REMONTANDO EL ARROYO SALADO DE RIOFRÍO.

Entretenida y novedosa la ruta que hemos realizado hoy con el club en la aldea lojeña de Riofrío, coordinados por Clare, que se está haciendo una experta en esta zona de la provincia de Granada. Remontamos el arroyo Salado, afluente del río Frío, a su vez, afluente del Genil.

Riofrío es una pequeña localidad de menos de cuatrocientos habitantes que se ha convertido en un lugar de mucho atractivo turístico por su fresco y agradable enclave y su rica gastronomía, destacando en ella las truchas que se crían en su piscifactoría. Pero, además de truchas, se cría otro pez, el esturión, cuyas huevas sirven para la producción de un excelente caviar ecológico que se exporta a más de diez países. También, las aguas del río Frío constituyen un paraíso para los amantes de la pesca los 365 días del año.

Aparcamos en la plaza de la localidad, rodeada de restaurantes, y empezamos a caminar a eso de las diez y media de la mañana, dejando a nuestra derecha la piscifactoría. A la izquierda dejamos el llamado Puente Califal. Ya estaban colocando los tenderetes del mercadillo de los domingos.

Seguimos por la calle principal rebasando la moderna iglesia (a la derecha) y un colegio (a la izquierda) hasta que llegamos a una fuente de piedra.

Justo en frente, a nuestra derecha, baja una calleja que te lleva al campo. También hay una señal de aparcamiento. Por allí nos metemos siguiendo las indicaciones de nuestra coordinadora.

Cruzamos un puentecillo y, después de pasar por una antigua era, nos metemos por una sombreada pista donde abundan las higueras, nogales, zarzamoras…, y, también, un curioso arbolillo llamado acerolo, de la familia de las rosáceas, cuyo fruto parece una manzanita pequeña del tamaño poco mayor que una cereza, es comestible y de gusto ácido.

Vamos remontando el arroyo Salado que nace en las proximidades de la pedanía lojeña de Fuente Camacho. Sus sales fueron explotadas desde la Antigüedad.
A nuestra izquierda tenemos la Sierra de Loja, y de frente la Sierra de Gibalto, detrás de la pequeña pedanía de La Tajea; ahora caminamos por un olivar. En total nos hemos reunido 23 personas.

Entramos en la aldea de La Tajea y subimos hacia la derecha, por una calle donde abundan los rosales. Llegamos a una acequia y tenemos que caminar en fila india dado la estrechez por donde pisamos.

De la acequia se surten las casas con muchas bombas eléctricas que extraen el agua de la misma. Unos metros por debajo, a nuestra derecha corre el arroyo Salado, pero el agua de la acequia es de un nacimiento que se encuentra más arriba.

Vamos con cuidado de nos resbalar por el estrecho murete de pocos centímetros de la acequia, eso a algunos le da un poco de vértigo. Cada vez nos vamos metiendo más por un cañón donde el río se encajona.

Pronto tenemos que bajar al arroyo y cruzarlo por unas piedras. Eso da lugar al clásico parón y a que los aficionados a la cámara hagan sus fotos, no sé si esperando el chapuzón de algún compañero.

Después de que todos hemos pasado, nos encontramos en el fondo de esta pequeña garganta donde algunos empiezan a agacharse y hacer fotos del suelo. Es por la sal, hay montoncitos de sal por todas partes.

Después de hacernos una foto de grupo, empezamos a remontar la garganta por su orilla derecha (nuestra izquierda), con cuidado de no resbalar en las rocas saladas.

Pronto pasamos el estechamiento y salimos a una zona más abierta donde abundan los cantos rodados en el lecho del río.

El arroyo gira a la izquierda y se mete en un profundo encajonamniento llamado el Cerrajón, por arriba lo atraviesan dos puentes del ferrocarril, uno moderno, y otro de hierro del año 1873, de la escuela de Eiffel. Nuestra coordinadora dice que no conoce el tramo del Cerrajón, por lo que se mandan exploradores para ver si es factible hacerlo por dentro, es final del verano y hay poca agua. Esperamos mientras tanto.

Los exploradores dan el visto bueno y empezamos a bajr al lecho del arroyo para cruzar al otro lado. Luego seguimos por esa orilla metiéndonos de lleno en el Cerrajón.

Dejamos atrás los puentes a considerable altura. Hay que tener en cuenta que, aunque ahora el arroyo Salado lleve poca agua, en octubre de 2007 fue el responsable de las graves inundaciones que padeció Rofrío con grandes daños en su piscifactoria, murieron 200.000 truchas y 1.000 esturiones, además de otros daños en viviendas y negocios.

Llegado a un punto, es tal la estrechez del paso y la verticalidad de las paredes, que no hay más remedio que quitarse las botas si no te las quieres mojar. Así que botas y calcetines fuera, que el fresquito del agua viene bien con el calor.

Una vez que hemos pasado este estrechamiento, la garganta empieza a abrirse poco a poco y las paredes de los tajos empiezan a perder altura.

Seguimos por el lecho del río, pero conforme nos va dando más el sol, empieza a notarse el calor, hace un día de bochorno, de esos que dan lugar a tormentas.

Caminamos por una auténtica alfombra de sal, curiosamente en el agua salada pululan gran cantidad de insectos pequeños parecidos a las moscas.

Pasamos por debajo de un puente y seguimos caminando por terreno cada vez más abierto, en las orillas del río crecían los almendros.

Los paraguas, que un principio iban en la mochila para la lluvia, empiezan a salir y a usarse para protegerse del sol, no corre ni una ligera brisa.

Llegamos a una zona del río donde hay unos escalones naturales de roca, en época de lluvia se tienen que formar aquí unas bonitas cascadas.

A la una y media el personal empieza a amotinarse, subimos hacia la carretera de Fuente Camacho por un olivar, y le preguntamos a un motorista que pasa en ese momento si queda mucho para el pueblo. Nos dice que una hora todavía (unos 4 km), así que decidimos que hasta aquí hemos llegado, llevaremos unos seis kilómetros, casi todos por el lecho del río. Para Rifofrío quedarán otros cuatro.

La vuelta la haremos por pista, que es más rápido. Caminamos unos cientos de metros por la carretera en dirección a Riofrío hasta que llegamos a una pista junto a un poste de alta tensión. Por allí nos metemos en ligera bajada entre olivos.

Atravesamos las vías del ferrocarril mientras el día se va poniendo cada vez más nublado, se presiente que no tardará mucho en llover.

Por la pista pronto llegamos a La Tajea, dejando a la derecha el cauce del arroyo Salado por donde hemos caminado hace un rato. Y ya por terreno conocido emprendemos el regreso a Riofrío, mientras empieza el concierto de truenos y relámpagos sobre la Sierra de Loja.

Llegando a Riofrío, pasadas las dos y media, empieza a llover débilmente, pero cuando cae lo gordo estamos ya repartidos por los bares y restuarantes del pueblo. Son las primeras lluvias en tres meses, ya es hora de que se vaya acabando este tórrido y seco verano.

Al volver por la tarde a Sevilla por la A-92, vimos que por la Roda de Andalucía estaba la autovía parcialmente anegada y un carril cortado. Todos los olivares estaban encharcados y el agua corría como un torrente por las cunetas. ¡De buena nos habíamos librado! Tuvimos mucha suerte en esta ruta con que no nos pillara el tormentón por el cauce del río. Por cierto, ¡hoy han caído las primeras nieves pre-otoñales en Sierra Nevada!

Recorrido: 10 km; Desnivel: 100 m; Duración: 4 horas; Dificultad: media-baja; Coordinadora: Clare Usher

J.P.A.

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