RUTA CORTES DE LA FRONTERA – CAÑÓN DE LAS BUITRERAS – EL COLMENAR (GAUCIN) por Trinidad Reina

MIDE. 3233
Distancia. 14 Km.
Desnivel acumulado de subida 450 m. y de bajada 580m.
Coordinadores. Juan Ortega y Nela Quintana que por motivos de salud es sustituida por José Mª Padilla.
Crónica. Trinidad Reina.
Fecha. 1-5-16.

Un grupo de 21 compañeros partimos a las 7h desde Dos Hermanas hacia Cortes de la Frontera, municipio emplazado en la Serranía de Ronda, parque natural de Los Alcornocales, para realizar una ruta hasta El Colmenar bordeando El Cañón de las Buitreras.

Desayunamos en Algodonales y emprendimos la marcha por la carretera de Ronda en dirección a Montejaque. Los 30 km de curvas se nos hicieron cortos amenizados por un espléndido paisaje de verdes prados y agrestes y escarpados montes, asilo y morada de bandoleros. Pueblos blancos engarzados a las laderas. A lo lejos divisamos la niebla que cubre el valle. Pasamos Montejaque, Benahojan y Cortes de la Frontera hasta la estación de tren donde aparcamos los coches y en La Cañada del Real Tesoro iniciamos la ruta. Son las 10 de la mañana.
El día se presenta sin nubes y una temperatura estupenda. Ni un soplo de viento.
Trás una suave subida, pronto divisamos la Sierra de Libar a la derecha y la Sierra de los Pinos a la izquierda y atravesamos el primer puente sobre el río Guadiaro que aún lleva poco cauce. Rápidamente dejamos atrás el Cortijo de la Fresneda y a medida que vamos subiendo, vamos descubriendo el hermoso valle que el río Guadiaro nos ofrece a nuestra derecha. Así, caminando siempre paralelos al río y la vía del tren disfrutamos del bosque que nos rodea. Enormes ejemplares de robles, alcornoques, quejigos, encinas y acebuches salpican el camino. Una espesa capa de matorral mediterráneo cubre la tierra, lentisco, retama, espino blanco así como florecillas de todos los colores, amapolas, jara, camomilas, narcisos, lirios,etc.

Ya cerca del mirador del Cañón, podemos observar a lo lejos la presa de las Buitreras que nutre de agua la central eléctrica y trasvasa al río Majaceite.
Por fin llegamos al mirador donde comienza el desfiladero, de 2 Km de longitud y en algunos puntos de una profundidad de 200 m. El Cañón de las Buitreras, catalogado como Monumento Natural de Andalucía, se formó por la acción incesante y callada del río Guadiaro sobre las rocas calizas de su lecho. Esta fuerza erosiva ha dado lugar a paredes verticales e increibles cavidades que a veces producen desniveles suficientes para provocar cascadas de gran belleza. El nombre del cañón viene dado por la cantidad de nidos de buitre leonado que albergan sus paredes.

Continuando nuestra ruta llegamos al Cortijo del Conde, una edificación en ruinas que deja ver vestigios de una vida pasada y a su vez testigo de un grave drama familiar que conmocionó a la zona. Aquí nos dispusimos a reponer fuerzas presagiando una marcha mucho más intensa…Y así fue…una fuerte bajada nos llevó pronto al Puente de los Alemanes que une ambas paredes del desfiladero a una profundidad de 60 m. Justo antes de llegar es necesario hacer una brusca bajada, casi vertical, sobre estructuras de roca con apoyo en barandas de cuerdas de acero como protección. Con mucha precaución logramos bajar todos sin problemas. En el puente no faltó la foto de rigor, testigo de nuestro paso por este lugar cautivador, fascinante, único. Desde aquí se puede ver la garganta en el punto más estrecho, las buitreras y sus habitantes sobrevolando el espacio. El puente enlaza con un pequeño túnel en forma de ele que nos lleva al otro lado del desfiladero de manera que ahora el río quedará a nuestra izquierda. En este punto comienza la subida más dura hasta alcanzar el collado que de nuevo nos hace ver el río bajo el cañón. Sin aliento, con extrema precaución por los resbalones y fritos de calor, logramos subir todos. Aunque el sol aprieta y el esfuerzo nos ha dejado exhaustos, somos recompensados de inmediato por las hermosas vistas panorámicas de la Sierra del Hacho, a nuestra izquierda, que recorremos en una trepidante bajada hasta la orilla del río. Robustas paredes verticales veteadas de rojo y ocre; cielo azul intenso; aves que transitan en círculo sobre nuestras cabezas; intenso verde de las sabinas y los palmitos. Y el verde turquesa del río serpenteando allí abajo.

A orillas del Guadiaro, frente a un plácido espejo de aguas transparentes que llaman la Poza del Moro, saciamos el hambre y la sed. Un merecido deleite por el esfuerzo que supuso llegar aquí.
Terminada la comida dos compañeros se retaron a subir a un montículo rocoso lo más rápido posible. Subieron sin titubeos, ágiles como gacelas pero sin esperar que su presencia en la cima sacara de sus nidos a una pareja de buitres…Merodearon sobre nosotros y se perdieron de vista de nuevo entre los riscos.
Fue emprendiendo ya la marcha cuando dos compañeros pisaron en falso unos matojos pensando que era tierra firme y cayeron hacia atrás con el consiguiente remojón sin más consecuencias, excepto el agradable fresquito con que reanudaron el camino.

Con el sol de plano y la humedad del río, apretaba fuerte el calor y aceleramos el ritmo bordeando la orilla por una senda estrecha de abundante vegetación. Es de destacar la proliferación de palmito, la única especie autóctona de palmera en Europa.
En una suave subida llegamos pronto a las enormes tuberías de la Central hidroeléctrica de Gaucin (El Colmenar). Y a pocos metros la estación de ferrocarril. Como faltaban 45 minutos para la salida de nuestro tren, nos refrescamos en un barecito cercano que por cierto, me percaté de los excelentes y suculentos platos que allí se degustaban.

Llegó el tren, subimos y bajamos en apenas 10 minutos. En la Estación de Cortes nos hicimos una foto de grupo y nos dirigimos a nuestros coches.

No sé cómo apareció por allí un balón de fútbol. El caso es que de forma espontánea se improvisó un corro de “niños grandes” que nos deleitaron al resto con una curiosa exhibición de malabares con el balón. ¿Cómo es posible que después de tan intensa ruta haya energías aún para el fútbol? No sé si os pasará igual pero a mi hacer aquello que me apasiona no me cansa, me pone las pilas…sí, sí, llego a casa con más energía.
Una jornada preciosa, de vistas espectaculares y etapas muy variadas. Ambiente entrañable y cordial. Gracias a los coordinadores por ofrecernos la oportunidad de realizarla.

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