CERRO CASCAJARES-PEÑÓN DEL ROBLEDAL por Mercedes Ruiz

Ruta circular y lineal
M.I.D.E.: 2233
Desnivel acumulado: 640 m.
Distancia: 13,30 km.
Tiempo recorrido: 5 h.
Fotos: Pepe Morgado y Pepe López.

El martes 28 de febrero 2017, día de Andalucía, 28 senderistas nos dirigimos al P.N. Sierra de las Nieves para hacer una bonita ruta de media montaña que demuestra que todos somos capaces de coronar cimas aunque sea a un ritmo más lento. Hoy doble estreno: Curro Caro y Ricardo de Ruz hacen su primera ruta como coordinadores y también viene una pareja nueva de senderistas.

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El Cerro Cascajares (1416 m.) o Las Cascajeras (así llamado porque se trata de dos cerros gemelos, uno más alto que otro) está situado en la Sierra Blanca de Igualeja, con el Peñón del Robledal se encuadran en un interesante entorno forestal, geológico y paisajístico. Existe un contraste muy evidente entre las zonas de piedra caliza y matorral donde se ubica el Cerro Cascajares y las zonas más frondosas de bosques, de tierra roja, del Peñón del Robledal, así como las explotaciones mineras a cielo abierto con canteras de mármol y minas de magnetita y peridotita. Asimismo, podemos considerar esta ruta bastante completa porque no solo hacemos deporte y disfrutamos de la naturaleza, sino que también aprendemos de los compañeros más eruditos.

Procedentes de Ronda, por la carretera que va a San Pedro de Alcántara y pasando el desvío de Igualeja, nos encontramos de frente un cártel que anuncia la entrada al Parque Natural Sierra de la Nieves. Nos desviamos a la izquierda por un camino al principio asfaltado y luego de tierra que nos lleva a los Quejigales. En el primer aparcamiento, más amplio que los demás, dejamos los coches. Curro, nuestro coordinador, nos informa que en la siguiente explanada hay bastante barro, así que iniciamos nuestra ruta desde este punto.

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Al salir del coche, noto una rasca que me obliga a ponerme el cortavientos, una sensación que no me desagrada a pesar de lo desapacible del día. Después de colocarnos las botas y las mochilas, regular los bastones, ya estamos preparados para iniciar nuestra ruta. Los coordinadores marcan un ritmo tranquilo para que el grupo no se extienda demasiado.

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Seguimos. a nuestra derecha, por el Camino de Marbella, paralelo al arroyo de la Fuenfría, dejando a un lado el Camino de Tolox que sube al refugio de los Quejigales. Pasamos por el Descansadero-Abrevadero donde se puede ver numerosas construcciones derruidas que pertenecen a un antiguo cuartel de la Guardia Civil. A nuestra derecha, pasamos el Cerro de los Madroñales (1129 m.) y los Blanquizales y los Helechales, a nuestra izquierda. Seguimos adelante hasta coger un desvío a la derecha por un camino de servidumbre que nos lleva hasta las Minas del Robledal.

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A la altura de las Minas de peridotita y magnetita, cuatro senderistas nos salimos un momento del camino marcado para subir y luego bajar hacia la cantera a recoger alguna piedra de recuerdo. “Trae alguna para mí” oigo desde atrás. Como conocedores de estos minerales, Gregorio y Quino me enseñan a reconocerlos. Vemos piedras negras y azuladas que brillan al sol, otras salpicadas de betas amarillas. Me quedo con una pequeña peridotita densa y de color oscuro que encuentra Gregorio y algunas pequeñas para mis compañeros. Pronto nos reunimos con el grupo. Ricardo bromea con las propiedades culinarias de estas piedras ricas en hierro. ¡Algunos hasta se lo creen!

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Seguimos nuestro camino hacia el Puerto del Robledal. Desde arriba distinguimos una gran cantera todavía en activo y una balsa. Las laderas de la montaña están tapizadas de helechos secos de un tono rojizo en esta época. Desde el Puerto del Robledal (1299 m.) vemos unas magníficas vistas de Sierra Bermeja. Debajo de un mar de nubes, diminutos, se avista el Peñón de Gibraltar y el mar mediterráneo. Queremos quedarnos más tiempo contemplando el paisaje, pero el viento nos lo impide, así que proseguimos nuestro camino por un sendero que sale a nuestra derecha, rodeando el cerro calizo. Resguardados entre las rocas, nos tomamos un tentempié. El grupo se extiende y muchos sobrepasan al coordinador. En este tramo el camino no está marcado y Ricardo, que encabeza la fila, prefiere ir por la parte más baja del collado, es más fácil. Pronto, oteamos el punto geodésico del Cerro Cascajares (1416 m.). “Allí hay que ir”. Mientras vamos subiendo, a lo lejos, divisamos nuestros compañeros que progresan poco a poco, cada uno a su ritmo. La ascensión por terreno pedregoso tiene cierta dificultad y el coordinador de cola ayuda a los rezagados animándolos.

Una vez en el Cerro Cascajares disfrutamos de unas maravillosas vistas de la Sierra de Grazalema, del Valle del Genal, del Torrecilla, de las costas africanas y de Gibraltar. ¿Ha merecido la pena el esfuerzo? Todos nos miramos satisfechos de haberlo conseguido. Animados, nos hacemos, a duras penas, las correspondientes fotos individuales en el monolito y antes de la foto de grupo, cantamos el himno de Andalucía a petición de nuestro coordinador Curro. Nuestra tierra en ese momento nos brinda generosamente toda su belleza.

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Después de tomar aliento, nos decidimos a iniciar la vuelta. La bajada siempre es más fácil y rápida porque desde una posición más elevada se ve mucho mejor el camino trazado. Sin embargo, el viento nos empuja y tenemos que estar atentos para no caer. Bajamos de nuevo hacia el Puerto del Robledal. Una vez allí, progresamos en una subida constante, sin ser excesiva, hacia el Peñón del Robledal (1379 m.). Son más de las dos de la tarde y los estómagos ya hace rato que reclaman su ración de comida. En una ladera donde no sopla el viento, nos instalamos para comer mientras contemplamos el paisaje. ¡Qué bien se está! El sol, hasta ahora casi inexistente, nos regala un momento de placer. Los coordinadores no se levantan y yo ya me coloco la mochila. Una media hora más tarde, algunos compañeros inician la marcha, pero Ricardo reparte unos chupitos con un licor riquísimo y unas pastas. Algunos disfrutamos un momento más de relax.

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Unos minutos después, vamos bajando, a la vez que charlamos. Seguimos un sendero relativamente marcado que nos conduce al Puerto de los Realejos, donde divisamos desde lejos un camión que utilizan para el mantenimiento del bosque y montones de troncos apilados. Seguimos el arroyo del Realejo hacia el Descansadero-Abrevadero de la Fuenfría. A pocos metros de allí, se encuentra el Cortijo de la Fuenfría, lugar donde ocurrió un suceso dramático en 1932. El bandolero, Francisco Flores Arrocha y su sobrino Pedro Flores Jiménez mataron a Salvador Becerra y varios miembros de su familia porque había comprado una finca que Francisco Flores deseaba adquirir. Ese mismo año, el proscrito murió en una emboscada a manos de la Guardia Civil. Pedro Flores fue herido, pero consiguió escapar convirtiéndose en bandolero. Cuando estalló la Guerra Civil, se hizo jefe de las Milicias Populares de Igualeja. Salvó al cura del pueblo y varias personas de derechas, hasta protegió la reliquia de la mano de Santa Teresa, pero esto no impidió que fuera fusilado en 1937, después de que lo convencieran, esas mismas personas que salvó, para que se entregara. Esta serranía está llena de historias como esta que aunque dramáticas, nos hablan de algo más que de la belleza de los lugares.

Finalmente, volvemos por el camino de ida, el de Marbella hasta el aparcamiento con un buen sabor de boca. ¿Será del licorcito y de las pastas de Ricardo?

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