EL TERRIL por Curro Caro

Fecha: 22 de enero 2017
Distancia: 6,63 km.
Hora de inicio: 10,20
Hora de llegada: 14,35
M.I.D.E.: 2122
Coordinadores: Antonio Bueno y Pepe López
Fotos: J.L. Ferrete y Pepe López

Como tantas mañanas de domingo, me preparo para hacer la ruta que el club tiene en su programa de actividades. Hoy nos espera el Terril. Se encuentra en la Sierra del Tablón y es el punto más elevado de la provincia de Sevilla. El Terril (1129 mts.) está separado del Peñón de Algámitas (1121 mts.) por el Puerto del Zamorano y delimita los términos municipales de Pruna y Algámitas.

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El despertador suena y es hora de levantarse. Como cada día que salgo de ruta estoy algo nervioso. Consulto la predicción del tiempo a través del móvil y me dice que nos espera un día soleado. He quedado con unos compañeros para irnos en el coche hasta la venta El Armijo que se ubica en la carretera que va de Morón de la Frontera a Pruna. Seguimos las indicaciones que nos han dado: “Cuando llegues a Morón y veas el gallo gira hacia la izquierda”. Hasta ahí todo bien, pero el dato que tenemos no coincide con la ubicación de dicha venta y nos pasamos de largo. Nos volvemos hasta localizarla. Una vez sentados al calor de la chimenea, charlamos animadamente mientras van apareciendo el resto de los compañeros. Los saludos y otros gestos de franca amistad vuelven a aparecer como cada jornada que nos disponemos a abordar una ruta. Este momento para mí es muy placentero, el ambiente es grato y me satisface tener tantos amigos.

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En la carretera SE-9225 que va desde Pruna a Algámitas, en el kilómetro 8, aparcamos los coches en una explanada. Después de cambiarnos de calzado, echamos una ojeada al entorno. Cambiamos impresiones sobre el tiempo: la mañana aunque fría presagia un día estupendo. Mochila a la espalda, los 39 componentes de la expedición nos ponemos en camino. A unos 250 m, a la derecha, empieza el sendero que nos llevará al Terril. Se inicia el ascenso por una vereda que exige esfuerzo ya que es de una pendiente importante. Llegamos a un pequeño collado donde se encuentra un pluviómetro, desde allí, divisamos los coches y también un autobús cuyos ocupantes nos acompañarán más tarde en nuestro ascenso.

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A continuación, seguimos subiendo hasta un segundo collado. La zona es bastante pedregosa y está desprovista de árboles debido a un fuego producido años atrás. El pastoreo es muy importante en la zona, así que no se consigue recuperar la vegetación, aunque yo he oído decir, alguna vez, que las cabras y ovejas limpian el campo y esta acción impide que se produzcan los incendios (¿Quién fue antes: la gallina o el huevo?) Mientras subimos, observamos que se está cumpliendo el pronóstico del día. Tenemos asegurado un día de total disfrute en pura naturaleza. Contemplamos magníficas vistas del Lagarín y Las Grajas. Al fondo el Simancón y el Reloj de la Sierra del Endrinal, San Cristóbal y por encima de todos, El Torreón en la Sierra del Pinar. Más cerca, se divisan el castillo de Pruna y Olvera. Desde este punto, se distingue la crestería que queda más arriba y que será nuestro camino de regreso. Por esta parte de la ladera, hay muchos lirios morados que algunos fotografían. Atrás queda en la lejanía El Aljibe, La sierra del Endrinal, Pruna, Olvera y Zahara de la Sierra, la sierra de Líjar y allá Algodonales. El sendero se ensancha bordeando el Cerro de la Ventana. Al fondo, ya vemos el Cerro del Terril o “Monigote”.

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Poco después, llegamos a la cima donde la nieve caída días atrás ha dejado su huella. Divisamos a los senderistas del autobús que siguen nuestros pasos. El aire es frío. Todos queremos hacernos la foto que nos recordará que una vez estuvimos en la cima y bastones en alto se hace el pasillo de honor a los compañeros que han alcanzado la cumbre por primera vez. Tomamos unas frutas, nos deshacemos de las mochilas y ahora sólo nos queda contemplar la maravilla que tenemos delante. Nunca creí que desde ahí se pudieran ver tantas cumbres: a la derecha, el Cerro de la Ventana y la crestería, a la izquierda el Peñón de Algámitas, separado de donde nos encontramos por el Puerto del Zamorano.

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Unos minutos más tarde, volvemos por la crestería. A ambos lados, divisamos La Huma, La Maroma, Sierra Nevada, Sierra del Espartero, Sierra de Lijar, Sierra de las Nieves, La Subbética Cordobesa y El Torcal de Antequera. Pasamos junto a una caseta metálica y bajamos al collado donde está el pluviómetro. Allí sacamos nuestras viandas y saciamos un poco el apetito que ya se hace notar. Es también la hora de reponer fuerza. Algunos nos resistimos a abandonar aquel lugar que, a mí me hace recordar aquellos versos de José María Gabriel y Galán: “¡Qué plácido el ambiente, qué tranquilo el paisaje, qué serena la atmosfera azulada se extendía por sobre el haz de la llanura inmensa!”.

Reiniciamos la marcha por el mismo camino. Bajando por un pequeño bosque con mucho cuidado porque el terreno es resbaladizo hasta llegar a la carretera. Nos cambiamos de calzado para así ir más cómodos en los coches que nos llevaran primero, a tomar un merecido refrigerio y después, a casa.

Cada vez que salgo a la montaña, me atrapa. Cuando, desde la cima, identifico las cumbres que he logrado subir, estas me traen aires de libertad. Me llevo en la mochila: la satisfacción de haber hecho cumbre, la alegría compartida con mis compañeros, la imagen que todo caminante encuentra en la montaña, ¡ah!… y las botas llenas de barro.

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