Archivo de Marzo de 2018

GALAROZA-CASTAÑO DEL ROBLEDO por Paco Caro

Domingo, 11 de Marzo de 2018

Mide 1112.
Distancia 13 kms.
Lineal.
Coordinadores: Javier Cabello y Maria José Soto.
Crónica de Paco Caro Sánchez.

Cada ruta tiene su encanto y la que hoy 25-2-2018 nos toca, sin lugar a dudas lo tiene. En el programa del club, consta como Galaroza-Castaño del Robledo.

Galaroza se encuentra en pleno Parque Natural de Sierra de Aracena y Picos de Aroche, igual que Castaño del Robledo. No se tiene claro su origen, pero parece que sea islámico, ya que tiene asumido que el origen de su topónimo puede venir de Al-Jaroza, este puede tener varias interpretaciones: Valle de las Rosas, Valle de las Doncellas o Valle de las Desposadas. En 1563 se independizó y contaba con las aldeas de Fuenteheridos, Las Cañadas aparte de las actuales Navahermosa y Las Chicas. En 1594, Galaroza y sus aldeas formaban parte del reino de Sevilla. Durante el otoño, estos pueblos y sus senderos se tiñen del color de las hojas de sus castaños, dejando imágenes realmente bellas para quienes los visita.

El Parque de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, se localiza en el extremo más occidental de Sierra Morena. El territorio que ocupa fue declarado espacio protegido el 18-7-1989. Comprende 18 municipios, a excepción de Aracena y Cortegana todos son pequeños.

Castaño de Robledo en 2016, contaba con 206 habitantes, siendo el municipio más pequeño y el de más altitud (738 m.) de la provincia de Huelva. Como personaje más ilustre cuenta con Tomás Muñiz Pablo, arzobispo de Santiago de Compostela y procurador en Corte.

Los albores del municipio datan aproximadamente de mediado del siglo XVI, con la formación de una aldea por varios vecinos de Aracena. De esta época data la constante sustitución del bosque de Robles por bosque de Castaños, cuestión que decide el nombre de la pedanía. Su iglesia inacabada la conocen en el pueblo por: “El Monumento”, “La Nueva”, o “Del Cementerio”, ya que durante bastante tiempo su interior funcionó de cementerio, hasta que en 1940 se construyó un nuevo camposanto donde se trasladaron todos los restos.

Parte de la ruta del sendero que nos interesa discurre paralelo al rio Múrtiga (80,88 kms. de longitud) que nace en la fuente de Los Doce Caños en Fuenteheridos. Durante su recorrido hacia el oeste, riega numerosas vegas y huertas para desembocar en el río portugués Ardilla. Este río, a su vez, desemboca en el Guadiana. La otra parte del sendero va también paralelo a la ribera de Jabugo, que se cruza con dicho rio Múrtiga en las cercanías de Castaño del Robledo. Haciendo las veces de afluente de este.

Es de rutina que cada vez que iniciamos una ruta valoremos si el día nos es favorable, hoy el día prometía, por lo que algunos optamos por dejar alguna ropa en los coches pensando que nos sobraría, como efectivamente fue. ¡El buen tiempo es siempre tu mejor aliado! Mi consejo es que lo valores en su medida, porque te puede pasar que seas vencido como Felipe II en el Canal de la Mancha con la “Armada invencible”.

El desayuno lo solemos hacer en Arroyo de la Plata. Es un lugar cómodo debido a que hay varios bares y así, tenemos la posibilidad de repartirnos, con el objeto de que nos atiendan antes y ganar tiempo. También hay sitio suficiente para aparcar los coches, a veces, este capítulo resulta un problema. Se aclaran los últimos comentarios sobre la ruta; por ejemplo, dónde aparcamos cuando llegamos y qué itinerario seguimos.

Iniciamos la ruta partiendo desde la carretera, en un camino que hay cerca del restaurante Venecia. En esta ocasión, bajamos hasta el conocido camino de La Mimbrera. Allí nos reagrupamos por iniciativa de los coordinadores. Sumamos en total 34 senderistas dispuestos a pasar un día haciendo lo que más nos gusta, estar en contacto con la naturaleza. Cruzamos la ribera de Jabugo, unos por un pequeño puente de madera y otros, “los más osados”, por el escaso caudal que llevaba el rio debido a la gran escasez de lluvia.

Hasta Castaño del Robledo, el sendero va subiendo con más o menos dureza. En una rampa de hormigón, nos pregunta el coordinador si tomamos la fruta (requisito indispensable cuando vamos de ruta). Personalmente, yo valoro mucho esta actitud de mi compañero y coordinador ya que su pretensión es que todos vayamos relajados y a nuestro aire, eso dice mucho de él. ¡Así da gusto!

Otro punto y aparte merece la coordinadora debutante, María José, que durante todo el camino se preocupa hasta del más mínimo detalle. Gracias, muchas gracias, compañera. Nos contagias tu alegría.

Antes de llegar a Castaño del Robledo, hay un húmedo encinar. Posteriormente, podemos ver olmos, alcornoques, castaños hasta la plaza del Calvario. Desde allí escuchamos el sonido de las campanas del pueblo. Otros como el ladrido de los perros, el dondón de los cencerros, el balar de las ovejas y el rumor del agua entre las piedras pronto quedan atrás. Los sentidos se despiertan ante la grandeza del campo, se aprende del lenguaje de la naturaleza. Al paso por la frondosa ribera, se echa de menos el canto de los pájaros cuya ausencia se debe a la época del año y me viene a la memoria aquello que alguien dijo una vez:

Por mayo era, por mayo,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados,
van a servir al amor.

El sendero está sediento y cubierto de hojas secas del paso del otoño, pero eso no le quita ninguna autenticidad al campo. Pronto aparecerá la esperada lluvia que aplacará la sed del polvoriento camino. Pero eso no le quitará ninguna autenticidad al campo.
Ya en el pueblo nos dirigimos a la Ermita del Cristo de la Verónica, cuyo enclave está al pié de la carretera que va a Fuenteheridos. El pequeño tramo, que nos lleva hasta allí, va subiendo hasta la misma entrada de la ermita. Es un lugar de descanso con sombra. Hay mesas, bancos y una fuente donde saciar la sed.

De regreso de la Ermita, nos reagrupamos en la plaza del Álamo que se ubica en el corazón del pueblo. Unos sacan las viandas de las mochilas para recuperar fuerzas, otros prefieren probar productos de la tierra (entiéndase productos del cerdo ibérico). El Sol colabora durante el merecido descanso. Charlamos animadamente, ya sólo nos queda regresar. Da cierta pereza iniciar la vuelta, abandonar aquel sitio tan agradable, pero hay que superarlo. Nos anima pensar que todo el camino es en descenso.

En la plaza que hay en Galaroza se da por terminada la ruta, no sin antes tomar café y unas tartas, cortesía de los coordinadores. Después de felicitarlos y darles las gracias por su buen hacer, volvemos a casa con las pilas bien cargadas.