TRAVESÍA PICACHO-ALJIBE, ALCALÁ DE LOS GAZULES (CÁDIZ)

Hoy, sábado 23 de mayo, la ruta prevista para el Grupo de Montaña del club era la Travesía Picacho-Aljibe, en el Parque Natural de Los Alcornocales, dentro del término municipal de Alcalá de los Gazules (Cádiz). Las previsiones del tiempo no eran muy buenas, con posibilidad de lluvias y tormentas, pero, al final, salvo un chubasco pasajero, resultó un espléndido día de montaña para los siete socios y una socia que nos dimos cita para esta ruta.

Salimos a las siete de Dos Hermanas y desayunamos a las ocho en el Hostal Santa Ana de El Cuervo, justo casi en el límite de las provincias de Sevilla y Cádiz. Seguimos para Jerez de la Frontera donde tomamos la A-381 que va Los Barrios y Algeciras. Cuando llegamos a la altura de Alcalá de los Gazules nos salimos hacia el centro de esta población y seguimos en dirección al Puerto de Gáliz. A pocos kilómetros, pero con muchas curvas, llegamos al Aula de la Naturaleza, y unos 150 m después aparcamos junto al Área Recreativa del Picacho, no había nadie todavía. Nuestro primer objetivo lo teníamos delante, el Picacho de 882 m, aunque la cima estaba oculta por las nubes.

Empezamos a caminar a las 9,45 pasando una portilla que hay al otro lado de la carretera. Allí empiezan tres senderos, el de la Garganta de Puerto Oscuro, de 1.200 m de rocorrido libre, y los del Picacho y Aljibe que sí requieren permiso.

Empezamos a subir suavemente por un alcornocal, el sendero está muy bien señalizado con postes y flechas metálicas.

En pocos minutos llegamos a la pequeña Laguna del Picacho que tiene agua, aunque muy cubierta de plantas acuáticas, en verano se seca. Esta laguna es muy importante por el aporte de agua a los animales de la zona y por su biodiversidad (anfibios, reptiles, insectos y plantas acuáticas).

Muy cerca hay un antiguo horno de pan, donde se cocían antiguamente las teleras de 2 o 3 kilos que aguantaban toda la semana. Eran otros tiempos.

Poco después dejamos la bifurcación del sendero de la Garganta de Puerto Oscuro, que gira a la izquierda, y  cruzamos el arroyo, tributario del río Barbate, por un puentecillo de madera.

En las orillas de la Garganta de Puerto Oscuro hay un bonito bosque de ribera donde abundan principalmente los alisos, acompañados de algunos quejigos y almeces, además de adelfas… Poco después tenemos que pasar por una incómoda portilla para cruzar una valla. No será la única del día.

Ya vemos al Picacho en toda su plenitud una vez que las nubes han dejado libre su cima.

Nos encontramos un cartel donde se habla de los hornos de carbón, que por aquí llaman alfanjes, otros de los oficios tradicionales hoy desaparecidos.

Llegamos a una carreterilla cerrada al tráfico (salvo a los ciclistas) que tenemos que cruzar si queremos subir al Picacho. Se puede subir al Aljibe por una pista forestal sin pasar por el Picacho, para ello habrá que seguir subiendo por la carreterilla unos cientos de metros hasta el Refugio del Picacho. Nosotros seguimos de frente.

Vamos por un alcornocal donde se aprecia la huella humana en la “pela” de su corteza para su uso industrial. Ese hecho ocurre en verano cada nueve años, tiempo que el árbol tarda en recuperarse. Hace un calor bochornoso, principalmente debido a la humedad.

Y ahora nos encontramos con una de las maravillas del parque en el mes de mayo, los rododendros en flor. Aprovechando la humedad de las pequeñas gargantas (aquí llamada canutos) que forman los riachuelos que bajan del Picacho, crecen los rododendros, alcanzando un porte arbóreo en algunos lugares.

Las flores del rododendro son de una gran belleza; por aquí llaman a estas plantas ojaranzos o revientamulas, ya que tienen un alcaloide venenoso para el ganado.

Hacemos un pequeño descanso antes de atacar las rampas más empinadas que nos irán llevando al Puerto de las Calabazas, desde allí nos desviaremos a la izquierda para subir al Picacho.

Subimos pisando las areniscas típicas de la zona y vamos dejando abajo el alcronocal para entrar en un pinar. Un mirador donde hay un banco y un cartel nos permite un pequeño descanso y ver el Aula de la Naturaleza y la carretera muy abajo.

Llegamos al Puerto de las Calabazas y allí incluso los pinos desaparecen dejando paso al matorral formado por brezos, jaras, jaguarzos, etc. Localmente se conoce a esta zona como “herrizas”. Si se presta atención se puede ver una pequeña planta carnívora llamada atrapamoscas.

El senderillo nos va llevando hacia unas lajas de roca donde está la cima del Picacho, a nuestra derecha un pequeño bosquecillo de encinas crece achaparrado al abrigo de las rocas para soportar mejor los fuertes vientos que abundan en esta zona, y que hoy tenemos la suerte de no “disfrutar”.

Llevamos una marcha relajada y da tiempo para hacer fotos a las flores que nos vamos encontrando, como este bello lirio.

Hace un ratillo que ha empezado a lloviznar, algunos sacan ya el chubasquero en previsión de que arrecie la lluvia, cosa que parece probable porque vemos, al fondo, la loma del Aljibe totalmente cubierto por las nubes que vienen subiendo desde abajo rápidamente.

Llegamos a la parte más peliaguda de esta ascensión por la incilincación de las paredes de roca, de hasta 40º, pero si seguimos el sendero marcado no tendremos mucho problema en llegar arriba haciendo las revueltas necesarias.

En pocos minutos llegamos a la pequeña planicie que corona el Picacho, a 882 m de altura. No hay vértice geodésico. Hemos tardado una hora y media en superar los 500 m justos de desnivel que hay desde el aparcamiento. Los buitres planaeban majestuosamente por encima de nuestras cabezas.

Nos hacemos la foto de grupo antes de que empiece a descargar en serio, ya que nos estamos viendo rodeados por las nubes.

Alguna foto rápida antes de que no se pueda ver nada y a colocarse los chubasqueros que empieza a llover. Ya veremos si podemos llegar al Aljibe.

Empezamos a bajar cuidando de no resbalar ahora que las rocas estan mojadas; afortunadamente las areniscas no son las peores para caminar por ellas cuando están húmedas.

Poco antes del Puerto de las Calabazas nos encontramos con otro grupo que viene hoy al Picacho, son mis compañeros de trabajo, su salida mensual ha coincidico con la nuestra. Charo va con ellos, y yo, como soy coordinador (junto con Rufino), voy con el club. Ellos sólo van al Picacho y luego a comer a la famosa Venta Patrite, junto al camping de Alcalá de los Gazules.

Les dejamos que suban los últimos metros antes de que el tiempo empeore más, y nosotros, en el Puerto de las Calabazas, decidimos seguir un poco a ver si abre, si no, tendremos que dar la vuelta. Vamos por un sendero entre el límite del pinar y las lajas de roca de la cresta. Este sendero ya está mucho menos marcado.

El aguacero parece que dura poco y empieza a abrirse el cielo, podemos mirar para atrás y ver por un momento al otro grupo que ha coronado el Picacho.

Vamos por encima de los 900 m y lo que abunda es el matorral, los pinos han quedado un poco más abajo metidos en las nubes, tienen un aspecto fantasmagórico. Antonio va el último y no deja de sacar fotos.

Como el tiempo parece que mejora decidimos seguir, ya que hemos encontrado en la cresta la valla que hace de límite provincial entre Málaga y Cádiz; sólo tendremos que seguirla un par de kilómetros para que nos lleve al Aljibe según el GPS de Juan.

Cuando ya vemos cercana la loma del Aljibe tenemos que bajar un poco y meternos por un alcornocal con los troncos cubiertos de musgo, también abundan los madroños.

Muy cerca tenemos unas rocas separadas por una pequeña vaguada, no es la cumbre, todavía queda a unos cuatrocientos más a la derecha, y no se ve desde aquí.

Pasamos una valla cinegética por una puerta y ahora tenemos que seguir en diagonal a la derecha, siguiendo esta valla y bajando un poco para atravesar la vaguada que vimos antes. Pasamos una pista, dos puertas más y un pequeño bosquecillo de robles melojos. Vemos unas rocas en la loma, pero tampoco es la cumbre.

Hasta que no llegamos justo a lo alto de la loma no vemos las rocas que tienen la llamada “pilita de la reina” a la izquierda, y el peñasco con el vértice geodésico (roto) del Aljibe a la derecha. Hay un grupo de personas en lo alto, seguro que habrán subido desde La Sauceda.

Conforme vamos llegando nos encaramamos primero a la Pilita de la Reina para ver el sepulcro altomedieval que hay excavado en lo alto. Según la tradición local, la reina Isabel se bañó aquí por última vez antes de conquistar Granada, algo bastante increíble. Es más probable que aquí hubiera un eremitorio.

Desde la Pilita de la Reina saco una foto del peñasco del Aljibe, donde sólo queda la peana del vértice geodésico roto cerca de su base, no sabemos si por un rayo o por la furia humana. El Aljibe tiene 1.091 m, y es la cima más alta del Parque Natural de Los Alcornocales, es por eso que los días que sopla el viento de levante sea muy penoso subir hasta aquí, y los pocos árboles tengan un aspecto achaparrado y retorcido.

Bajamos y nos vamos hacia el peñasco del Aljibe para hacernos otra foto de grupo en lo alto, allí nos encontramos con otro pequeño grupo que ya baja para hacer el camino de vuelta hacia La Sauceda, dicen que nos conocen de Internet.

Después de hacernos la foto de grupo nos vamos junto a las rocas de la Pilita de la Reina para comernos los bocadillos, es la una y media de la tarde. Entre el Picacho y el Aljibe hay 200 m de desnivel, pero con las subidas y las bajadas por lo menos hemos acumulado el doble.

El chubasco ha refrescado la atmósfera, también estamos más altos, así que, aunque no llueve no nos quitamos los chubasqueros. El tiempo aguanta y empieza a despejarse, por lo que tenemos hermosas vistas hacia el Sur de la parte baja de Los Alcornocales; destacan los embalses que abundan por la zona.

Pasadas las dos decidimos hacer la bajada por la pista para que nos salga así una circular. Tranquilamente y en animada charla emprendemos el regreso.

Poniendo el zoom le hago una foto al Pico del Montero, inconfundible por tener unas instalaciones militares en su cumbre. A la izquierda de la imagen se ve un poco del Peñón de Gibraltar.

Aunque hay algunas nubes negras, el cielo, en general, está bastante despejado y podemos recrearnos con la visión completa del Picacho donde hemos estado unas horas antes.

La pista sigue bajando por un bosque de alcornoques, en un punto se acerca a un canuto y podemos disfrutar otra vez de los rododendros en flor, hay ejemplares que alcanzan los cinco metros de altura.

Poco a poco, y haciendo las revueltas de la pista, descendemos bastante cómodamente y cada vez tenemos que levantar más la cabeza para ver la cumbre del Picacho.

Llegamos al Refugio del Picacho (cerrado) y bebemos en la fuente que hay en una pequeña explanada a nuestra izquierda, allí nos reagrupamos y seguimos bajando por una carreterilla asfaltada unos cientos de metros hasta enlazar con el sendero de subida de por la mañana. En los claros del bosque (aquí llamados “bujeos”) pastan las vacas y unos burros.

En el cruce con el senderito de la Garganta de Puerto Oscuro nos metemos por la derecha y vamos unos minutos por la orilla del arroyo entre espesa vegetación.

Salimos a la Laguna del Picacho, esta vez por la derecha, y en diez minutos estamos en el aparcamiento (ahora lleno) dando la ruta por terminada a las cuatro menos cuarto de la tarde.

Han sido, 16 km, 700 metros lineales de subida (aunque acumulados cerca de mil) en seis horas con paradas incluidas.
Todavía nos dio tiempo de ir a tomar café en la Venta Patrite con el grupo de compañeros que subió al Picacho.

J.P.A.

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