SUBIDA AL CERRO DE HUENES por Trinidad Reina

SUBIDA AL CERRO DE HUENES
MIDE. 2223
Distancia. 15 Km.
Coordinadores. José Morgado y José Mª Padilla.
Fotos. José Mª Padilla y Trinidad Reina.
Crónica. Trinidad Reina.
Fecha. 29-11-15.

A las 7h desde la avenida Juan Pablo II de Dos Hermanas, nos juntamos 27 senderistas con caras de sueño pero dispuestos a vivir una jornada especial.
Desayunamos en Aguadulce, a pie de autovía, en el restaurante Caballo Blanco.
En esas tres horas de trayecto hubo tiempo para charlar, reír y hasta echar un sueñecito…
Entramos en Granada por la circunvalación dirección Sierra Nevada y salimos hacia La Zubia. Atravesando la población y subiendo por la carretera de Cumbres Verdes, llegamos, no sin dificultad por la estrechez de la vía y fuerte pendiente, a la Fuente del Hervidero, donde nos dejó el autobús. Tras acomodar vestimenta, calzado y mochila, emprendimos la marcha a las 11h.

Hasta llegar al sendero de inicio, recorrimos por pista unos 1,5 Km que se hicieron cortos al ir mirando asombrados el espléndido valle rodeado de robustos montes, el contraste de color de los distintos tipos de terreno y la anticipación mental del camino que íbamos ya divisando.
Iniciamos el camino atravesando un viejo puente que nos invitaba a transitar una suave pero constante subida por senderos estrechos sobre la falda de la montaña.

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Se respira fresco pero limpio. Aire transparente y seco. Olor a pino y romero.
Se va perfilando el paisaje a medida que subimos. El barranco de la Majadilla a la izquierda bajo el que discurre el arroyo Huenes y al frente Granada bañada por el sol mañanero. Sobre el trecho de ladera escarpada se observan una vegetación propia de terrenos calizos: lavanda, salvia, mejorana, romero.
Los compañeros nuevos dan muestras de sorpresa ante la belleza del lugar a medida que subimos.
Debemos andar con precaución debido a las pequeñas piedras “traicioneras” que inundan el camino. Pasamos tramos de terrenos blanquecinos (piedra caliza) contrastando con el verde intenso del pinar.

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A cierta altura divisamos una pequeña cueva donde se escenificó un Belén improvisado y aluvión de fotos.

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A la sombra de algunos pinos el fresco se aprecia en la cara pero resulta agradable y estimulante.
Y así a un ritmo tranquilo pero constante, amenizado con charlas variopintas, chistes y bromas hicimos una paradita de refrigerio y reagrupamiento en el Refugio de la Fuente Fria, antiguo vivero forestal del Cerro de Huenes. En esta construcción vivían los trabajadores que repoblaron la zona desde los años 40 hasta los 70.

Reanudamos la marcha con una etapa algo más complicada por la pendiente cada vez más fuerte de los sucesivos tramos. El bosque, cuajado de pinos resineros y salgareños nos acompañará hasta la cima. Sin embargo, a lo largo del camino, nos encontramos con multitud de árboles dañados por la procesionaria que sin hojas ni savia aparecen desplomados y sacadas sus raíces del suelo.
Por fin, después de superar la intensa subida final que nos dejará sin aliento, nos espera una sorpresa: vacas, toros y terneros pastando y tumbados al sol sobre la meseta del cerro. Resulta inquietante ver como algunos nos miran fijamente con actitud expectante. Superado el obstáculo y cruzando un pequeño cordón pedregoso, coronamos la cima.

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Palabras de admiración, frenética sesión de fotos ante aquella vista panorámica desde la que se podía divisar media provincia. En cualquier dirección, sensaciones de plenitud y belleza. En el “manolito” nos disputamos el orden para hacernos la foto de rigor. Allí comimos, descansamos e hicimos la foto de grupo.

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Gran parte del camino de retorno cursó por estrechas sendas en ese y que junto a la fuerte pendiente y a la gravilla nos obligó a llevar un ritmo lento y precavido. No obstante, algún que otro culazo sin trascendencia tuvo lugar.

Sólo nos retrasó bastante un pequeño despiste provocado por el buen ambiente comunicativo y que los coordinadores supieron salvar a tiempo: el grupito de cola se equivocó de sendero y produjo la espera del resto en una divertida lluvia de ideas sobre qué hacer para reencontrarnos…Finalmente la “tecnología” de nuestros antepasados fue la que salvó la situación. Una sinfonía de voces rompían el silencio de la montaña. Por fin todos juntos con el sol ya escondido, llegamos al autobús atravesando el Puente de los 7 Ojos.

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Bajamos a Granada ya oscureciendo mientras disfrutamos de la brillante ciudad al fondo coloreada por una preciosa orla de color rojo en el horizonte.
El broche final lo pusieron los coordinadores con la invitación a un reconfortante pionono por persona en “La Isla” y el sorteo de una caja.

No faltó en ningún momento la risa, la broma y el compañerismo.
Compartimos una jornada intensa, amena y divertida.

Los coordinadores de la ruta, Morgado-Padilla, fueron un modelo de tolerancia y respeto al ritmo de todos los participantes. Gracias.

Y…como el que no quiere la cosa, hicimos 15 Km en 6 horas…

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