SIERRA DEL CASTILLÓN

Con temperaturas  muy bajas  amanece el domingo 11 de Enero.  Nos vamos hasta Cuevas del Becerro, pequeño municipio malagueño. Tiene unos dos mil habitantes y sobre él se conservan pocos datos históricos, entre ellos  el que recoge la fecha de su conquista por Alfonso XI de Castilla en el año 1330, durante  su segunda campaña contra los musulmanes. Se trata hoy de subir hasta la Sierra del Castillón. Desayunamos en La Piedra de Montellano. La tranquilidad de la venta se ve turbada por nuestra llegada. ¡Somos cuarenta y siete!. Cumplida la liturgia del desayuno : café, tostadas, ¡ no, medio mollete y una rebanada ! ¿qué le pone?, el cortado que sea con sacarina, pásame el aceite, un vaso de agua por favor, ¿se cobra?, ¿no tiene un billete más pequeño? …Seguimos camino hacia Ronda. Los campos helados se suceden a los lados de la carretera  mientras  las temperaturas  oscilan alrededor de los cero grados. En Ronda tomamos la carretera en dirección a Campillos . A unos 20Km está Cuevas del Becerro. Aparcamos al lado de la gasolinera y comenzamos a caminar.

A la salida del pueblo los aceituneros se afanan  en  su trabajo. Antes mulos, sacos para las aceitunas y varas de castaño para varear. Hoy todo-terrenos y vibradoras que ,entre el ruido y el meneo que les dan, a buen seguro  acaban de despertar a los viejos olivos que, a hora tan temprana, todavía andan en la tarea de desperezarse. Un aceitunero mira, entre curioso y sorprendido ,nuestra procesión : gorros de lana en  vez de capirotes, bufandas por antifaces y bastones por cirios . Recordando a aquel famoso torero puede que esté pensando  aquello de “¡Hay gente pa to!” que contestó cuando al preguntar por el oficio de Ortega y Gasset le  dijeron que era “pensador” . El camino trascurre en suave pendiente a resguardo de los farallones rocosos de la sierra y el grupo  se vuelve a veces larga fila que luego se rompe y más tarde vuelve a recomponerse. Dejamos los olivares entre los que vemos algún pinsapo que reivindica sus antiguos territorios y acometemos una subida un poco más empinada por una depresión que se abre entre las Sierras del Castillejo y del Castillón.

Enseguida entramos en calor y empieza a sobrar ropa. Poco a poco vamos ganando altura hasta que, caminando por lapiaces  bastante erosionados  llegamos a la  modesta cima. Nos asomamos a los cortados que hacen de límite entre la sierra y las tierras de labor. Cuando todo el grupo ya está arriba nos hacemos las fotos correspondientes.
Luego una parte decide pedrusquear un poco por las crestas y los demás bajamos por el mismo camino hasta retomar el sendero que rodea  la sierra. Los lirios florecidos se resguardan  como pueden del frío y nosotros andamos durante un rato por la antigua carretera de Ronda  , ya sólo de uso agrícola. Fuera  ya del alquitrán cruzamos arroyos  a los que, sin habernos hecho nada, agujereamos con la punta de los bastones para comprobar el grosor de los cristales de hielo.
Llegamos a una cadena y nos internamos por medio de las “hilás” que forman,  disciplinados, los viejos olivos. Se les ve algo inquietos y manotean  moviendo sus tallos al compás de la brisa. Esperan que el violento frenesí de las vibradoras les saque de su plácida  monotonía y los descarguen de las aceitunas que, maduras, cuelgan de los tallos para delicias de los zorzales.
Continuamos por caminos agrícolas embarrados  por las recientes lluvias y dejamos a la derecha un pozo de blanco brocal lleno hasta arriba. El agua se derrama  sin prisas y   un poco más adelante se hiela. Tiene el aspecto de  aquellos ríos  que hechos  con  el “orillo”  que envolvía las tabletas de chocolate, serpenteaban por los belenes. Tomamos ahora una pista que desciende en busca del pueblo. Poco antes de la entrada  nos reencontramos  con el grupo que subió a  pedrusquear y paramos en  el Área Recreativa del Nacimiento. Hay árboles, acequias, bancos, mesas…el lugar es agradable.

Allí nace el río Carrizal  tributario del Guadalteba. Echamos un vistazo a los carteles informativos que hablan de los restos de un poblado neolítico y de los “resbalaeros”, grandes losas lisas, pero no laxas, que si estuvieran en Portugal serían lusas. Eran usadas como toboganes por la chiquillería  cuando  todavía se navegaba por las calles  en vez del ciberespacio y se quedaba en las plazas y parques y no en los “mesenyers” y los “tuentis” .
Oyendo el  murmullo del agua que baja por las acequias llega la hora de descargar las mochilas del peso de las viandas.
En un rato el sol se pone detrás del cerro y de nuevo empieza a hacer frío. Tras la comida un café y  nos vamos hasta los coches. En la diáspora  subsiguiente  se deshizo la procesión y, cada cual tiró  por donde mejor le convino. Por cierto, en la mencionada procesión, Joaquín  ejerció de portador de la cruz de guía y Rufino  fue de penitencia tras el paso-palio.

© Ateku-09

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