de vida en candelario en siglos pasados.
El sábado por la mañana, se reúne todo el grupo para desayunar y a continuación dirigirse en coche a la plataforma de El Travieso, donde comienza el sendero que sube a La Ceja. Calzadas las botas, bien untados de crema (el solsticio está cerca y hay que cuidarse de mi tocayo) y con la mochila en la espalda, comenzamos la ascensión cerca de las diez de la mañana. El cielo está limpio y la temperatura es buena, demasiado alta ya para subir cuestas. La primera parte es una subida bastante empinada que zigzaguea en dirección sureste hacia la Cuerda del Calvitero, desde los 1875 msnm de la plataforma, hasta los 2375 msmn de la cuerda, 500 metros en unos tres kilómetros. El sendero discurre por un frondoso piornal, típico de estos paisajes de alta montaña, algún cervuno (Nardus stricta) en los regueros y fuentes que vamos encontrando, y muy poco más, aunque es de destacar las orquídeas, desconozco yo la especie, que por algunas zonas son frecuentes. El intenso color amarillo de los piornos florecidos que lo llena todo, y su penetrante olor que inunda el ambiente, llegan a saturar los sentidos. Como es natural, el grupo se va estirando, la cabeza va haciendo paradas para reagruparnos, pero en cuanto se acerca la cola, la marcha se reanuda (sobra decir cómo se llama este tipo de paradas, y por ende, a quién las hace). Por el camino, en esta primera parte, vamos encontrando alguna gente, incluso algunos niños con sus padres correteando inquietos arriba y abajo, pero no demasiada. A medida que ascendemos, las vistas se amplían, allí abajo Candelario, más allá Béjar, y a lo lejos el embalse de Béjar, llamado también de Navamuño, que represa el rio Angosturas. Más arriba, aparecen ya en lontananza el Torreón, que será nuestra segunda cumbre, y a su derecha los dos picos conocidos como los Hermanitos. En la fuente de La Goterita, rellenamos las botellas, el agua está riquísima, y muy fría, nos refrescamos y descansamos unos minutos. Cada uno a su ritmo, todo el grupo asciende perfectamente, ya estamos casi en la cuerda, a partir de aquí cambiamos de dirección hacia el suroeste, la pendiente se suaviza y al llegar a la cuerda empieza a llanear un trecho y luego desciende para volver a empinarse algo, cerca ya a La Ceja. Primero pasamos junto a la loma de Calvitero, que queda a la derecha, son solo unos metros de ascensión, a la vuelta lo subiremos. Existe bastante confusión con los nombres de estos relieves, esta Loma de Calvitero, que en los mapas del IGN no tiene nombre, pero sí una cota de 2397, se sitúa en la cordal que el mapa llama Cuerda del Calvitero. Por otro lado, en la cumbre más alta de Cáceres hay un vértice geodésico (2400) cuyo nombre oficial es Calvitero (ftp://ftp.geodesia.ign.es/Red_Geodesica/Hoja0576/057637.pdf), y unos 100 metros al sur de esta, otro pico rotulado en el mapa del IGN como El Torreón, que podría tener aspecto de torre.
Sea como fuere, nosotros seguimos en dirección suroeste buscando nuestro primer techo del día, caminamos sobre la divisoria de provincias, Ávila a un lado, al otro Salamanca, y allá en el frente Cáceres. El paisaje aquí arriba es el típico de la alta montaña, bastante despoblado ya, hasta los piornos han desaparecido, y las vistas, también las propias de las altas cumbres, hacia el Este una magnífica panorámica de la sierra de Gredos, con la imponente silueta del Almanzor. Si además añadimos que caminamos en suave descenso hacia la Portilla de la Ceja, es fácil imaginar cómo vamos disfrutando de la ruta. Pero llegados al collado toca volver a subir, la pendiente no es tan empinada como en el primer tramo, pero el calor aprieta y el sol castiga, es importante beber para no deshidratarnos, paso corto pero firme, y en poco tiempo nos plantamos en la loma. El grupo viene bastante estirado ya, los ritmos son diversos, mientras esperamos nos acercamos para intentar divisar la laguna del Duque, dónde iremos mañana, pero desde aquí no se ve. Escalonadamente van llegando los catorce a la cumbre, para algunos ha sido bastante duro y es motivo de merecida felicitación, María Luisa nos da matrícula de honor a todos, más meritorias las de Santiago y Pilina. Desde aquí el grupo se divide, nueve continuarán hasta El Torreón, mientras que otros deciden comer aquí y regresar después hacia los coches. Pero antes hay que inmortalizar la hazaña con la foto de grupo preceptiva.
Los que vamos a subir (ascenduri), solo tomamos una fruta y continuamos, tememos que parándonos a comer se nos vaya la motivación. La cumbre del Torreón se ve cerca, unos dos kilómetros nos separan, pero en medio hay un collado al que habrá que descender, más de cien metros, desde los 2428 del Canchal de la Ceja, hasta los aproximadamente 2310 que se encuentra el collado, y claro, después hay que volver a subir. En el mirador de las Agujas, la vista es magnífica, las imponentes moles graníticas que delimitan el circo glaciar de Hoya Moros, el rio Cuerpo de Hombre, y la laguna de Venero Frío, que está casi seca. En esta parte de la ruta dominan los grandes bloques de granito, con sus característicos líquenes que le dan ese color verde limón, la vegetación es mínima, pero las asombrosas formaciones rocosas, con sus formas caprichosas y sus descomunales tamaños, nos dejan extasiados. Aparece las mariquitas de siete puntos, que no sé por qué tienen tanta predilección por la alta montaña, y las lagartijas serranas (Iberolacerta monticola), que han perdido la vergüenza y posan descaradas para los fotógrafos. Muy cerca ya del Torreón, tenemos que atravesar el Paso del Diablo, la zona más complicada del recorrido, una estrecha grieta con grandes bloques de granito, casi vertical, con escalones muy largos, que hay que bajar ayudados de una cadena anclada a la piedra, colocada al efecto. Lo mejor es bajarlo de pie, agarrado a la cadena como si estuviéramos rapelando, pero es un paso bastante complicado si no se tiene experiencia en estas lides, sobre todo porque hace falta sangre fría para mantener la calma. A Marivalme le costó bastante esto último, pero con un poco de apoyo, sobre todo anímico, encuentra la serenidad necesaria para bajarlo, y Tina también lo consigue, Pepe y yo las acompañamos, y Joaquín encuentra un sendero alternativo que evita este paso, pero a costa de bajar y subir bastante. Los otros cuatro, más prudentes, viendo la dificultad del lance, deciden regresar, pero han estado a pocos metros de la cumbre. En el vértice del Calvitero (2400), nos hacemos las fotos de rigor y nos comemos la merienda. Pepe y yo también subimos al cercano pico que el IGN llama El Torreón, es dos metros más bajo que el otro. A la vuelta, para evitar el Paso del Diablo, intentamos subir por otra canaleta que hay un poco más a la izquierda, que tiene un cable instalado, pero es aún más empinada y no tiene buena pinta, así que decidimos volver por el mismo sitio, subirlo nos resulta bastante más fácil que bajarlo. Por la Cumbre de Talamanca, mirando hacia atrás, hacia el Sur, divisamos dos montañeros en lo alto de una crestería impresionante, creo que es la Cuerda de los Asperones. Cuando llegamos al collado, en vez de subir hacia la Ceja, tomamos el sendero que sigue por la izquierda, manteniendo la altura hasta enganchar con el camino que traíamos en la subida. Por la Cuerda del Calvitero, vemos a lo lejos a Gregorio y María Luisa, que van despacio porque ella se ha lesionado, parece un tirón en el aductor. Nosotros subimos a la cumbre y vemos la plataforma dónde estaba la Virgen del Castañar, patrona de Béjar. En la cima existe un buzón con una inscripción grabada que dice: “CALVITERO 2401.M. 27.377 CLUB MIRANDÉS DE MONTAÑA”. Un poco más adelante, Pepe y yo nos desviamos para bajar siguiendo los postes de un antiguo remonte que subía desde la plataforma, al principio existe un pequeño refugio, bien techado, que podría valer para una emergencia. No hay sendero marcado, y en algunas zonas el piornal es muy espeso, pero finalmente salimos de nuevo al sendero por el que subimos, a la altura de la fuente de la Goterita, allí nos unimos con Joaquín, Marivalme y Tina, y bajamos hasta los coches. Cuando llegamos, solo faltan Gregorio y María Luisa, que viene más lenta por la lesión, pero llegan al poco tiempo. Todo el grupo está contento, cada uno se ha adaptado a sus condiciones y preferencias, y ha sido un reto para muchos, un reto superado con excelencia.
Cuando llegamos a Candelario, lo primero es hidratarnos con una buena jarra de cerveza bien fría en Casa Tolo, flipo al escuchar un pito de caña, no me lo puedo creer, Los Managers, la versión de Kiko, hacía lustros que no la escuchaba y me trajo buenos recuerdos. A las nueve hemos quedado para cenar, hay que apresurarse si nos queremos relajar un rato después de la ducha.
La cena en sí estuvo bien, pero lo mejor la compañía, Juan Beltrán no dio tregua con los chistes, una retahíla interminable, a cual más gracioso, y las ocurrencias de los demás estuvieron a la altura, me castigué más los músculos cigomáticos que los cuádriceps, pero los maseteros también trabajaron lo suyo; más de uno aquí, tiene un saque de mucho nivel.
El domingo estaba planificada una ruta corta pero muy bonita, una vuelta a la Laguna del Duque, en el término de Solana de Ávila. Después del desayuno nos dirigimos con los coches a la central hidroeléctrica de El Chorro, desde dónde sale el PR-Av-41. Hay que tomar un carril que sale de la carretera que va hacia La Solana, primero se pasa por otra central, la de Zamburdón. Nos calzamos las botas y emprendemos el camino, después de pasar un par de veces por debajo de la tubería de carga de la central, en vez de seguir el sendero oficial subimos por la espectacular chorrera que baja de la laguna, y vamos siguiendo su dirección por las orillas del arroyo hasta llegar a la presa. El avance es lento, el tute de ayer se hace notar, no hay prisa, el día está bueno y estos bellos parajes piden cámara. Cuando llegamos a la laguna, la temperatura está para bañarse, pero nadie se anima: no he traído el bañador, la presa está muy cerca… excusas. A partir de aquí, la subida ha terminado, el camino llanea bastante, con pequeñas subidas y bajadas, alrededor de la laguna. Damos la vuelta en dirección antihoraria, es decir, dejando la laguna a nuestra izquierda, hay muchos escaramujos y helechos, lo malo es que no hay sombra, no se mueve una hoja, y el sol aprieta, aunque de vez en cuando alguna nube nos hace de sombrilla. Arriba, la imponente mole del Torreón nos vigila todo el camino, vamos planificando una posible subida desde aquí, tiene muy buena pinta, quizás subiendo también a La Ceja, puede que circular…, pero eso será otro día. Llegados al camino que sube desde la central, en una tupida sombra, junto a un fresco reguero, tomamos los bocadillos y comentamos las incidencias, el fin de semana ha sido inmejorable, un grupo extraordinario, perfectamente coordinado por Joaquín y Antonio, el tiempo ha acompañado y las dos rutas magníficas, ¿qué más se puede pedir?.

SUBIDA AL YELMO EN LA SIERRA DE SEGURA Y AL PICO ARGEL EN EL CALAR DEL MUNDO por Alfonso Piñero Alcón

Miércoles, 3 de Junio de 2015
     El martes y el miércoles de Feria,un grupo de 5 compañeros hemos estado en las sierras de Segura y de Alcaraz para celebrar la Feria “a nuestra manera”.
     El martes 21 entramos en la Sierra de Segura por la garganta del Rio Guadalquivir. Inmediatamente subimos al Yelmo (1809m), la cima más emblemática de la sierra. Fue una subida cómoda. Una vez arriba (tras la desaparación y teletransporte de un compañero) pudimos admirar las vistas, que eran impresionantes en todas direcciones. El único aspecto negativo fue, a parte de la media docena de antenas que ocupan la cima,  el fuerte viento helado que tuvimos que soportar. La bajada la hicimos por el GR-247, entre bosques de encinas montañeras.
    El resto del día lo dedicamos al turismo, como ver el Pantano del Tranco desde el mirador de Hornos, visitar Segura de la Sierra, lugar de nacimiento del poeta Jorge Manrique, y desplazarnos para ver el Nacimiento del río Mundo.
    El día siguiente  lo dedicamos al Calar del Mundo y el Pico Argel (1700 m). La subida fue suave hasta llegar al Cortijo de Segundo. A partir de ese momento tuvimos que subir por una angosta quebrada llena de pinares. Una vez arriba, fuimos a ver el Tejo milenario, que sobrevive en un ambiente totalmente hostil, por el frío en invierno y el fuerte calor en verano.
     Nuestro caminar continuó hasta el Pico Argel (1700m), aunque un compañero le pareció poco y se hizo un par de picos más. En la vuelta no encontramos bien el camino alternativo y vagabundaemos un poco por quebradas con fuertes pendientes e incluso hicimos algo de “barranquismo”.
      Después de un café en Riópar tomamos el camino de vuelta.

SUBIDA AL TORREÓN DE GRAZALEMA O PICO DEL PINAR por Alfonso Piñero Alcon

Miércoles, 3 de Junio de 2015
El pasado domingo 31 de Mayo subimos al Torreón de Grazalema o Pico del Pinar (1654 m). Después de un tranquilo desayuno en la Venta Julián, que estaba casi vacía, y tras observar durante un rato como un torpe conductor de autobús se las veía y deseaba para seguir adelante y no echar de la carretera a otros coches en las curvas más allá de Benamahoma, comenzamos con buen ánimo la subida. A esta hora, ya el ambiente era un poco caluroso.
La primera parte de la subida fue un continuo esfuerzo de sudor hasta que giramos y tomamos la dirección noreste. En ese momento, los dioses se apiadaron de nosotros y comenzó a soplar un ligero aire fresco que nos facilitó el resto de la subida, aunque quedaba todavía un buen trecho. Tras hacer un descanso en el polje al pie de la cima, trepamos los 80 m por la pared pedregosa que todos conocéis, hasta coronar el pico. Allí se nos olvidó el esfuerzo y nos regocijamos con las vistas en todas las direcciones. A parte de este premio espiritual también tuvimos un premio material : los  bocadillos y manjares que habíamos traído, excepto algún compañero más ascético que había decidido comer abajo.

Como anécdota de la cima allí nos encontramos con un grupo de jóvenes montañeros de Dos Hermanas, de nombre “Los extraviaos”, y a los que aconsejamos paternalmente para que se federaran. La cima era un pequeña “asamblea” de montañeros jóvenes, y creo que algo se nos pegaría, porque bajamos con más fuerza, y la pared pedregosa la bajamos con mucha agilidad.

La bajada, como todos sabéis, es casi tan dura como la subida, ya que tiene muchas rampas escalonadas que ponen a prueba rodillas y cuadriceps y no permite el descuidarse mucho. Aun así un grupito mantuvimos una larga charla con intercambio de pareceres, que nos hizo el camino más entretenido y nos permitió olvidarnos de nuestras desdichadas rodillas. Poco a poco nos fuimos acercando al punto de partida, y el calor de verdad, que comenzó a aparecer en el último kilómetro, había expulsado incluso hasta las aves de nuestro entorno.

Como premio a nuestro esfuerzo y para reponer líquidos nos fuimos a Benamahoma, donde en la sombreada terraza que está a la entrada, cubierta con  un techo de higueras, y con el frescor del río al lado, dimos buena cuenta de cervezas, tintos de verano y coca-colas. Aparte tomamos algunas tapas y el compañero que no comió en la cima se desquitó con algunas raciones que tenían un magnífico aspecto. Nadie quería irse de la agradable terraza pero había que partir.
La vuelta fue un entretenido viaje donde charlamos sobre los más diversos contenidos del día a día y con la expresión incrédula de alguna compañera que cuando veía al Torreon a lo lejos, en forma de imponente sierra afilada y erguido sobre el resto de paisaje nos decía asombrada “¿Pero ahí hemos subido nosotros?”