SEGUNDA VISITA AL CERRO DEL CABALLO AGOSTO DE 2009

por Alfonso Piñero Alcón

Como lo prometido es deuda os voy a narrar la segunda visita que hicimos este verano al Cerro del Caballo. El lunes 10 de Agosto, cuatro compañeros, Elías, Pepe López, Concha Cabezuelo y el que esto escribe, Alfonso, nos fuimos a Sierra Nevada para emprender esta nueva ruta del Caballo por Hoyo de la Mora.

Después de desayunar en el área de servicio de Abades La Roda de Andalucía, continuamos nuestro camino hacia Granada y después hacia Hoyo de la Mora. Alli llegamos a las 10 de la mañana e inmediatamente nos pusimos en camino. El tiempo era fresco como suele suceder en zona tan alta. Después de pasar cerca del monumento a la virgen seguimos por Borreguiles. Cruzamos la explanada y finalmente llegamos al Puerto de las Yeguas, donde nos tomamos una foto para grabarlo en el recuerdo.

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Después continuamos hacia la Laguna del mismo nombre donde hicimos el primer descanso.  Eran las 11,30. Tomamos algo de beber y de comer. Pepe nos invitó a frutos secos que nos vino muy bien para reponer calorías.

Después del descanso, seguimos nuestro camino y llegamos a los Lagunillos de la Virgen que estaban cubiertos de nieve ¡ Nieve a 10 de Agosto ¡, pero claro, estamos en Sierra Nevada a cerca de 3.000 metros. Estas lenguas de nieve nos obligan a rodearlas subiendo algunos roquedos. Continuamos nuestro camino y de pronto aparecen los impresionantes Tajos de la Virgen.

- ¿Dónde está el camino?- pregunta uno de mis compañeros.

- Sólo se ve cuando estamos cerca.

Lo que sí se ve es el Fraile de Capileira, una gran roca situada en la cima de los Tajos. Según la leyenda, una vez, un fraile que habitaba en Capileira abusó de un chica de la localidad. Esta lo denunció ante las autoridades. Éste, indignado y delante del juez dijo solemnemente “Que me quede de piedra si es verdad lo que dice esta mujer”. Inmediatamente se quedó de piedra pero en lo alto de esta montaña para ejemplo de otros malandrines. Bueno, ésta es la historia tal como me la han contado.  Posiblemente habrá otras explicaciones del por qué del nombre.

Poco a poco fuimos subiendo por la tortuosa senda que corre a lo largo de los Tajos mientras a nuestra derecha se iba viendo un paisaje cada vez más majestuoso. Nos encontramos con una gran lengua de nieve que no tuvimos más remedio que cruzar ya que se interponía en nuestro camino y tratar de rodearla era muy difícil por su extensión. Bien, pues pisamos nieve a 09 de Agosto que siempre es bonito.

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Poco a poco nos fuimos aproximando al Refugio Elorrieta pero nuestra intención no era visitarlo sino tomar la dirección de El Cartujo lo que hicimos inmediatamente. Cruzamos el collado Elorrieta y  la gran plaza de lajas que media en el camino hacia la cima y llegamos un roquedo que había que cruzar si queríamos llegar a la cima. Allí encontramos a otro compañero que iba solo lo cual no es muy aconsejable en tan altas tierras pero vamos cada uno es dueño de hacer lo que le parece. Pasamos los peñascos y después de un rodeo llegamos a la cima del Cartujo que es nada más que unas piedras agrupadas, donde descansamos un poco y tomamos agua y algo de comida.

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El tiempo comenzó a cambiar. Las primeras nubes se fueron engrosando y eran cada vez más oscuras y más grandes. Partimos en dirección hacia nuestra meta andando por campos de grandes piedras.

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Las nubes eran cada vez más oscura y yo temía que nos cayera una tormenta.

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Piedra y más piedras, y anda que te anda, así era el camino. De sol ya nada, solo nubes y oscuridad.

De vez en cuando se aclaraba el paisaje un poco y podíamos ver algo del valle del  Río Lanjarón. Se veía una cima y mis compañeros me preguntaban:

- ¿Ese es el Caballo?

- No, está todavía por detrás- respondía yo sabiendo que les creaba un poco de desilusión.

Las nubes seguían pero poco a poco fuimos saliendo de ellas y por fin se vio el Caballo. Eran las tres y media. Iniciamos la subida por el sendero que serpentea por su ladera. La subida fue dura porque ya veníamos bastante cansados de andar por tantas losas de piedra. Pero la llegada a la cima nos compensó de la dureza de la subida. Como en la anterior ocasión la vista era impresionante. Hacia el sur el valle que terminaba en Lanjarón. Hacia el norte el valle subía y terminaba en el Veleta y en el Mulhacén. Al este la loma de Lanjarón y al oeste la loma de los Tres Mojones y los Alayos. Para suerte nuestra el tiempo había mejorado mucho y había sol.

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En la cima estaban dos ingleses que hablaban entre ellos. Les pedí que nos hicieran una foto a lo cual asintió uno de ellos amablemente. Habían venido desde Lanjarón. Una duda me asaltó: si Lanjarón está a 900 metros y la cima del Caballo está a 3.100 la subida de ellos ha tenido que ser mucho más dura que la nuestra. Sin embargo, a ellos se les veía frescos, por lo que supuse que habían venido en coche o todo-terreno hasta algún punto cercano.

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Después de comernos nuestros bocadillos decidimos iniciar nuestra vuelta. Eran las 5 menos cuarto y estábamos un poco atrasados, así que no podíamos perder mucho tiempo. Comenzamos la bajada hacia la Laguna del Caballo. Menos mal que esta vez no había nadie bañándose porque estas lagunas glaciares son muy delicadas, han sobrevivido a muchos siglos y cualquier cosa extraña que hagamos en ellas puede deteriorarlas para siempre.

A Elías le venía dando la lata una de sus rodillas, por lo que aflojamos un poco el paso. Buscamos una bajada hacia el valle pero no la encontrábamos hasta que vimos que Elías iba andando por un estrecho sendero que parecía que comunicaba con la Laguna de Nájera.Tomamos el camino y entonces tuvimos una de las vistas más hermosas del valle: el río Lanjarón al fondo, los prados verdes de las laderas, manchas de nieves a lo largo de todo el valle, y a un lado los salvajed Tajos Altos y al otro la loma de Lanjarón.

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Pasamos junto  a un pastor que cuidaba de un buen número de ovejas y le saludamos. Continuamos andando ya por el río porque la senda había desaparecido y entonces tuvimos que empezar a subir porque en realidad desde la cima de El Caballo habíamos bajado más de 400 metros. Poco a poco fuimos subiendo siempre acompañados por el río Lanjarón que saltaba juguetón a nuestro lado. De vez en cuando teníamos que chapotear por zonas de cesped totalmente inmersos en agua, otras veces subiamos a las rocas para evitarla y finalmente tuvimos que andar por el mismo río en una estrecha garganta. Pero también teníamos que andar por grandes manchas de nieve, siempre con el cuidado de no pisar alguna oquedad.

Eran ya las 7 y comenzaba a hacer un poco de frío. Vimos la senda de piedra que dicen se construyó para que el rey Alfonso XIII pudiera ir a cazar comodamente a lomos de caballo.

-Elías, ¿Cómo va eso?

- Aquí tirando.

Seguimos subiendo y el sol comenzaba a ponerse porque estábamos en el fondo del valle. Hacía ya algo de frío, en realidad nunca habíamos tenido calor  en ningún momento durante el día.

- ¿Dónde estará el refugio de  Peñón Colorado?
Llegamos a unos tajos y después de cruzarlo vimos en lo alto de la loma algo que se parecía al refugio de Elorrieta.

-Ya estamos cerca - dije yo para dar ánimos.

La verdad es que estábamos muy cansados pues subir el valle en el momento en que estábamos más fatigados no era la mejor idea pero había que hacerlo, nadie iba a venir por nosotros. Llegamos primero a una laguna y por fin llegamos a una segunda que era la de Lanjarón. Ya sabíamos entonces donde estábamos. Un macho de cabra montés estaba en la laguna.

- No nos embestirá ¿verdad?

Parecía que era totalmente manso pues permitió que Elias se acercara para hacerlle una foto.

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Seguimos con nuestro camino. Eran ya las siete y media y teníamos que subir la última parte hasta subir el collado Elorrieta. Fue duro, porque aparte del esfuerzo, soplaba ya un viento  bastante frío por lo que tuvimos que ponernos todo lo que llevábamos encima.

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Finalmente llegamos a la parte más alta y yo dije para dar ánimos:

- A partir de aquí todo es bajada.

Pero tampoco podíamos andar muy rápido ya que estábamos cansados. Llegamos a la gran mancha de nieve que estaba empezando a helarse. Todo el paisaje comenzaba a perder su brillo porque el sol se estaba poniendo. Cuando llegamos a los Lagunillos de la Virgen todavía había luz natura,l lo cual era muy importante ya que sin luz hubiera sido difícil de pasar con el agua, la nieve y las rocas.

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Pasamos junto a la Laguna de la Yegua casi sin mirar en la penumbra. Ibamos a paso rápido y tomamos la pista que llevaba a Borreguiles. Está haciendose de noche.  Alguien propone cortar por la explanada de Borreguiles pero yo lo rechazo “Nos romperiamos una pierna con esta oscuridad”. A lo lejos, sobre los valles se veían densas nubes que replandecían en la oscuridad y fuertes relámpagos.

Cuando llegamos a Borreguiles eran ya las 10 de la noche y todo estaba oscuro. Sólo una luz brillaba en las instalaciones. Yo saqué una pequeña linterna y Elías sacó un frontal. Pero las pilas no estaban montadas y allí en la oscuridad más con el tacto que con la vista montamos las pilas aunque no fue fácil por el tema de la polaridad.

(Un mandamiento montañero:  hay que llevar encima siempre una linterna en condiciones, no sabemos donde nos puede sorprender la noche)

Hago una propuesta ¿Y si llamamos a la Guardia Civil ? Podrían llevarnos a los coches, al fin y al cabo estamos un poco perdidos. Después de un corto debate se acuerda intentar llegar a los coches por nuestra cuenta y en caso extremo llamaríamos a la Guardia Civil.

Salimos por la carretera de Borreguiles hacia Hoya del Portillo, en la oscuridad, sin ver sólo lo que alumbran mi pequeña linterna y el frontal de Elías. Suena mi móvil. Es mi mujer:

- Sí, ya estamos saliendo en los coches. Es que nos hemos retrasado un poco -miento para no intranquilizarla.

Vamos andando con cuidado, siguiendo los desgarros y arañazos que han dejado las palas que limpian la nieve, con cuidado de no acercarnos a algún barranco.

Ha pasado más de veinte minutos. Estamos impacientes, no vemos todavía el cruce de Borreguiles. “Si no llegamos al cruce en 10 minutos deberíamos volver a Borreguiles y quedarnos allí la noche”, dice uno de nuestro compañeros.

Afortunadamente, a los 5 minutos llegamos al cruce y tenemos mucho cuidado, en plena oscuridad, de tomar la carretera de la izquierda, pero no estamos seguro del todo porque además se ha formado una niebla muy densa. Son ya casi las 11 de la noche. Vamos sabiamente dirigidos por Pepe que nos orienta perfectamente.

Giramos hacia un lado y hacia el otro, siempre tomando el camino correcto, todo en la oscuridad, con una niebla muy densa. Vemos la sombra del monumento de la Virgen, ya estamos tranquilos, vamos en en la dirección correcta. Vemos también una luz muy fuerte en la cercanía “Es el albergue militar”, digo yo.

Pero perdemos pronto la luz del albergue y empezamos a preocuparnos ¿Habremos tomado otra dirección? ¿Dónde está el dichoso albergue?.

Después de unos minutos de preocupación ¡Tachín, tachán¡ ¡Aparece el albergue a nuestro lado¡ Ya estamos cerca, unos minutos más y estamos en el aparcamiento. Hay tal oscuridad que Pepe no reconoce su propio coche. Hace frío, pero se nos había olvidado con la preocupación. Sugiero montarnos en el coche como estamos y cambiarnos en un sitio donde podamos ver. Nos montamos y nos cambiamos en el cruce del centro del Dornajo. Comemos algo. Son casi las 12 de la noche.

Después tomamos ya el camino para Sevilla. En el cruce de Chauchina nos paramos en un bar y tomamos coca-colas y cervezs. Después el camino  hacia Sevilla charlando todo el tiempo para que el conductor no se vaya a dormir. Llegamos sobre las 3 de la madrugada al punto de reunión de Sevilla. Después a nuestras casas respectivas, ducharnos y a dormir. Yo me acosté a las 4 de la madrugada. Al día siguiente ya estaba pensando en volver otra vez al Caballo. No tengo perdón.

1 comentario sobre “SEGUNDA VISITA AL CERRO DEL CABALLO AGOSTO DE 2009”

  1. jloprap dijo:

    Magnifica ruta, excelente y real narracioón.
    No estamos locos, cuando quieras volvemos al Caballo.
    Saludos

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