EL BURGO-LA FUENSANTA-PUERTO DE LA MUJER-EL BURGO por Mercedes Ruiz

Ruta: circular
Distancia: 16 km
M.I.D.E.: 2223
Desnivel: 550 m
Duración: 5:30 h
Coordinadores: Pepe Morgado y Alfonso Piñero.
Fotos: J.L. Ferrete y Pepe López

El domingo 15 de enero 2017 viajamos hasta el Parque Natural Sierra de las Nieves, un paraje con gran riqueza floral y animal, declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, que cuenta con una gran red de caminos que permiten el disfrute del senderismo. En la venta Los Molinos en Algodonales, nos reunimos un total de 24 personas para desayunar. La mañana se anuncia fría, sin embargo el cielo despejado de nubes presagia una magnífica jornada de paseo por la sierra.

Alrededor de la 10 de la mañana llegamos a El Burgo, una pequeña población de casas blancas salpicada de vestigios históricos. Aparcamos los coches, unos delante de una fábrica de muebles, otros en las inmediaciones de una gasolinera. Me siento en un banco de hierro en un pequeño parque público para calzarme las botas y me doy cuenta que tengo los pies congelados. Esa sensación térmica durará poco porque sé que nos aguarda una buena subida.

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A las 10:25 empezamos a andar. Desde el mismo cruce, tomamos la carretera A-366 en dirección a Yunquera. Cruzamos por un puente sobre el río de El Burgo o río Turón y unos metros más adelante, dejamos la carretera para adentrarnos por un camino que nos lleva hasta el área recreativa de La Fuensanta. Los paneles indican el principio de dos senderos: uno, que conduce al Puerto de la Mujer y otro, el nuestro, que llega a La Fuensanta, una de las principales entradas al Parque Natural Sierra de las Nieves.

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Empezamos a subir un fuerte repecho y seguimos por una pista forestal paralela al arroyo de la Fuensanta. Mientras ascendemos por el Puerto de los Lobos, nuestro amigo Ricardo se arranca con unos villancicos de la tierra. Sonreímos, contagiados por su entusiasmo. Poco a poco, vemos como cambia el paisaje; dejamos atrás las huertas aledañas al pueblo y los olivares para contemplar extensiones de pinos de repoblación. Nuestro compañero y coordinador, Pepe Morgado, nos instruye sobre el hecho de que, en los años 60, la sierra estaba muy degrada debido a la actuación del ganado, el gobierno de la época favoreció la reforestación de pinos dando trabajo, de este modo, a numerosos españoles. Nos hace partícipe de esta reflexión: “Solemos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando nos referimos al monte, nunca es así.”

Antes de llegar al área recreativa, nos paseamos entre sauces, fresnos y álamos. En las zonas de umbría, la luz apenas traspasa los árboles con formas fantasmagóricas. Las huellas del invierno se hacen notar y la tierra seca ya está pidiendo que llueva. Los bosques son un mundo donde parece que las cosas humanas desaparecen. Tal vez sea por eso que siento la necesidad de retornar a ellos de vez en cuando, para reconectarme.

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Ya hemos hecho cerca de 3 kilómetros cuando llegamos al cortijo de la Fuensanta donde se ha habilitado un área recreativa. El antiguo molino aceitero reconvertido en refugio todavía mantiene el patio donde han dispuesto unos rudimentarios servicios, el entramado de acequias y canales donde discurre el arroyo y la alberca que recoge las aguas del manantial. Allí hacemos una parada para reagruparnos y tomar una fruta y un trago de agua.

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Unos minutos más tarde, nos ponemos de nuevo en camino siguiendo el arroyo por una pista hasta llegar a un cruceiro de piedra. En este punto, el camino se divide en dos: si seguimos de frente llegamos hasta los Sauces, una zona de acampada donde se inician varios senderos por la sierra; nosotros, vamos subiendo progresivamente hacia el Puerto de la Mujer.

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A las dos de la tarde, llegamos al Puerto de la Mujer. Desde allí, divisamos el Cerro del Carramolo del Queso. Solo pensar en la comida, mi estómago inicia una sinfonía distorsionada. Seguimos por un cortafuego hasta llegar a un promontorio donde nos instalamos para almorzar. Algunos incrédulos quieren quedarse más abajo pero consigo convencerlos de que no lo hagan. El esfuerzo merece la pena; la panorámica, desde arriba, es todo un privilegio para los sentidos.

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Media hora más tarde, después de repartir unos bombones, desandamos el camino hacia abajo hasta el Puerto de la Mujer donde nos hacemos la foto de grupo. Luego, iniciamos un descenso cruzando la cañada del la Rozuela y dejando a un lado la Rosa del Escribano hasta llegar a la Hoya del Manco. Más adelante, el camino enlaza con el de ida hasta llegar a El Burgo.

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Finalmente, después de tomar café todos juntos, algunos queremos ver el mirador del Guarda Forestal que representa la estatua de un guarda mostrando a un niño la belleza que encierra toda la serranía, simbolizando el legado que dejaremos a las generaciones futuras. Situado a 900m sobre el nivel del mar, se puede ver unas magníficas vistas de la Sierra de Ronda, del Peñón de los Enamorados y del valle de Lifa. Antes de despedirnos, felicitamos a Pepe y Alfonso por su buena labor como coordinadores. ¡Hay que ser agradecidos con las personas que nos hacen disfrutar tanto y que trabajan para hacer un club cada vez mejor!

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